Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

La amistad entre Tomatis y Barco




La otra noche, leyendo Nadie nada nunca de Juan José Saer, me encontré en la página 40 con la siguiente definición: “Tomatis y su socio vitalicio, Horacio Barco, argumentaban, dos o tres noches atrás, en el bar de la galería, que el escepticismo ante la posibilidad del fin del mundo se basaba exclusivamente en el concepto de experiencia; porque no hubo fin del mundo hasta ayer, ni hasta esta mañana, no lo habrá en este momento, ni mañana a la mañana.”

La frase de la novela define a Carlos Tomatis y Horacio Barco como socios vitalicios de discusiones nocturnas. En el cuento Algo se aproxima, ambientado en una calurosa noche santafesina, ambos personajes ya funcionan como una pareja dialéctica que comparten el ritual del asado, el vino con hielo,  las conversaciones sobre la literatura y el sentido de las cosas.

La frase de la novela argumenta que el escepticismo ante un hecho (como el fin del mundo) se basa en la experiencia: como no ocurrió hasta ayer ni esta mañana, asumimos que no ocurrirá en la proximidad.

Este empirismo y escepticismo es la misma sustancia de Algo se aproxima, y se expresa con la ironía de la espera… “Algo se aproxima”. Sugiere que un acontecimiento se acerca, pero la experiencia de los personajes es de una inercia total. El narrador (que podríamos pensar que es Tomatis aunque no se dice) define esta condición existencial con una frase que describe algunas regiones de Santa Fe para los jóvenes, en el que la tranquilidad (o, no hay nada para hacer y estamos re al pedo) es un compás de espera.

Al igual que la cita de la novela, los personajes viven esperando algo que nunca se materializa porque su experiencia cotidiana solo les devuelve la repetición monótona de lo mismo.

En el cuento, los personajes desconfían de las abstracciones y solo validan lo que perciben en el presente a través de sus sentidos (el humo del cigarrillo, el jugo del asado, el frío del hielo en el vaso, la camisa transpirada, los pasos de baile y los franeleos, la crítica si podrían criar un pibe). El futuro es descartado por la conciencia práctica.

El escepticismo sobre el fin del mundo se conecta directamente con el desenlace de Algo se aproxima. Al final de la madrugada, cuando caminan hacia la costanera y encuentran a León comiendo solo, Tomatis le pregunta a su amigo: “—Barco, ¿qué sentido tiene la vida?”, a lo que Barco, hace una carcajada y luego responde con seriedad: “—Ninguno, por supuesto”.

Si la experiencia no demuestra la existencia de un sentido ni de un propósito en el devenir del mundo, cualquier hipótesis sobre un desenlace definitivo (como el “fin del mundo” o una revelación final) queda anulada por la pura repetición del presente, que es lo único real que la percepción humana puede exponer.

Si la vida carece de un propósito, el porvenir sólo es el presente. En este caso, la amistad funciona como la única excusa palpable. Al no haber un sentido que vaya más allá, las charlas compartidas y la presencia del otro en la mesa de un bar de costanera se transforman en la única realidad a la que aferrarse en medio de la noche.



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