Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

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Soja de contrabando sin responsables: la represión es para los desposeídos




Una noticia llamativa que deja en evidencia para quienes son los palos y la represión. Gendarmería Nacional de la provincia de Santa Fe incautó siete camiones cargados con 210 toneladas de soja de contrabando que se dirigía a Salta. Los camiones circulaban con falsificación de las cartas de porte y de inspección. ¿A nombre de quién? ¿Quiénes son los responsables? ¿De dónde sale tanta cantidad de soja?


Los camioneros no fueron detenidos pero están vinculados a las causas por transportar la soja a granel en forma ilegal hacia una finca salteña en el departamento de San Martín, para ser exportada de contrabando. Lamentablemente los trabajadores quedan pegados a los negocios empresariales de unos pocos.


El problema principal de esta noticia es que no hay responsables sojeros en la mira. Las fuerzas represivas son selectivas al momento de actuar ya que días previos utilizaron toda su artillería para reprimir a mujeres y niños en las tomas de tierra en Reconquista y Capitán Bermúdez.


La pandemia, la crisis económica y el ajuste de los gobiernos llevaron a miles de familias a tomar terrenos por verse obligadas a elegir entre pagar el alquiler o comer. En medio de esta situación terrible para decenas de familias que no tienen nada, el gobierno de Omar Perotti responde con represión a los más vulnerables. No respondió de la misma manera cuando se trató de Vicentín o en este caso que no hay responsable de 210 toneladas de soja que circula de forma ilegal.

 

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Hablemos de Breaking Bad y el Walter White santafesino





Hay un caso de narcotráfico en Santa Fe que involucra a otras dos provincias: tenencia de armas y decenas de celulares, producción de calidad de clorhidrato de cocaína con planes de logística y transporte por localidades vecinas y el país. Un proyecto con pocos integrantes involucrados pero con una particularidad que lo hace especial.


En los medios de comunicación sostuvieron durante más de una semana que el líder de la banda se parece al personaje principal de la emblemática serie Breaking Bad. En primer lugar, porque al igual que Walter White, el santafesino Sergio Rubén de 55 años, es ingeniero Químico y dio clases en la Universidad Nacional del Litoral. En segundo lugar, porque distribuía cocaína en el interior de tachos de pintura, como lo hacían en la serie con tachos con mercadería que comercializaba la empresa gastronómica de la trama.


Walter White se convirtió en uno de los villanos más importante de las ficciones sobre narcotráfico de las últimas décadas. No solo porque se burló de la DEA de Estados Unidos, sino también por mostrar la construcción de un personaje que inició en el negocio de la producción y ventas de drogas asqueado por el nulo reconocimiento social de llevar una vida miserable de trabajar para subsistir con su familia sin un porvenir y la respuesta del Estado ante su enfermedad, dejando en claro que no le importa la salud de la población. El trabajo como profesor de química ni siquiera le dio un seguro médico para vivir unos años más, en una ciudad donde crecía la comercialización de drogas y aumentaba la pobreza y la violencia. Frente a esta situación asfixiante donde tenía que seguir trabajando con un diagnóstico de que iba a morirse de una enfermedad tratable, Walter White eligió ir contra toda legalidad posible creando un negocio de metanfetaminas y destapando una olla de bronca que se convirtió en ambición y poder.


Este escenario social que se refleja en la serie no es casual para la trama sino que se enmarca en la decadencia del régimen capitalista pos crisis de Lehman Brothers en 2008. Como se ve cada uno de los capítulos y temporadas, las clases medias quedaron reventadas, se profundizó la división entre blancos, latinos y negros, y se convirtieron las familias en un sálvese quien pueda. Más allá del detrás de escena, Heisenberg, la fase terminada del personaje, conquistó a millones de espectadores por ser un villano sin límites, totalmente corrompido y violento. En el caso de Sergio Rubén de 55 años, ingeniero químico de Santa Fe, los medios de comunicación buscaron asimilarlo a este personaje de ficción, para encubrir un flagelo que se vive en la provincia desde hace años.


En Santa Fe, la localidad de Rosario, ha sido catalogada por diversos medios de comunicación como la Sinaloa de Argentina, haciendo una comparación con la ciudad mexicana en la que se encuentran los carteles de distribución de drogas más peligrosos del mundo. Rosario está cargada de una violencia que irrumpe en ciudades vecinas, donde todos los días matan a un pibe soldadito para descartarlo del negocio o por gatillo fácil en manos de la policía. Esto se combina con cientos de personas que no tienen un plato de comida porque está entre los conglomerados con más desocupación en el país. Y la situación se encuentra agravada porque la policía de Santa Fe tiene complicidad con estos negocios, y se sospecha de la complicidad de personalidades del arco político, funcionarios y ex funcionarios. Pasando por empresarios, empresas y puertos.


Para no hablar del régimen podrido, la noticia que se repite y hace eco en portales, plataformas y redes sociales, es que hay un santafesino que se parece a Walter White. Qué importa todo el entramado que existe detrás del narcotráfico. ¿O será que los medios de comunicación hegemónicos también son cómplices?

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Raymundo Gleyzer: el cine como un arma revolucionaria




Hoy se cumplen 45 años del secuestro y desaparición de Raymundo Gleyzer, un cineasta de visión crítica que respondió con sus proyecciones al período oscuro de la historia de nuestro país, donde los militares sembraron terror con sus sangrientas dictaduras en América Latina. Los cineastas tomaron las cámaras en sus manos y las alzaron como puños al ascenso obrero y popular de los 70. La famosa frase “¡corte-acción!” que solemos usar en la cotidianeidad y que reflejamos en la portada de la publicación, se trasladó a barricadas en cada una de las manifestaciones. 


Para el cineasta, las creaciones audiovisuales no solo fueron producciones artísticas sino también elaboraciones para la acción anticapitalista y antiimperialista. Estas ideas y puntos de vistas se debatieron al calor de la revolución cubana y el ascenso obrero en América Latina, bajo la conclusión de empalmar al cine con la revolución.


Las discusiones políticas lo llevaron a cuestionar la conciliación de clases. Podemos poner en ejemplo citando su film “Los Traidores” donde trata la historia de un burócrata sindical peronista que, luego de un largo recorrido para el ascenso, terminó persiguiendo a activistas y delegados de los trabajadores. Como muchas otras películas, esta fue filmada en la clandestinidad para proyectarse en secreto en células partidarias y barrios populares, donde no hacían falta las butacas para sentarse porque debían estar erguidos para poder escapar rápidamente si era necesario.


Raymundo usó al cine como un gran soporte de denuncias contra el régimen mostrando al mundo los flagelos que sufrían los trabajadores y el pueblo oprimido. Describió detalladamente la explotación y muertes por condiciones de trabajo, la odiada burocracia sindical que se encargó de entregar a los trabajadores, los tentáculos del imperialismo saqueando a América Latina y la obediencia de sectores de la población al nacionalismo burgués.


Mientras la lucha armada marcó una generación militante, sus armas fueron las proyecciones audiovisuales. Desde su juventud consideró al cine como una herramienta masiva de acción política, buscando acercar las ideas de la revolución a los sectores populares, ya que al cine por aquel entonces, solo asistían las clases medias.


Sus obras no quedaron en el olvido ni las desaparecieron los militares, volvieron a proyectarse en las asambleas, piquetes y fábricas recuperadas pos crisis del 2001. Hoy viven en las universidades, las aulas de formación y en el cine independiente revolucionario.


Para cerrar, este es un fragmento extraído de la Revista Nuevo Hombre de 1974 titulado como Cine de Base: un arma revolucionaria: “el artista es un trabajador intelectual, forma parte del pueblo y necesariamente debe optar: o coloca su instrumento de trabajo al servicio de la clase obrera y el pueblo, impulsando sus luchas y el desarrollo de un proceso revolucionario; o se coloca abiertamente del lado de las clases dominantes, sirviendo como transmisor y reproductor de la ideología burguesa”.


Raymundo Gleyzer, ¡PRESENTE, AHORA Y SIEMPRE!

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Aborto legal: las falacias del Padre Pepe



 

Hoy es un día histórico para el país ya que en las calles se conquistó el aborto legal, seguro y gratuito. Me quedó un texto dando vueltas y decidí publicarlo.

 

Días previos a la Navidad, Eduardo Feinmann entrevistó para Radio Rivadavia al Padre Pepe Di Paola, cura villero avalado y protegido desde el Vaticano. Eduardo comenzó con que el aborto es un pecado. El Padre Pepe desarrolló una posición delirante diciendo “que el aborto es mirar el pesebre y pensar que no nació Jesús”; “…si hay aborto no hay Navidad…”. “Claro, Jesús no hubiera nacido”, remató Feinmann.

 

Una de las primeras evidencias empíricas sobre la práctica del aborto en la historia de la humanidad, se encuentra en el papiro Ebers redactado hace 3500 años en el antiguo Egipto. Hay otros textos de distintas épocas y culturas con información sobre la existencia de la práctica de la interrupción voluntaria del embarazo. Es decir que es un método milenario y atravesó la época escrita en la Biblia en la que transcurre la vida de Jesús. Me voy a enfocar en un pasaje.

 

En el evangelio según Lucas se anuncia el nacimiento de Jesús: “Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, a visitar a una joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, descendiente de David”. El ángel Gabriel le enuncia a la Virgen María que el Espíritu Santo vendrá sobre ella para que nazca el hijo de Dios. La joven en respuesta se plantó como una sierva del Señor y que se haga a su voluntad. El Padre Pepe fundamentó su argumento sobrenatural “de que el niño Jesús no hubiese nacido” si un médico le daba la oportunidad de interrumpir su embarazo, explicando que María era una madre soltera a la que José tardó en reconocer. Es falso porque María estaba comprometida con José cuando desciende el ángel para anunciar la noticia.

 

Independientemente de que una figura masculina convenza a María de “la voluntad de Dios” (esta es otra discusión que podríamos abrir), aceptó la maternidad y se demuestra que la misma fue deseada en muchísimos pasajes de la Biblia hasta el final de la vida de Jesús. Esto significa que el Padre Pepe aduce de manera absurda y menosprecia la “importancia” de los pasajes bíblicos que tanto predica para sostener la ilegalidad.

 

La Iglesia católica y los antiderechos argumentan sin ningún tipo de fundamento científico (ver acá) para sustentar su posición a favor del aborto clandestino. Ahora que la marea verde conquistó en las calles el aborto legal, seguro y gratuito, se vuelve fundamental continuar con la separación de la Iglesia y el Estado para quitarle de una vez por todas el poder a los dinosaurios. Viva la lucha de las mujeres.




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Cuando la realidad supera la ficción

 



En el capítulo 14 llamado “Ayuda al cocinero” de la segunda temporada de South Park, Chef reclama los derechos de autoría de la nueva canción “Calzón Sucio” de Alanis Morissette a la compañía discográfica. El capítulo es recordado por la “Defensa Chewbacca”, un término original que alcanzó una popularidad enorme en el mundo, siendo un objeto para la crítica, meme, y referencia entre el público espectador. Para los que no conocen a Chewbacca, es un personaje alto y peludo del universo ficticio de Star Wars. Seguro lo ubican, está en la portada de la publicación.

 

La defensa Chewbacca consiste, valga la redundancia, en una defensa discursiva con argumentos sin sentido con la intención de crear una confusión y desviar al jurado de la discusión central. Es una falacia para sostener un tema que nada tiene que ver con lo discutido con argumentos válidos en sí mismos. En el capítulo de South Park se satiriza el discurso del abogado de O. J. Simpson en el famoso juicio de asesinato a su esposa. El abogado de la acusación que representa a la compañía discográfica construye un relato correcto sobre una fotografía del personaje de Star Wars: raza, planeta de origen, atributos físicos, entre otras características, cuya conclusión en el juicio termina siendo que “nada de lo que dice tiene sentido” ya que nada tiene que ver con el caso. Simplemente recurrió a esa defensa para confundir al jurado. Les dejo el fragmento de South Park para que vean:



 

La semana pasada en Argentina cuando comenzó el debate por el aborto en Diputados recordé este capítulo de South Park. Como todos saben las discusiones en el Congreso se convierten en horas interminables con distintas exposiciones de funcionarios, especialistas, referentes, etc. Se escucha de todo. En la mayoría de las exposiciones de los celestes que están en contra del aborto, realizan discursos citando pasajes de la biblia y otros ejemplos totalmente delirantes como la Diputada Regidor que en 2018 comparó el aborto con “perras que quedan embarazadas”. En estos días, uno de los expositores provida, el Dr. Fernando Toller, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral finalizó su discurso citando a Gandalf del Señor de los Anillos. No hace falta aclara nada. Pueden verlo por acá:


 

La exposición del Dr. Fernando Toller corresponde a la misma falacia. La escena en la que Gandalf charló con Frodo es real, sin embargo el tema no tiene nada que ver con lo que se está discutiendo. Al contrario, es un insulto a las millones de mujeres que pelean por un derecho básico y elemental para evitar muertes.




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Futuras generaciones

 




La pandemia mostró sus dientes agravando una crisis económica y social que como un efecto dominó golpeó a millones de familias. Trabajadores en blanco de muchos años perdieron sus empleos. Trabajadores en negro disputan una changa con los anteriores. Los desocupados de siempre dan manotazos de ahogados. Del otro lado, una minoría acrecentó sus ganancias ampliando la brecha entre ricos y pobres. Leamos las historias de las futuras generaciones.


Romi es de Constitución. Varias horas por día intercambia estampitas por dinero en el Subte. Su mamá, que es la que se hizo cargo de ella y de su hermano mayor, está desocupada. Su hermano Matías no recibirá más el IFE. Tuvieron que tomar tierras para construir un hogar porque no les alcanza para pagar un alquiler. La pequeña es parte del 10% de les niñes que “trabajan”. Zafó de responsabilizarse de otros hermanitos, como pasa en otras familias, donde les niñes se convierten en adultos para llevar adelante las tareas domésticas y de consumo. Zafó de vivir en el interior, donde en los crudos campos se duplica el “trabajo” para los más pequeños. No zafó de la naturalización. Y de escolarización no hablemos.


Uli y Gael son de Nordelta. Por las mañanas participan en las clases virtual del colegio bilingüe. Durante las tardes, aburridos de la mansión que heredarán, salen a ver la Guardería Náutica en el lago del barrio, ya que falta para la temporada de Buceo y el Golf aún no lo entienden. Su papá este año no pagó las tarifas de luz sin que corran riesgo de quedarse a oscuras. Los pequeños pasan más tiempo con su papá y mamá porque ambos trabajan desde casa y las tareas domésticas las hace una piba de un barrio cercano. Los hermanitos zafaron del “trabajo” infantil.


Queda claro que en las historias de las futuras generaciones, la pandemia no es el problema sino que hay un sistema que construye estas realidades. El plato de comida y la vivienda de millones se convirtieron en un lujo. Hay que darle prioridad a la niñéz con días felices, educación y salud, y no al pago de una deuda millonaria que no nos pertenece. Hay que dar vuelta todo.

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Las cosas por su nombre





Hace más de 500 años, a través de una serie de expediciones, Cristóbal Colón tendió un puente entre dos mundos consiguiendo ríos de sangre, muertes en masas y el saqueo más grande de la historia de la humanidad. Los conquistadores titularon a este acontecimiento como el descubrimiento. Con semejante arrogancia comenzaron a llamar a las cosas por su nombre.

Los navegantes bendecidos por los reyes católicos creyeron haber desembarcado en la India. En consecuencia, ante el primer contacto con los habitantes del lugar los denominaron indios y en homenaje a un comerciarte y explorador europeo, llamaron América a las tierras desconocidas.

Desde tiempos remotos, las familias nativas de los pueblos que fueron descubiertos, se desplazaban de un sitio a otro en filas jerárquicas por diversos territorios buscando sobrevivir (sin la explotación animal y la utilización de la rueda para el traslado de pertenencias). Los más experimentados de las familias iban al frente de la comitiva para desmontar la maleza, resistir cualquier amenaza, y como principal objetivo, abrir paso a los siguientes. Así nacieron los senderos a cielo abierto en el que se trasladaban uno detrás del otro.

Ellos llamaron civilización a lo que nosotros precisamos como genocidio. Durante la evangelización las filas cobraron otra importancia, ya que esta cualidad ancestral de desplazamiento burlaban a las tropas enemigas: al transitar uno detrás del otro, el último borraba las huellas sin dejar rastros. Sin embargo, los avances técnicos mediante la brutalidad que ellos señalaron como progreso dieron vida a los caminos empedrados de la época colonial en la que desfilaban los nativos esclavizados. Al procedimiento milenario de traslado lo bautizaron como fila india y sus ecos se escuchan después de cinco siglos.

En la actualidad, Santander Río, siendo uno de los bancos españoles que acrecentó sus ganancias con la devaluación, inició un periodo de retiros voluntarios. Cuando la patronal abrió camino hacia la oficina de recursos humanos, se detuvo en la puerta y dijo: pasen en fila india.




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Noches contadas





Una noche larga como las anteriores convirtiéndose en testigo de su dificultad para dormir. El silencio fue vencido por la monótona gotera que cae en el baño, los diversos sonidos de los insectos nocturnos que venían desde afuera y las tripas de su hijo que parecían atravesar las paredes de una pieza a la otra. La luna reflejada en el interior de la habitación empujaba a las sombras hasta concentrarse en la periferia.

Días anteriores calmaba su angustia caminando lánguidamente por la casa en la búsqueda desesperada por controlar su respiración. Pero esta vez lo intentaba observando con nostalgia desde su almohada a los muebles y los objetos: la cómoda que heredó, el espejo que manifiesta la pérdida de peso de su mujer, el calendario que marca a oscuras, el reloj que rompió con la idea de olvidase de la hora y el cuadro de su familia colgado en la pared donde escasea la humedad. El recorrido visual de las pertenencias por un lado le provocaba insomnio y por el otro una especie de llanto contenido. Los pensamientos lo acorralaban en un laberinto de cuestiones que no dependen de sí mismo. Parecía encantado, sometido contra su voluntad.

Su estabilidad se desvanecía en noches sin descanso. Cada atardecer le presentaba, como un callejón sin salida, la entrada al infierno de cálculos y falsos razonamientos abstractos. Incluso hasta le preocupaba saber cuántos estarían como él y cuáles serían las consecuencias. ¿Acaso el mundo es así de cruel o es un problema individual?

El día que recordó los proyectos familiares que anhelaba antes de casarse y educar a sus hijos, además de sentirse desgarrado y frustrado, bebió un vaso de licor con un puñado de pastillas que por suerte solo terminó en una intoxicación con vómitos. Momento en que se dio cuenta que el suicidio es un problema para los que quedan.

El sol demoró una eternidad en traspasar la ventana para despejar la oscuridad amenazante. Como era de suponer fue el primero en huir de la cama. Luego se asomaron de a uno en la cocina: su mujer, su hija y por último su hijo. Dejó su porción de desayuno para los pequeños, hizo un saludo general con una sonrisa fingida y como todos los días salió a buscar una changa.




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La masacre de Avellaneda




    Esta historia transcurre seis meses después de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001. ¿Las recordás? Aquí va una frase histórica: “que se vayan todos”. Aquí va una imagen popular del momento: “un helicóptero escapando de la Casa Rosada”.

    El gran saqueo del régimen que dejó a miles de familias sin un plato de comida, culminó con altos índices de desocupación, cierres de fábricas, megadevaluación y un brutal ajuste. La calidad de vida de las personas había bajado notablemente.

    Los desocupados no se quedaron con los brazos cruzados, impulsaron marchas en distintas localidades. El movimiento de desocupados “Aníbal Verón”, cuyo nombre conmemora al colectivero ejecutado por la policía salteña de la represión del año 2000, se dirigía a protestar al Puente Pueyrredón pero se encontraron con un extraordinario operativo de las fuerzas de “seguridad”. Con la participación de la Policía Federal, Policía de la Provincia, Gendarmería Nacional y Prefectura Naval, lograron un aislamiento geográfico por la frontera sur.

    El fuerte operativo policial impidió el acceso de los manifestantes a los principales puentes de ingresos de la ciudad. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, ordenó la represión y desalojo del puente Avellaneda.

    En las inmediaciones de la Estación Avellaneda se desató una fuerte represión. En el hall de la estación, cae Maximiliano Kosteki al ser baleado en el pecho con balas de plomo. Otro joven, Darío Santillán, regresa para socorrerlo, toma su mano, se conocen por fin pero también cae muerto.

    El 26 de junio de 2002, en total se hirieron a 90 personas, más de 30 con balas de pomo, 2 muertos y 150 arrestados. Hoy recordamos la fecha como la “Masacre de Avellaneda”.  Kosteki y Santillan se hicieron conocidos por millones de personas a través de este crimen de Estado. Se convirtieron en una juventud dispuesta a dar una gran pelea contra este régimen.


Eduardo Duhalde, Aníbal Fernández y Felipe Solá, son los responsables políticos que todavía gozan de impunidad.





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Sobre los docentes investigadores





    En la sociedad actual se espera que los docentes sean investigadores para fortalecer al aula como espacio de reflexión. Para pensar esta responsabilidad que se les asignan también hay que pensar de qué se trata esta lógica y situarnos en el contexto de desinversión del sistema educativo.

    El régimen de conjunto está en decadencia, atravesado por una crisis económica, política y social de dimensiones históricas. Las medidas dictadas por el FMI profundizan el vaciamiento y ajuste de la educación pública, vapuleada en mayor o menor medida por todos los gobiernos capitalistas. Por consiguiente, el capitalismo produce condiciones sociales de desigualdad y la educación cumple una función reproductora de las mismas. Esto se da bajo la naturalización ideológica que culmina en el último eslabón responsabilizando a los docentes por el rol social que ocupan. A su vez, el Estado acompaña el desprestigio con los salarios a la baja, malas condiciones laborales y el recorte permanente del presupuesto educativo. Al mismo tiempo hay despidos y desfinanciamiento en los sectores de Ciencia y Tecnología para aquellos científicos de la educación que contribuyen en teorías y prácticas a la calidad educativa desde sus investigaciones y la incorporación de diversas disciplinas.

    En el sistema educativo no solo los científicos pueden investigar, en la actualidad diversos autores teorizan sobre la importancia de “ser” (y no de capacitar) docentes como investigadores para que en el aula “sean” creadores de conocimiento. La pedagogía freiriana latente en cada establecimiento descansa en la idea de que los docentes tienen la tarea fundamental de estimular el espíritu crítico y reflexivo de los estudiantes que contribuirán a la transformación de la sociedad; como si los docentes no fueran también participes de dicho proceso.

    Para que se desarrolle el mismo, es necesario acompañarlo con acciones sucesivas que provoquen dicha transformación. En este sentido, la sociedad debe estudiarse a través de la ciencia para comprender y explicar una infinidad de aspectos que la componen. En consecuencia, el Estado tiene absoluta responsabilidad en la formación académica y constante de los docentes como investigadores, para que dispongan de un conjunto de disciplinas interesadas en el estudio científico de los distintos aspectos en sociedades y culturas determinadas.

    En la historia de la humanidad, la ciencia siempre nos ha demostrado avances extraordinarios. De modo que los docentes investigadores, deben cuestionar diariamente lo establecido porque sin una lectura específica de las realidades con la que se encuentran en las escuelas no podrán reflexionar y trabajar sobre las mismas. Para lanzarse al encuentro de los porqués, debe respaldarse con la ciencia, vista a esta como un sistema de conocimientos verificables ya que es esencialmente práctica. La ciencia es un método para investigar, un modo de conocer, un método de descubrimiento. La utilización del método científico en el campo educativo implica necesariamente la puesta en práctica del pensamiento científico, un modo de indagar en las diversas realidades.

    Pero, la ciencia tiene que ser dirigida a la adquisición de conocimiento de dichas realidades, a la búsqueda y descubrimiento de las propiedades y cualidades de un objeto de estudio a fin de dominarlo. Sin una dirección y un método, no hay devolución esperada. Es por esto que su principal función es social, ya que es necesaria para prever los acontecimientos y dominar la realidad.

    Los docentes investigadores conociendo e interviniendo sobre las realidades escolares pueden auxiliar a sus necesidades. Sin embargo, la resolución de cuestiones particulares, no transforma la sociedad en su conjunto. La sociedad no surgió espontáneamente sino que se desarrolla empíricamente a través de una larga, complicada y contradictoria lucha de clases por la existencia y consecuencia de un dominio mayor sobre la naturaleza y realidad.

    El problema radica en la ciencia puesta al servicio de la clase dirigente, bajo lineamientos que responden a los intereses del mercado, la ideología capitalista y su perpetuación. Los docentes investigadores tienen que luchar por una educación que esté dirigida por los intereses de la clase trabajadora y los sectores populares, que es donde pertenecen. A través del método científico, es posible generar una democracia interna en cada espacio educativo y se formen sujetos críticos y políticos bajo una cultura participativa, en la que docentes y estudiantes discutan cómo llevar adelante la  transformación de la sociedad. En cada espacio educativo deben abrir el debate. Por lo tanto, es fundamental promover la educación científica a partir de la cual los trabajadores y la juventud puedan apropiarse de los conocimientos acumulados por la humanidad a lo largo de la historia.





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Los primitivos




Aceptadamente, los definían primitivos; apenas rozaban ser individuos rudimentarios. Nada a su alrededor los conformaba. Cualquier sobresalto se establecía efímero y hacía que el deseo desaparezca junto al tiempo; encontrar algo nuevo les generaba sensación de estabilidad; no había pregunta que realizara una ruptura; todos padecían la célebre espera.

    Frente a una multitud, un primitivo había logrado conseguir fuego. Decían que se encontraba aburrido. La realidad es que quería invertir el tiempo en algo productivo, a la sazón, chocaba mientras rozaba dos piedras.

    Aparecieron las primeras chispas que derribaron los límites de la perseverancia. Las siguientes no solo servían de estímulos, señalaban un claro objetivo que seguro iba a superar la meta en sí. Toda la masa de primitivos festejaba. Brincaban con ambas extremidades corporales, de derecha a izquierda, ignoraban mantenerse en pie, e iniciaban su firme caminar cabeza agacha buscando piedras.

    El fuego aportaba al mundo básico una nueva manera de vivir. El primitivo que introducía el fuego conquistando a la multitud, había pasado a ser admirado por el resto. A partir de ese momento la sociedad era encabezaba por un primitivo destacado: bastaba caminar dentro del área de cientos de pasos para encontrar a gente imitándolo. Acaso en la muchedumbre también querían la gloria, o tal vez, solo instruirse. Al cabo, la igualdad que los colocaba en solidaridad grupal, era la concepción de conseguir fuego. La totalidad de individuos rudimentarios practicaban con dos piedras sumergidos en la necesidad de poder vivir la nueva condición.

    Un tiempo después, varios dominaban la técnica y provocaban, al menos, una llama. Los que todavía no tenían acceso singular, intercambiaban frutas que recolectaban por tal elemento de la naturaleza que modelaron artificialmente, el fuego.

    Algunos habían observado que las piedras se gastaban por mero uso. Organizados, se movilizaban acarreando piedras para luego mercantilizarlas. Este sector desconforme, decía que las piedras pesaban más que las frutas, entonces sus miembros pedían más fuego a cambio. Los primitivos recolectores aceptaban porque las frutas maduraban hasta su putrefacción.

    Entre los elementales individuos, estaban quienes a través de oratoria envolvían a otros para trabajar para ellos. Engañaban y se acrecentaban integrando a terceros rudimentarios con el ofrecimiento de una porción del fuego al final del día; además, dominaban a tantos que se apropiaron de las frutas, y de las piedras un tiempo más tarde.

    Aceptadamente, vivían del fuego, para el fuego, por el fuego. No importaba si alguien no podía conseguirlo, puesto que el fuego mantenía el calor de la ambición en estos rudimentarios sujetos. Más se expandía el elemento, más ardiente era la sensación de querer poseerlo: con el único sentido de sentirlo, y encontrarse en el lugar de los que arden en llamas.

    Las piedras del largo camino de los primitivos fueron las que provocaron el fuego tan difícil de extinguir. Consumidos ante éste, cambiaron su nombre. Aceptadamente, se conocen como civilizados.



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