A propósito del fallecimiento de Beatriz Sarlo, me tomé el atrevimiento de leer algunas de sus críticas literarias, y qué mejor, difundir algunas reflexiones de dos cuentos escritos por Jorge Luis Borges.
Este texto, trata de sintetizar un ensayo literario incluido en el libro “Borges, un escritor en las orillas”, del Capítulo III-La libertad de los orilleros. Beatriz Sarlo de una manera fantástica reflexiona sobre estos relatos del maestro: Funes, el memorioso y Pierre Menard, autor del Quijote. En ese orden. Los ubica así para contraponerlos y concluir que el ingenio del erudito, da lugar a la literatura Argentina, surgida en las orillas del Río de la Plata, con la premisa de que la “literatura se compone de versiones”.
Funes posee una memoria esclavizada por experiencias directas, es decir, no hay categorías sino percepción. Puede recordar infinitamente pero es incapaz de pensar, más bien cada pensamiento que construía en su mente ya no podía borrarse. Ignora los procesos de construcción de la realidad, no hay matices, términos medios, no hay elipses, ni saltos de tiempo y espacio. El tiempo es lineal, mecánico. Hechos que se suceden.
A esto le sigue que la memoria le permite trabajar los conceptos, creando incluso un sistema numérico con representaciones: como cuando decimos quince imaginamos la niña bonita. Cuestión que para Sarlo divide irónicamente en dos grupos: la lotería clandestina y los números de los sueños. Este concepto que incluye la memoria, para Funes al recordar los números, puede permitir una predicción mecánica del futuro e incluso un mensaje del más allá. Sin embargo, para la autora, este sistema revela los problemas que hay en la traducción, porque el narrador en tercera persona de ese mismo relato, paradógicamente piensa exactamente que al traducir, se traspapela la información. Por esto, concluye que es un cuento de posibilidades (Funes) y de obstáculos (narrador), planteando que es un cuento filosófico sobre la teoría literaria, ya que el personaje Funes lleva hasta el límite los problemas de la representación del recuerdo en el discurso. Sintetizo esto último para aclarar: recuerda solo lo que dicta la memoria.
Para Sarlo, Borges planteó el problema de cómo narrar y cómo narrar en Argentina. Este problema de Funes, lo resuelve en Pierre Menard, un relato que critica el “conocimiento” que se produce en esta representación literaria. Menard, luego de traducir y trabajar en el Quijote, se encarga de escribirlo minuciosamente reflexionando sobre cada palabra. Esto lleva a afirmar a Borges que es infinitamente más rico, y al mismo tiempo idéntico. Porque de lo que trata Menard es de enriquecerlo, haciendo que los capítulos sean menos previsibles y originales. Es decir, destruye la idea de un texto fijo, inamovible y dictado por la memoria.
Esta conclusión que nos invita a realizar Menard es la premisa principal. El autor del Quijote, muestra que los textos, son reescritura de otros textos. Influencias y sentidos. En que la historia es la madre de la verdad: la historia no es lo que sucedió (como en Funes) sino que es lo que juzgamos que sucedió. Agrego que algo así planteaba Nietzsche, “la realidad no son hechos, sino solo interpretaciones”.
El sentido que le damos a la literatura es un efecto frágil que emerge de leer y escribir. Tal como concluye Beatriz Sarlo, la literatura se compone de versiones. Es por eso, que quería dejarles mi versión de este ensayo, pero a orillas del Río Paraná.








