Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

El matrimonio de los peces rojos, por Guadalupe Nettel




Después de varios años de su publicación, llegué a uno de los cuentos de Guadalupe Nettel, a quien conocí a través de su novela “Después del Invierno”. Su sensibilidad y su forma de reflejar la vida cotidiana fueron lo que más me gustó. El cuento es una exploración íntima y simbólica del deterioro conyugal, utilizando la vida en cautiverio de una pareja de peces como espejo de las dinámicas emocionales y comportamentales de la pareja humana, compuesta por la narradora y su marido, Vincent.


La narradora y Vincent reciben inicialmente a los peces rojos —macho y hembra— como un obsequio alegre y un amuleto para paliar la incertidumbre del embarazo. Sin embargo, la posterior identificación de los peces como Betta splendens, o “luchadores de Siam”, originarios de aguas estancadas que se caracterizan para su dificultad para la convivencia, establece el marco para la tensión matrimonial.


Tras pedir la licencia de maternidad, la narradora se encuentra con un exceso de tiempo libre, mientras que Vincent incrementa sus horas de trabajo, sintiéndose ella distante y fuera de sus preocupaciones laborales. En este contexto de confinamiento (una suerte de “cárcel domiciliaria”, la narradora se dedica a observar a la pareja de peces que, al compartir un hábitat pequeño sin escondites, se veían inevitablemente el uno al otro.


La crisis se hace evidente cuando Vincent se niega rotundamente a comprar naranjas, un antojo del embarazo. El reclamo, era más profundo, señalando que ella ya no podía “despilfarrar el dinero como había hecho siempre”. La narradora reacciona con una rebelión silenciosa, comprando jugos de naranja y una novela con la tarjeta común, buscando una nostalgia por su pasado sin preocupaciones.


La narradora llega a comparar a la pareja de peces con su propio matrimonio; es una proyección. Observa al macho con el opérculo desplegado, en una actitud que le parece arrogante, mientras la hembra nada con las aletas gachas. Cuando la hembra desarrolla rayas horizontales pardas, la narradora lo interpreta como un cambio físico, mientras Vincent lo minimiza o lo ignora. Más tarde, descubre en la biblioteca que estas rayas son un signo de estrés o peligro en los Betta. La narradora misma ve una línea marrón en su vientre que es “como la del pez”, simbolizando cómo el estrés compartido la afecta físicamente.


La frustración de Vincent por sus propias inseguridades como padre lo lleva a ponerse a la defensiva y a proyectar errores en la narradora. Sus comentarios humorísticos sobre la hembra (“¿Está en contra de la reproducción?”) son interpretados por la narradora como una sutil violencia machista. Esta tensión culmina en el portazo de Vincent y, más tarde, en el acto de la narradora de destruir platos tras el momento de máxima angustia, cuando Vincent la abandona en casa con la niña enferma para ir a un after.


En un intento por pacificar la convivencia, la pareja decide comprar en un acuario más grande, con capacidad para diez litros y una cueva para la hembra. La narradora sentía una necesidad imperiosa de que las cosas estuvieran en orden en casa, a pesar del caos en su matrimonio.


Sin embargo, el espacio no resuelve el problema. Cuando la narradora y Lila (su hija recién nacida) regresan de un descanso por separado en Burdeos (el cual temporalmente ayudó a la pareja), Vincent confiesa que separó a los peces porque se habían peleado y estaban lastimados. Vincent reflexiona que el problema no es de espacio, sino de naturaleza, argumentando que los Betta siempre verán estrecha la pecera más amplia y se sentirán amenazados, incluso por su pareja. A pesar de la certeza de la narradora de que los peces “se aman, aunque no puedan vivir juntos”, la hembra aparece muerta con las aletas rotas.


El texto cierra con la separación definitiva de la pareja humana. La narradora se da cuenta de que la ruptura era una catástrofe esperada, y que la infelicidad no se debía a fuerzas externas (“ninguna mano desconocida nos sacó de nuestro acuario familiar”) sino a su propia naturaleza y falta de voluntad para cambiar. La vida de Oblomov, el último pez solitario que termina muriendo “flotando como un pétalo de amapola”, marca el final de este ciclo de conflicto y putrefacción.


Compartir:

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Visitas

Entrada destacada

El Gringo Brauer por Selva Almada

Uno de los protagonistas destacados de la novela El viento que arrasa es el Gringo Brauer. Es un mecánico de unos 50 años, alto, de cuerpo ...