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La Caída del Ángel por Carlos Félix Pérez de Villarreal




Reseña*

LA CAÍDA DEL ÁNGEL, de Carlos Pérez de Villarreal

Miramar: Editorial MB, 2019, 147 pp.

ISBN: 978-987-8365-44-2

Por Fabricio Rodríguez


La Caída del Ángel es una novela del género thriller fantástico, escrita por Carlos Félix Pérez de Villarreal. Esta obra, que se relanzó en su segunda edición en 2023, fue originalmente editada en 2019 y galardonada con la “Faja de Honor” de la SADE en el período 2020/2021.


Carlos Félix Pérez de Villarreal es escritor y periodista. Es Diplomado en Teoría y Producción Literaria (SADE-UNVM) y se especializó en Cuento y Novela (ILCH). Además de impartir clases en diplomaturas y seminarios, es Presidente de SADE Atlántica Mar del Plata y colabora con diversas instituciones literarias y culturales. Su experiencia periodística, que se extiende por más de cuarenta años como redactor, jefe de redacción y columnista, es un pilar fundamental en su narrativa. Previamente, editó otros libros de relatos como La aventura de narrar (2015), Narrar… sigue siendo una aventura (2017) y Narraciones aventureras (2022).


La novela que da título a esta reseña, propone una reinterpretación radical del mito del ángel caído, en especial la figura de Luzbel/Lucifer, no como personificación del mal, sino como un ser que elige la desobediencia por amor a la humanidad y su libertad. El eje del conflicto es la lucha por la verdad en un mundo manipulado por estructuras de poder y dogmas religiosos, sumado a la reflexión sobre la condición humana, el libre albedrío, y la naturaleza del mal. De este modo, articula una crítica a los sistemas de poder, especialmente la Iglesia, los medios de comunicación y el aparato del Estado. Expone cómo la “verdad revelada” puede haber sido construida a partir de errores, manipulaciones o intereses. A la vez, invita a repensar la fe, no como dogma, sino como búsqueda genuina de sentido.


Una cita de Cesare Pavese sobre la escritura como forma de desnudarse ante el mundo abre la novela. Desde allí, la historia se despliega en una doble trama: por un lado, la investigación del periodista Eduardo Bazán, y por otro, el misterioso peregrinaje de dos niños, Melisa y Nicolás, hacia una luz enigmática y simbólica.


En sus primeros capítulos, La Caída del Ángel introduce a Bazán como un experimentado periodista, maduro y desencantado, que recibe de un desconocido un manuscrito que reinterpreta el mito de Lucifer. Este disparador lo arrastra a una conspiración místico-política protagonizada por la organización secreta “Imaginarios”, cuyos miembros sostienen que la figura del ángel caído fue distorsionada por intereses religiosos, y que en verdad representa una fuerza de esperanza, rebelión y protección hacia la humanidad.


La trama se transforma pronto en un thriller cargado de tensión: persecuciones, intentos de asesinato, desapariciones, y una red de inteligencia que pone en riesgo la vida de los protagonistas. A medida que el periodista se compromete con la causa, se vincula profundamente con Ariana Robles, una mujer fuerte y enigmática que luego se revela como hija de Federico Lorca, líder del grupo.


Paralelamente, la novela recupera a intervalos el recorrido de los niños, cuyas apariciones marcan puntos clave de la narración. En el clímax de la historia, la novela trasciende la dimensión terrenal para presentar un diálogo metafísico entre Luzbel y Mikael, donde se redefine la caída como un acto de desobediencia amorosa, destinado a redimir a la humanidad.


En los últimos capítulos, la acción culmina en una secuencia de enfrentamientos y revelaciones, donde la muerte, el sacrificio y el silencio se cruzan con la posibilidad de redención. Bazán finaliza su novela al mismo tiempo que el mundo parece transformarse, fundiendo realidad y ficción. Los niños reaparecen como guías, y una luz cegadora marca el cierre de una experiencia que puso en jaque toda certeza.


El epílogo, en forma de nota de autor, contextualiza la obra en una reflexión histórica y simbólica sobre el mito del ángel caído, sugiriendo que tal vez, durante siglos, la humanidad creyó una historia al revés. La novela propone así una inquietante y poética relectura de la espiritualidad, la verdad y el acto de narrar como posibilidad de salvación.


Esta novela está narrada en primera persona, a través de los ojos de Eduardo Bazán, lo que permite al lector adentrarse en sus pensamientos, miedos y emociones a medida que su vida da un giro radical. El lector experimenta los eventos junto con él, lo que genera tensión y empatía. La obra intercala citas de autores reconocidos al inicio de cada capítulo, lo que enriquece la reflexión sobre los temas que se exploran.


El estilo narrativo del periodista evoluciona a lo largo de la historia. Comienza con un tono más reflexivo y periodístico, propio de su oficio. A medida que se ve envuelto en la trama de los “Imaginarios” y los peligros que enfrentan, su tono se vuelve más tenso, ansioso y, finalmente, resolutivo. Pasa de ser un observador a un participante activo, lo que se refleja en su voz narrativa. El autor mismo señala la transformación de Eduardo en alguien que se ha “ensuciado con sangre ajena” y luchado por su vida y la de los demás.


Los temas centrales giran en torno a la delgada línea entre la realidad y la ficción, la búsqueda de la verdad, la fe (o la falta de ella), el libre albedrío, la dualidad entre el bien y el mal, y la supervivencia. A través de la experiencia del protagonista, la novela explora cómo la “realidad supera a la ficción” y cómo el acto de escribir se convierte en una vía de escape y procesamiento de las tensiones de la vida real. El narrador se transforma, “ya no es el mismo”, y esta experiencia personal se entrelaza con la trama de la novela que está escribiendo, creando un metarelato fascinante.


La novela incorpora elementos de investigación periodística con sucesos que parecen sacados de una obra de ciencia ficción o fantasía. Bazán mismo está escribiendo una novela a medida que los acontecimientos se desarrollan, incorporando sus vivencias reales en su ficción, lo que borra los límites entre ambos. La Nota de Autor refuerza esta idea, indicando que el autor quiso contar una historia surgida de un sueño, investigando el significado del “ángel caído” y fusionando hechos verdaderos con elementos ficticios para crear una fantasía.


En la mencionada anteriormente, Nota de Autor, Pérez de Villarreal comparte su inspiración para la novela, que surgió de un sueño sobre dos niños, y su deseo de “contar algo”. Reflexiona sobre el placer y la “agonía” de escribir, y cómo la investigación del “ángel caído” lo llevó a un tema apasionante. El autor detalla el origen del mito de Lucifer, su ausencia en las Biblias modernas y el “error de traducción” de San Jerónimo en la Vulgata que dio origen a la leyenda. Concluye que el “ángel caído” es posiblemente “una de las ficciones que viene sobrellevando el ser humano desde hace más de 1.600 años”, y propone una “mera aproximación a una fantasía” donde la rebelión de Luzbel podría haber sido un acto de protección hacia la humanidad.


La novela no solo entretiene con su ritmo de thriller y misterio, sino que invita a la reflexión profunda sobre la identidad, el destino y la naturaleza humana, presentándonos una historia donde los límites entre lo divino y lo humano, la verdad y el mito, se desdibujan constantemente. Pero además, es una novela de ideas, profundamente simbólica, que explora las zonas oscuras del poder, la historia religiosa y el alma humana. A través de una estructura compleja y un estilo que combina el vértigo narrativo con la meditación filosófica, plantea una pregunta esencial: ¿qué pasa si todo lo que creímos del bien y del mal fue contado al revés?


(*) Trabajo Práctico entregado y corregido en la Diplomatura Teoría y Producción Literaria de la Sociedad Argentina de Escritores y la Universidad Nacional de Villa María. Directora Lic. Bertha Bilbao Richter. Corregido por el propio autor de la novela: el escritor y periodista Carlos Félix Pérez de Villarreal.

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Análisis del personaje Luis en La Hora de Emil García Cabot

 




Esta actividad tiene como objetivo realizar una mirada sobre el personaje Luis, de La Hora, novela polifónica del escritor Emil García Cabot (Editorial Metáfora, 2014), que retrata las dinámicas de un pueblo minero atravesado por tensiones sociales y secretos colectivos. En el marco de esta narrativa coral —donde múltiples voces construyen una verdad fragmentada—, Luis destaca como arquetipo del trabajador minero cuya trayectoria personal sintetiza los conflictos estructurales de la comunidad: la explotación laboral bajo un sistema feudal modernizado, la degradación física causada por la minería y el deterioro de los vínculos familiares. A lo largo de la novela, su historia sigue un arco descendente que va desde la conciencia crítica de su condición hasta la resignación ante un sistema que, como la mina misma, lo consume desde adentro. Este seguimiento analítico se enfoca en tres ejes: 1) su relación conflictiva con el espacio laboral y doméstico, 2) las proyecciones psicológicas que determinan sus interacciones sociales (especialmente con su esposa Marta y el vecino Artemio), y 3) su transformación en símbolo de la paradoja fundacional del pueblo: la mina como fuente de prosperidad y autodestrucción simultánea. A través de Luis, García Cabot explora cómo el extractivismo no solo modela economías, sino también subjetividades, cuerpos y silencios.

Luis emerge como figura central en un relato que explora las dinámicas de opresión laboral y fractura social en una comunidad minera. Su historia, desarrollada a lo largo de cinco apartados (capítulos), construye un retrato objetivo sobre los efectos físicos y psicológicos del trabajo extractivista bajo condiciones de explotación. El personaje se define inicialmente por su relación conflictiva con el espacio minero, donde desempeña labores que él mismo describe como “tan sucio e insalubre” (Pág. 64), al “extraerle el metal a la roca” en jornadas extenuantes que hacen “añicos todo el tiempo” (Pág. 64). La exposición permanente al amonio —que en el texto “corre por las galerías sin pedir permiso” (Pág. 64)— y al polvo de roca genera en Luis una tos crónica que trasciende lo sintomático para convertirse en metáfora corporal de la degradación sistémica, manifestándose como “el precio que debo pagar por ser minero” (Pág. 150). Este deterioro físico opera en paralelo con su alienación familiar, particularmente en la relación con su esposa Marta, quien manifiesta incomprensión ante su agotamiento existencial —“no termina de entenderlo, y para mí eso es parte de lo que me pasa” (Pág. 64)—, estableciéndose así una brecha comunicativa que refleja la dicotomía entre espacio laboral y doméstico, evidente cuando Luis se para “en la puerta de la calle como un centinela, ávido de ver espacios, de ver campo abierto…” (Pág. 149).

La estructura de poder que rige la mina, según Luis, presenta características feudales, evidenciadas en su observación de que don Hidalgo “[está] de viaje o encerrado en su feudo, esa colina que, aunque de mala muerte, lo hace sentirse todopoderoso, porque desde allí vichea todo el pueblo” (Pág. 159). Este sistema de autoridad distante se manifiesta cuando el capataz obedece “órdenes, por su puesto, del amo y señor don Hidalgo” (Pág. 159), implementando decisiones laborales como suspensiones y recortes de derechos que, según el discurso oficial, buscan reducir “hasta tal punto nuestros derechos, que ya casi no nos queda nada de la asistencia médica con que contábamos” (Pág. 159) en la creencia de que “son puros privilegios” (Pág. 163). En este contexto de opresión burocratizada, la búsqueda del hipotético medallón de piedra —ese objeto que “puede sacarnos del pantano si se refiere a lo que nosotros sospechamos” (Pág. 163)— funciona como dispositivo narrativo que evidencia las falsas promesas de movilidad social para los mineros. La frustración colectiva se intensifica cuando, tras encontrar la roseta, “no logramos entender los mineros qué es lo que verdaderamente representa” (Pág. 163), confirmando como este objeto no identificado adquiere dimensiones míticas al permanecer indescifrable, reflejando lo que Luis denuncia como “la permanente insatisfacción ambiciosa” (Pág. 163) del poder.

Las interacciones sociales de Luis revelan patrones de conducta evasivos y proyectivos. Su hábito de “salir con el mate a la puerta, es para no perderle pisada al de enfrente [Artemio]” (Pág. 64) manifiesta tanto la envidia por la movilidad geográfica que este representa —pues el vecino “ya veremos si este vino por trabajo o porque anda escapando de alguien…” (Pág. 121)— como el deseo de trascender su condición estática. Esta dinámica se intensifica con don Hidalgo, quien “[está] de viaje o encerrado en su feudo” ejerce el poder que Luis anhela, creando una paradoja donde “los mineros están en sus casas” mientras [él] se va. La proyección psicológica alcanza su clímax en los celos hacia Marta: mientras él especula que “a Marta se le van los ojos por más que lo niegue” (Pág. 164), confiesa en sus pensamientos sobre “la de enfrente atravesada en mi cabeza” (Pág. 164), revelando así la contradicción entre su moral declarada y el deseo reprimido. El Forastero a caballo completa este cuadro como figura de proyección colectiva, donde Luis especula que Camilo, “tampoco sabe nada del vecino nuevo” (Pág. 120) o un “soplón o un curioso” (Pág. 151), demostrando cómo el misterio opera como espejo de sus propios secretos inconfesables.

El deterioro progresivo de Luis alcanza su clímax narrativo cuando “la mina se cierra” (Pág. 159) bajo el argumento oficial de que “el metal se vende poco y nada” (Pág. 159), dejando a los trabajadores en un limbo económico donde “los pagos [van] acumulándose de nuevo” (Pág. 159) mientras don Hidalgo abandona simbólicamente el pueblo según su experiencia. Este momento revela la paradoja fundamental que el texto construye mediante imágenes contrastantes: la misma mina que permitió “de un pobre campamento” pasar “a ser un pueblo” (Pág. 164) es la que ahora destruye a sus habitantes mediante lo que el protagonista denuncia como “la permanente insatisfacción ambiciosa” (Pág. 163) del poder. Los símbolos recurrentes —la roseta indescifrable, el medallón de piedra que “puede sacarlos del pantano” (Pág. 163) pero nunca aparece, y la tos que envenena “sangre” y “pulmones” (Pág. 65)— cristalizan esta contradicción entre progreso colectivo y destrucción individual. Como arquetipo del proletariado en economías de enclave, Luis encarna lo que Marx denominaría enajenación del producto de su trabajo, evidenciado cuando reflexiona amargamente que “los pensamientos no se me hagan polvo en la cabeza” (Pág. 150) —imagen que metaforiza tanto el deterioro cognitivo por condiciones laborales como la apropiación capitalista del pensamiento. La narrativa demuestra así cómo el poder controla los medios de producción (“las regalías del gobierno” mencionadas en la Pág. 159) por sobre los mineros: Luis convertido en territorio de lucha, muestra cómo “estas piedras son malditas, de sobra se sabe, me están minando los pulmones” (Pág. 65), transformando su organismo en documento vivo de la explotación.

La progresión temporal del relato muestra una curva descendente en la condición del protagonista, desde la conciencia inicial de su explotación hasta la resignación final frente al sistema. Este recorrido se ve matizado por eventos climáticos como la tormenta que interrumpe una excavación clandestina, sugiriendo que la naturaleza opera como factor impredecible que ocasionalmente protege a los mineros de sí mismos. El examen de Luis como construcción literaria proporciona insights valiosos sobre las representaciones culturales de la clase trabajadora, particularmente en su capacidad para encarnar tensiones entre progreso material y destrucción humana. Su historia trasciende lo individual para convertirse en diagnóstico social de comunidades enteras sometidas a lógicas extractivistas, donde la búsqueda de recursos finitos conduce invariablemente al agotamiento tanto de la tierra como de quienes la trabajan.



(*) La Hora. Buenos Aires; Metáfora, 2014. Faja de Honor de la SADE, género novela, 2015. Prólogo de Laura Massolo y palabras de contratapa de Bertha Bilbao Richter.
(**) Trabajo Práctico entregado y corregido en la Diplomatura Teoría y Producción Literaria de la Sociedad Argentina de Escritores y la Universidad Nacional de Villa María. Directoras Lic. Bertha Bilbao Richter, Dra. María de la Paz Perez Calvo.

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