Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

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Soja de contrabando sin responsables: la represión es para los desposeídos




Una noticia llamativa que deja en evidencia para quienes son los palos y la represión. Gendarmería Nacional de la provincia de Santa Fe incautó siete camiones cargados con 210 toneladas de soja de contrabando que se dirigía a Salta. Los camiones circulaban con falsificación de las cartas de porte y de inspección. ¿A nombre de quién? ¿Quiénes son los responsables? ¿De dónde sale tanta cantidad de soja?


Los camioneros no fueron detenidos pero están vinculados a las causas por transportar la soja a granel en forma ilegal hacia una finca salteña en el departamento de San Martín, para ser exportada de contrabando. Lamentablemente los trabajadores quedan pegados a los negocios empresariales de unos pocos.


El problema principal de esta noticia es que no hay responsables sojeros en la mira. Las fuerzas represivas son selectivas al momento de actuar ya que días previos utilizaron toda su artillería para reprimir a mujeres y niños en las tomas de tierra en Reconquista y Capitán Bermúdez.


La pandemia, la crisis económica y el ajuste de los gobiernos llevaron a miles de familias a tomar terrenos por verse obligadas a elegir entre pagar el alquiler o comer. En medio de esta situación terrible para decenas de familias que no tienen nada, el gobierno de Omar Perotti responde con represión a los más vulnerables. No respondió de la misma manera cuando se trató de Vicentín o en este caso que no hay responsable de 210 toneladas de soja que circula de forma ilegal.

 

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Hablemos de Breaking Bad y el Walter White santafesino





Hay un caso de narcotráfico en Santa Fe que involucra a otras dos provincias: tenencia de armas y decenas de celulares, producción de calidad de clorhidrato de cocaína con planes de logística y transporte por localidades vecinas y el país. Un proyecto con pocos integrantes involucrados pero con una particularidad que lo hace especial.


En los medios de comunicación sostuvieron durante más de una semana que el líder de la banda se parece al personaje principal de la emblemática serie Breaking Bad. En primer lugar, porque al igual que Walter White, el santafesino Sergio Rubén de 55 años, es ingeniero Químico y dio clases en la Universidad Nacional del Litoral. En segundo lugar, porque distribuía cocaína en el interior de tachos de pintura, como lo hacían en la serie con tachos con mercadería que comercializaba la empresa gastronómica de la trama.


Walter White se convirtió en uno de los villanos más importante de las ficciones sobre narcotráfico de las últimas décadas. No solo porque se burló de la DEA de Estados Unidos, sino también por mostrar la construcción de un personaje que inició en el negocio de la producción y ventas de drogas asqueado por el nulo reconocimiento social de llevar una vida miserable de trabajar para subsistir con su familia sin un porvenir y la respuesta del Estado ante su enfermedad, dejando en claro que no le importa la salud de la población. El trabajo como profesor de química ni siquiera le dio un seguro médico para vivir unos años más, en una ciudad donde crecía la comercialización de drogas y aumentaba la pobreza y la violencia. Frente a esta situación asfixiante donde tenía que seguir trabajando con un diagnóstico de que iba a morirse de una enfermedad tratable, Walter White eligió ir contra toda legalidad posible creando un negocio de metanfetaminas y destapando una olla de bronca que se convirtió en ambición y poder.


Este escenario social que se refleja en la serie no es casual para la trama sino que se enmarca en la decadencia del régimen capitalista pos crisis de Lehman Brothers en 2008. Como se ve cada uno de los capítulos y temporadas, las clases medias quedaron reventadas, se profundizó la división entre blancos, latinos y negros, y se convirtieron las familias en un sálvese quien pueda. Más allá del detrás de escena, Heisenberg, la fase terminada del personaje, conquistó a millones de espectadores por ser un villano sin límites, totalmente corrompido y violento. En el caso de Sergio Rubén de 55 años, ingeniero químico de Santa Fe, los medios de comunicación buscaron asimilarlo a este personaje de ficción, para encubrir un flagelo que se vive en la provincia desde hace años.


En Santa Fe, la localidad de Rosario, ha sido catalogada por diversos medios de comunicación como la Sinaloa de Argentina, haciendo una comparación con la ciudad mexicana en la que se encuentran los carteles de distribución de drogas más peligrosos del mundo. Rosario está cargada de una violencia que irrumpe en ciudades vecinas, donde todos los días matan a un pibe soldadito para descartarlo del negocio o por gatillo fácil en manos de la policía. Esto se combina con cientos de personas que no tienen un plato de comida porque está entre los conglomerados con más desocupación en el país. Y la situación se encuentra agravada porque la policía de Santa Fe tiene complicidad con estos negocios, y se sospecha de la complicidad de personalidades del arco político, funcionarios y ex funcionarios. Pasando por empresarios, empresas y puertos.


Para no hablar del régimen podrido, la noticia que se repite y hace eco en portales, plataformas y redes sociales, es que hay un santafesino que se parece a Walter White. Qué importa todo el entramado que existe detrás del narcotráfico. ¿O será que los medios de comunicación hegemónicos también son cómplices?

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De la defensa al ataque

 




Ruber hace 3 años empezó una guerra con Curtopé. La economía de ambos países quedó devastada, las familias tocaron fondo frente al hambre y la naturaleza fue destruida en pos de la utilización de recursos para la construcción de la mejor tecnología armamentística.


La prensa anarquista publicó una editorial llamada "el arte de las barricadas". Los obreros de todo Curtopé la hicieron carne. El texto los interpeló para salir a la calle y pelear por su destino. Y así fue.


En menos de una semana repartieron miles de panfletos con instructivos para llevar adelante una barricada. Pusieron manos a la obra. Cargaron sacos con escorias de los talleres metalúrgicos que trasladaron con camiones recolectores de basura. Construyeron un obstáculo estable; casi impenetrable.


Cuando comenzó el enfrentamiento con la policía ya estaban todos preparados en sus puestos. Fue una dura batalla que duró más de 8 horas. El Estado con armas de fuego, los obreros con piedras y palos. La barricada fue una buena defensa ya que no pasó a mayores. Murieron 16 obreros, 102 quedaron heridos y 23 fueron detenidos. Con estos resultados dejaron al margen la ilusión de querer terminar con la guerra que les impuso el régimen.


Los obreros de Ruber, en cambio, decidieron en asambleas realizar huelgas en las fábricas armamentísticas y otras importantes del país. Paralizaron la economía y como consecuencia el gobierno retiró las tropas de Curtopé.


La semana siguiente imprimieron panfletos para repartir en el país vecino. Concluyen que extendiendo las huelgas ambos países abandonarían la guerra. ¿Podrán lograrlo?




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Cavadores de pozos




Alejandro soñó con unir a los vecinos del barrio marplatense. Lo intentó en varias oportunidades pero sin éxito. Esta vez, la situación económica en medio de una pandemia, los empujó a una aventura peligrosa, digna de leer en las noticias.


-El deber nos reúne -Alejandro expresa con vehemencia el discurso que preparó hace día, y el resto se acomoda para escuchar atentamente-. Estamos para cumplir la misión que resolverá los problemas de nuestras familias –agita el dedo hacia arriba, no más alto que su mentón, emocionado por la fuerza prometedora del guión que circuló durante la semana por grupos de WhatsApp-. Los presentes, juramos lealtad ante el plan y ofrecemos lo mejor con firmeza, valor y subordinación –frunce el ceño, queda inmóvil mirando hacia adelante, focaliza un punto fijo en la nada y continúa...-. Nuestras manos están listas para empuñar los mangos y enterrar las puntas redondas en la tierra -muestra sus manos; desde el tercer tumulto de personas observan lo enorme y deformes que están por los callos-. Nuestras cualidades superan cualquier máquina. Memoria, dedicación y esfuerzo, es el trípode para alcanzar el motivo que nos iguala, lo conseguimos unos pocos y otros quedan en el camino -mientras escupe las palabras tal cual las escribió, evoca a Elisa, su mujer, que no está entre la multitud-. Somos 300 personas para excavar los hoyos que necesitamos -lo dice lento, mirando a la mayoría directo a los ojos, busca adrede cruzar las miradas-. Observen la pala de la abundancia para que nunca nos falten pozos por ahondar -en la esquina, entre el cruce de las dos avenidas, hay una estatua de un trabajador con una pala cargada al hombro, pero nadie sabe si es un homenaje o qué significa la escultura-. Nos representa. Tenemos el deber de jurarle a la pala de la abundancia -sin embargo, los citó en ese lugar y aprovecha la estatua para inventar la historia de la pala de la abundancia, como motivación-. Y con dicha herramienta que trajimos individualmente, tenemos la obligación de cavar. Es la única meta que nos convoca, quién no esté de acuerdo, que deje la pala a un costado o se vaya con la misma -Alejandro sentía de antemano la seguridad de que los vecinos disponibles están convencidos de hacer el trabajo-. Este es el momento en el que vamos para el mismo lado, dejando afuera a los librepensadores. Sepan aquellos que traicionan, que no sabrán la que les espera. Ante cualquier pregunta responder con autoridad que solo estamos haciendo pozos y negar que atenta contra la propiedad privada porque no es así -la policía se sorprenderá al ver a 300 vecinos paleando en las veredas del barrio-. Aquellos que no sienten el llamado, sin importar la pala que tenga o cuánto haya excavado, los que perdieron el fuego que los mantiene vivos, tienen la oportunidad de renunciar. Junto a los cavadores de pozos, no hay lugar para los tibios ni para quienes tienen miedo -los vecinos notaron el énfasis de esta última frase como una inyección de orgullo-. Estamos dispuestos a excavar por más fuerzas que quieran detenernos-Alejandro piensa que romper la cuarentena en medio de una pandemia para llevar adelante el plan significa un escándalo para la bonaerense por lo que podría solicitar refuerzos a Gendarmería o Prefectura-. Con cada montaña de tierra que saquen con sus palas, con el compromiso que nos compete, llegaremos más rápido a descubrir los cables telefónicos de la multinacional. Haremos montones de tierra a un costado. Usaremos pala, pala y más pala. Cavaremos en línea recta siguiendo el cordón cuneta. No hay futuro si no terminamos, depende de nosotros. Para tener dinero hay que vender los cables, para vender los cables hay que descubrirlos, para descubrirlos tenemos que excavar pozos en las veredas del barrio. Vecinos,¡orden y pala!


-¡Para servir, y cavar en Mar del Plata!




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Macarita





¿Qué valor tienen los objetos materiales para las personas? Depende. Cuando hablamos del concepto valor se abre un abanico de definiciones: valor sentimental, valor de cambio, valor por su antigüedad, valor por quién lo usó como por ejemplo los botines con los que metía goles Osvaldo Escudero, y valor legal. En esta última categoría entran todos los objetos materiales que le son útiles a la justicia como pruebas para enjuiciar a quién esté fuera de la ley. En la vida de Dardo hay un objeto material en discusión pública.


Todo empezó cuando dedicó la mañana del viernes para buscar una noticia relacionada con la banda de Samuel. Como lee pocos diarios digitales, tiene dificultades para encontrar las secciones, se conforma con lo que aparece en pantalla, por lo que debió esforzarse ya que deseaba enterarse qué se dijo al respecto. Los nervios le jugaron en contra, en reiteradas oportunidades quedó segundos con la mente en blanco. No es para menos, le incautaron a Macarita, la lancha con la que iba a pescar cada tercer domingo del mes. Es tan importante en su vida que tiene un lema "la segunda quincena solo se destina para llenar el tanque con nafta y encender el motor" para navegar en el Paraná. En el diario no vio ninguna foto de la lancha que recibió de herencia y que participó en la Fiesta Nacional del Pacú, pero encontró la sección policial y la noticia que buscaba. Entre quejidos y de corrido la leyó hasta el final.


Por otro lado, un grupo de vecinos de Goya comentaron en un medio de comunicación de poca audiencia que la banda de Samuel es una mentira, un invento para mostrar que se combate el narcotráfico en el noreste de Argentina. Agregaron que solo son un grupo de amigos que mueven porro por la capital y alrededores, que consume "todo el mundo", que los hijos de las personas de clase media que hicieron la denuncia son los primeros que compran, entre otras cosas más. “Un disparate”, comentaron off the record los locutores. La tenacidad de los vecinos los llevó a que durante la semana hicieran cadenas de WhatsApp para colgar carteles en postes de luz aclarando que los pibes no son narcotraficantes, que se ganan la vida con un negocio que se sostiene desde años en la comisaría de la Av. Argentina Rojas. Es decir, que hay que ir por la policía que está implicada y no por el último eslabón.


La primicia de la banda de Samuel es un ejemplo parecido a la de Rambito, el pibe que usa una vincha, y que por la actitud, la boca tuerta y los músculos, lo apodan así. En fin, Rambito fue escrachado con nombre y apellido, aunque nadie lo reconozca por nombre y apellido, en varios diarios regionales lo enjuiciaron como narco y nada que ver, es un pobre pirincho que vende unos porros. De todos modos en la foto salió de espalda, seguro pasará desapercibido.


La vida tiene una oportunidad para sacarte lo que más desea, nunca se sabe cuándo, pero sí que ocurrirá. Dardo pasó su primera noche sin su lancha. Se desveló pensando que le pagarán la segunda quincena, y que no podrá llenar el tanque con nafta para navegar. No sentirá el río salpicando en la cara, ni oirá rugir el motor Honda, ni verá a la distancia los Sauces llorones, ni olerá camalotes. Solo pensó que jamás sacaría a Macarita del corralón, ya que fue incautada como vehículo utilitario de la banda de Samuel, a raíz de una foto que se sacó uno de los detenidos apoyado en lancha, a orillas del río Paraná.


Dardo estaba tan pero tan triste que en la mañana del domingo siguiente vio una lancha totalmente idéntica que también se llamaba Macarita. La estaba usando Cacho, uno de los policías de la comisaría de Av. Argentina Rojas. Al parpadear los ojos vidriosos, se le cayeron dos lágrimas y las juntó con la manga de la campera, como lo hacía cuando navegaba a mucha velocidad.





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La masacre de Avellaneda




    Esta historia transcurre seis meses después de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001. ¿Las recordás? Aquí va una frase histórica: “que se vayan todos”. Aquí va una imagen popular del momento: “un helicóptero escapando de la Casa Rosada”.

    El gran saqueo del régimen que dejó a miles de familias sin un plato de comida, culminó con altos índices de desocupación, cierres de fábricas, megadevaluación y un brutal ajuste. La calidad de vida de las personas había bajado notablemente.

    Los desocupados no se quedaron con los brazos cruzados, impulsaron marchas en distintas localidades. El movimiento de desocupados “Aníbal Verón”, cuyo nombre conmemora al colectivero ejecutado por la policía salteña de la represión del año 2000, se dirigía a protestar al Puente Pueyrredón pero se encontraron con un extraordinario operativo de las fuerzas de “seguridad”. Con la participación de la Policía Federal, Policía de la Provincia, Gendarmería Nacional y Prefectura Naval, lograron un aislamiento geográfico por la frontera sur.

    El fuerte operativo policial impidió el acceso de los manifestantes a los principales puentes de ingresos de la ciudad. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, ordenó la represión y desalojo del puente Avellaneda.

    En las inmediaciones de la Estación Avellaneda se desató una fuerte represión. En el hall de la estación, cae Maximiliano Kosteki al ser baleado en el pecho con balas de plomo. Otro joven, Darío Santillán, regresa para socorrerlo, toma su mano, se conocen por fin pero también cae muerto.

    El 26 de junio de 2002, en total se hirieron a 90 personas, más de 30 con balas de pomo, 2 muertos y 150 arrestados. Hoy recordamos la fecha como la “Masacre de Avellaneda”.  Kosteki y Santillan se hicieron conocidos por millones de personas a través de este crimen de Estado. Se convirtieron en una juventud dispuesta a dar una gran pelea contra este régimen.


Eduardo Duhalde, Aníbal Fernández y Felipe Solá, son los responsables políticos que todavía gozan de impunidad.





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Cumpliendo la condena



    
    En la esquina del bar que discriminó públicamente por las redes sociales a los jóvenes que llamó “wachiturros”, un patrullero de la VI se detuvo a 45 grados en la ochava. Dos milicos se bajaron dejando el motor encendido para rodear a dos púber que por sus apariencias, tenían una edad aproximada entre 11 y 13 años.

    En el profesorado de la ciudad una charla fuera de lo común convocó a unos cuantos estudiantes. Se trató sobre la “educación en contextos de encierros”. Un docente que trabaja en la cárcel de San Nicolás, habló que el 85% de los presos no tienen una condena que cumplir; de cómo la sociedad rechaza a los encarcelados; criticó el sistema penal en su conjunto, el accionar de la policía y el negocio corrupto de la institución en general que incluye a los políticos, jueces y abogados. Escribir sobre la charla en sí, conllevaría más de un texto.

    Conversó más de una hora con mucho énfasis sobre pedagogía, didáctica y cultura carcelaria. También sobre cuáles son los mecanismos para que perpetúe la institución policial. Al final, intervino una maestra de educación inicial, comentando que en su salita tiene pequeños que son hijos de detenidos. Dice que tanto la escuela primaria como la secundaria están militarizadas y rodeadas de milicos y patrulleros. Diariamente los docentes presencian el hostigamiento y la persecución a los jóvenes. Los discriminan. Los cachean. Luego, afirma que directamente la zona norte de la ciudad está militarizada y que los barrios de allí están condenados socialmente por el resto de la sociedad nicoleña.

    El docente alarmado por el relato de la educadora le da la razón. La zona norte es un sector que además de sufrir necesidades básicas, no hay un día que no vuelen tiros como si nada. Los pibes, las esposas y familiares del lugar están hartos de la situación de inseguridad que se vive con la policía. Explica que cuando una persona sale de la cárcel, es porque cumplió su condena. Es decir, si les dan 3 años por robar un kiosco y cumple consecuentemente con la condena que dictamina el juez, ya está, se terminó, y nada más los vincula. Sin embargo, el problema es, que al estar las personas de los barrios condenadas socialmente y estigmatizadas, en la primera denuncia que se realice, como primera medida los superiores cercan de patrulleros la casa de “tal” ex recluso por el simple hecho de tener antecedentes. Entonces los milicos van, allanan y desvalija la casa, una y otra vez. Incluso llevan la problemática a los medios sin una respuesta concreta del fiscal. Las personas que cumplieron su condena están cansadas de que no les dan laburo, de la sociedad que los segrega y muchas, cargadas de bronca, vuelven a robar y a ser encarcelados.





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