Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

Cómo se narra: el problema de Funes y la solución de Menard por Beatriz Sarlo

 




A propósito del fallecimiento de Beatriz Sarlo, me tomé el atrevimiento de leer algunas de sus críticas literarias, y qué mejor, difundir algunas reflexiones de dos cuentos escritos por Jorge Luis Borges.


Este texto, trata de sintetizar un ensayo literario incluido en el libro “Borges, un escritor en las orillas”, del Capítulo III-La libertad de los orilleros. Beatriz Sarlo de una manera fantástica reflexiona sobre estos relatos del maestro: Funes, el memorioso y Pierre Menard, autor del Quijote. En ese orden. Los ubica así para contraponerlos y concluir que el ingenio del erudito, da lugar a la literatura Argentina, surgida en las orillas del Río de la Plata, con la premisa de que la “literatura se compone de versiones”.


Funes posee una memoria esclavizada por experiencias directas, es decir, no hay categorías sino percepción. Puede recordar infinitamente pero es incapaz de pensar, más bien cada pensamiento que construía en su mente ya no podía borrarse. Ignora los procesos de construcción de la realidad, no hay matices, términos medios, no hay elipses, ni saltos de tiempo y espacio. El tiempo es lineal, mecánico. Hechos que se suceden.


A esto le sigue que la memoria le permite trabajar los conceptos, creando incluso un sistema numérico con representaciones: como cuando decimos quince imaginamos la niña bonita. Cuestión que para Sarlo divide irónicamente en dos grupos: la lotería clandestina y los números de los sueños. Este concepto que incluye la memoria, para Funes al recordar los números, puede permitir una predicción mecánica del futuro e incluso un mensaje del más allá. Sin embargo, para la autora, este sistema revela los problemas que hay en la traducción, porque el narrador en tercera persona de ese mismo relato, paradógicamente piensa exactamente que al traducir, se traspapela la información. Por esto, concluye que es un cuento de posibilidades (Funes) y de obstáculos (narrador), planteando que es un cuento filosófico sobre la teoría literaria, ya que el personaje Funes lleva hasta el límite los problemas de la representación del recuerdo en el discurso. Sintetizo esto último para aclarar: recuerda solo lo que dicta la memoria.


Para Sarlo, Borges planteó el problema de cómo narrar y cómo narrar en Argentina. Este problema de Funes, lo resuelve en Pierre Menard, un relato que critica el “conocimiento” que se produce en esta representación literaria. Menard, luego de traducir y trabajar en el Quijote, se encarga de escribirlo minuciosamente reflexionando sobre cada palabra. Esto lleva a afirmar a Borges que es infinitamente más rico, y al mismo tiempo idéntico. Porque de lo que trata Menard es de enriquecerlo, haciendo que los capítulos sean menos previsibles y originales. Es decir, destruye la idea de un texto fijo, inamovible y dictado por la memoria.


Esta conclusión que nos invita a realizar Menard es la premisa principal. El autor del Quijote, muestra que los textos, son reescritura de otros textos. Influencias y sentidos. En que la historia es la madre de la verdad: la historia no es lo que sucedió (como en Funes) sino que es lo que juzgamos que sucedió. Agrego que algo así planteaba Nietzsche, “la realidad no son hechos, sino solo interpretaciones”.


El sentido que le damos a la literatura es un efecto frágil que emerge de leer y escribir. Tal como concluye Beatriz Sarlo, la literatura se compone de versiones. Es por eso, que quería dejarles mi versión de este ensayo, pero a orillas del Río Paraná.




Compartir:

Dieciocho meses de soledad




Gabo se encontraba en una época económicamente misérrima. Apenas le alcanzaba el dinero para comer y debía la cuota de alquiler y los impuestos, carecía de un empleo pago pero trabajaba en una obra literaria, la más importante de su vida según su criterio. La billetera estaba tan vacía que al abrirla ni siquiera encontraba su documentación. Por lo que escuché en una entrevista que le hicieron, con su compañera habían llegado a un acuerdo: ella se haría responsable de la supervivencia familiar, mientras él terminaba de escribir su obra. No podían dejar pasar la oportunidad en la que él venía escribiendo como un tren, el trasfondo de varias conversaciones dictaba que debían aprovechar ese impulso.

Mezclar veintiocho letras del alfabeto con dos de sus dedos sobre una computadora es lo que hizo durante los dieciocho meses que estuvo encerrado en su habitación personal. Desde ese momento, cientos de oraciones fueron escritas bajo diferentes circunstancias, menos cuando hacía frío.

El día en que se encontraba escribiendo sobre Rebeca, la hija adoptiva que llegaba al pueblo cargando con los huesos de sus padres, su compañera interrumpió la creatividad, aludiendo haber tocado fondo con las responsabilidades. Después de tanto tiempo, el escritor salía de la habitación, porque la economía de la familia se venía a pique. Como tenían en el garaje un auto en desuso, lo llevaron para vender a un pueblo cercano, creyendo que el dinero les alcanzaría para vivir diez años, pero solo les alcanzó para tres míseros meses.

Él siguió escribiendo, no se detuvo. Plasmaba la historia de los diecisiete hijos que el coronel concibió con diferentes mujeres de encuentros casuales en la época de las guerras. Esta pareja tenía la certeza de que la obra literaria que Gabo escribía encerrado en su habitación, pronto estaría terminada.

Llegando a la sexta generación familiar narrada en el libro, un llamado muy importante había vuelto a interrumpir su creatividad. Ella atendió y misteriosamente tapó el tubo del teléfono. En su semblante podían adivinarse los nervios y con una voz baja pero clara a la vez, le dice:

–¡Es el dueño de la casa! Nos exige el pago de la deuda de tres meses porque corremos el riesgo de quedar en la calle. ¡Tenemos que pagarle pronto! –y confiando en el criterio del escritor, le pregunta: –¿Cuánto te falta para terminar el libro?

–Alrededor de seis meses –responde muy seguro–, decile que le doy mi palabra de honor que en siete meses le saldamos la deuda completa.

Ella le respondió al dueño de la casa que no solo van a seguir debiendo esos tres meses sino que le van a deber seis meses más.

Una vez terminado el libro, fueron a una empresa de correo cercana para enviarlo a la editorial. Cuando pesaron las páginas en la balanza del lugar, quedaron sorprendidos por el inesperado precio del envío: el paquete valía ochenta y tres pesos y solo disponían de cuarenta y pico. Decidieron enviar la primera mitad pero por error enviaron la segunda. ¡Todo mal! A los pocos días, empeñaron el calentador de la habitación (era todo para él ya que le costaba escribir con frío) el secador de pelos de la familia y, aprovechando que sus hijos estaban grandes, también empeñaron la licuadora que usaban para hacerles jugos de frutas. Con la plata que juntaron fueron nuevamente al correo para enviar el resto de la obra. El empleado pesó el nuevo paquete señalando un valor de cuarenta y ocho pesos, ambos se miraron y salieron del correo con dos pesos de vuelto. Ella se puso verde y exclamó:

–¡Espero que la novela no sea mala!



*Originalmente publicado en 2017 en el Volumen 8 - Le'Croupier, Obras Colectivas, editado por Ediciones Croupier.


Compartir:

Círculo de los sueños por Manuel Rueda

 




Manuel Rueda, en su microcuento "Círculo de los Sueños", aborda la temática de la "pérdida" de un ser querido con una crudeza y sensibilidad excepcionales, condensadas en un formato breve. Como se ha dicho, y como la vida misma lo confirma, las palabras a veces no alcanzan para expresar la profundidad del dolor ante la pérdida. Es por eso que escritores de talla mundial han recurrido a la literatura para canalizar esas emociones.


Sin embargo, el concepto de "pérdida" abarca un espectro amplio: desde la pérdida de la inocencia, como en "La metamorfosis" de Franz Kafka o "Demian" de Hermann Hesse, hasta la pérdida de la identidad, como en "La casa de los espíritus" de Isabel Allende. También encontramos pérdidas históricas, como en "1984" de George Orwell o "Los miserables" de Víctor Hugo, y la pérdida de la ilusión, como en "El Aleph" de Jorge Luis Borges. La literatura ofrece un sinfín de formas de retratar la misma.


En este microcuento, la "pérdida" no se presenta como una representación simbólica de la ausencia de algo o alguien en la vida de un personaje, sino como "arrebato". En mi interpretación, el mensaje que Rueda busca transmitir es el dolor y la violencia del genocidio perpetrado durante la dictadura de Trujillo, una época marcada por la crueldad, las torturas y la muerte.


El título "Círculo de los Sueños" nos introduce a una estructura circular, donde la trama comienza y termina en el mismo punto. Esta repetición busca crear una sensación de continuidad, pero también de encierro. La palabra "sueño" juega con el lector, invitándolo a cuestionar la naturaleza de la pérdida y la realidad misma. ¿Se trata de un sueño o el protagonista está condenado a revivir el dolor de esa pérdida? ¿Los sueños, sueños son?




Compartir:

Visitas

Entrada destacada

Desquite por José Saramago

La entrada a la pubertad no ocurre en un espacio social, sino en un ciclo natural y alucinado, donde el deseo de un muchacho se encuentra co...