La amistad entre Tomatis y Barco
El alter ego en el cuento “El hombre «no cultural»”
El cuento “El hombre «no cultural»” de Juan José Saer expone la complejidad de la herencia y la identidad a través de la figura del alter ego. Mediante la carta que el narrador, Tomatis, envía a su amigo el Matemático, se articula una profunda identificación con su tío Carlos. El tío no solo le legó una fortuna, sino que Tomatis adoptó un alter ego psicológicamente similar, compartiendo su comportamiento y su particular filosofía de vida. Este recurso literario es utilizado por Saer, según mi análisis, para desarrollar la idea central de que las herencias no son únicamente materiales, sino que también se manifiestan como un traspaso de identidad.
La carta es un medio de comunicación escrita, un mensaje transmitido por una persona o un conjunto de personas. Este formato existe desde la antigüedad con el propósito de enviar información, noticias, saludos, e intercambiar ideas o polémicas. Dada su riqueza histórica, es considerada con el tiempo una forma de arte y un género literario. En este caso, nos centraremos en la que le escribe a su amigo, el Matemático, quien vive en Estocolmo. Esta se da luego de que los militares asesinaran a su esposa y lo buscaran a él con el mismo fin durante la época de la dictadura, obligándolo a irse del país.
El protagonista comienza su carta planteando que, desde hace varios años, pudo dejar el diario y vivir sin trabajar. Esto es gracias a la herencia de su tío Carlos, el único hermano de su madre, quien era viudo y no tenía hijos. Carlos, un farmacéutico que había amasado una pequeña fortuna, le dejó casas y dólares. Antes de jubilarse, su farmacia era atendida por empleadas, mientras su esposa, Amalia, se encargaba de la caja y los negocios. Por lo tanto, el tío Carlos ya había pasado sus últimos años viviendo sin trabajar, tal como Tomatis nos introduce al inicio. Sin embargo, el narrador revela rápidamente que la herencia más significativa son “ciertas rarezas de comportamiento”, incluyendo el hecho de que se llama igual que su tío y que ambos comparten el hábito de leer en el fondo del patio.
El núcleo de esta identidad compartida reside en el proyecto filosófico inconcluso del tío Carlos: «la exploración interna en busca del hombre no cultural». Tomatis, el único que lo tomaba en serio, describe la actividad como un trabajo de arqueólogo o geólogo, comparando al hombre con el planeta tierra constituido por cuatro niveles, siendo una ocurrente metáfora del inconsciente, que para él, puede revelarse mediante el estudio de una “sismología” interna. La búsqueda práctica de este eslabón perdido se ejecutaba a través de un método: el tío Carlos se sentaba inmóvil en una “perezosa de madera blanca” en el fondo del patio, olvidándose de su “envoltura mortal” para “pasear a un doble infinitamente pequeño de sí mismo por las cavernas interiores” (otra forma en la que se expresa el alter ego).
Es fundamental entender la definición de alter ego, cuya etimología del latín significa «otro yo»: un yo alternativo que puede distinguirse de la personalidad original. Aunque, también se refiere a un personaje que, mediante sutiles similitudes psicológicas, se percibe como la representación intencional del propio autor.
En el caso de Tomatis, estos aspectos se hacen evidentes, y no solo por llamarse igual que su tío. Por un lado, se convierte en el redactor del “Manual de espeleología interna”, usando la carta como el medio para ese opúsculo que Carlos nunca llegó a escribir. Por otro lado, ambos comparten formas de comportamiento que él mismo define como rarezas, como leer en el fondo del patio, sus temas recurrentes filosóficos, el único que puede entenderlo, y la comodidad de vivir sin trabajar. Por último, un detalle que para mí es importante, es la marcada similitud en cuanto a la indiferencia. Ante los problemas profundos que atraviesa el Matemático que tuvo que exiliarse, le cuenta que vive de una herencia y, al igual que su tío, “ni opinaba, ni aconsejaba”. Solo “se limitaba a proferir, como para sí mismo, la explicación de cada hecho y la solución de cada problema y, desinteresándose por completo de lo que podía pensar su interlocutor”. Y esto, lo hace sobre sus propios temas, que era de lo que verdaderamente le interesaba.
Esta fuerte conexión solidifica al tío Carlos como el alter ego Tomatis, perpetuando su filosofía de vida y su peculiar distancia con el mundo.
Saer utiliza la figura para el narrador de la carta. La herencia material proporciona el ocio necesario, pero la herencia de identidad, “la búsqueda del hombre no cultural, sus variados temas filosóficos, sus hábitos de lectura, la adopción de una postura distante”, es el verdadero legado. De este modo, “El hombre «no cultural»” demuestra que el doble, más que una extensión o proyección, es una forma de vida; un hallazgo que mi lectura me da a entender sobre el camino que el narrador está dispuesto seguir, para dar continuidad a la identidad de su antecesor familiar.
Al abrigo por Juan José Saer
"Al Abrigo" es un cuento de Juan José Saer narrado en tercera persona que cuenta la historia de un comerciante mueblero que encuentra un diario íntimo dentro de un sillón, el cual, al leerlo, lo invita a la reflexión. El autor presenta una narración sencilla, y la idea central está articulada en pocas líneas. Para lograrlo va proporcionando detalles del lugar en el que se encuentra el protagonista y las emociones que va viviendo.
Aunque el texto carece de información sobre el contexto histórico y cultural en el que se desarrolla la obra, dado el letrero luminoso que destaca en la fachada del comercio del protagonista y el uso de fotografías pornográficas de su hijo, podría sospecharse que la historia se sitúa alrededor de la década del 70.
El mensaje del cuento, más allá de la metáfora que se desprende del concepto de "abrigo", puede variar según el lector, convirtiéndose en una narración flexible. El tema fundamental tiende a ser universal, algo que las personas experimentan en su subjetividad; hacer consciente lo inconsciente. Sin embargo, depende de factores subjetivos, como pensar en lo propio, en las experiencias, en los secretos y en la identidad, pero también en la búsqueda de entender que otras personas también tienen su propia subjetividad y secretos.
Existen varios momentos clave para el desarrollo de la trama: la compra del sillón por parte del comerciante y el descubrimiento del diario íntimo –lo cual también se añade a la metáfora del abrigo siendo que el diario íntimo está oculto dentro del sillón–, la lectura del mismo y la propia relación del comerciante con sus secretos, la búsqueda de un objeto en el dormitorio de su hijo y el hecho de encontrarse con los secretos de su hijo, y la imaginación acerca de los secretos de su esposa para darle el carácter de universalidad.
El hecho de que el protagonista haya atravesado cada uno de estos momentos hace que su reflexión vaya creciendo a lo largo del cuento, reflexión acerca de los secretos que guardamos y protegemos como "abrigo". El conflicto en el que entra el protagonista es precisamente darse cuenta de que todas las personas tenemos secretos ocultos.
El narrador utiliza como personaje fundamental al protagonista e involucra a la autora del diario íntimo, a su esposa e hijo. Sin embargo, la vida que tienen estos personajes secundarios está atravesada por la subjetividad del mueblero, es decir, el narrador no les da voz propia. El tema central que se aborda en la obra es la identidad, la búsqueda de las cosas que ocultamos en nuestro interior y que de repente se ponen de relieve. Juan José Saer nos presenta este cuento con una narración sincera en la que va describiendo objetos, sensaciones y acciones que se desarrollan a lo largo del cuento de la mano del protagonista.
“Al abrigo” está enriquecido por una cuidadosa descripción de la atmósfera que rodea al protagonista. A través de un narrador involucrado, somos testigos de la reflexión profunda del comerciante mueblero mientras descubre un diario íntimo en un sillón que acaba de comprar. Incluido él mismo, todos tienen secretos ocultos bajo su “abrigo” emocional. El cuento nos recuerda que, en última instancia, somos la suma de nuestras experiencias y recuerdos, y que cada uno de nosotros guarda una historia única bajo esa superficie. Saer nos muestra cómo una narración puede ser profundamente reflexiva y ofrece una visión enriquecedora de la condición humana.








