La telaraña
Camino al trabajo
Todas las mañana saludo a los
mismos 7 laburantes en el recorrido que hago para llegar al trabajo. No les
conozco el nombre a todos ni cómo empezó el saludo, se da natural. Parece un
acto totalmente rutinario pero no lo es y no es lo mismo hacer el recorrido sin
encontrarme con ese par que pasará una ardua jornada durante el día. Nos
reconocemos como laburantes y con un saludo pretendemos ser vistos. Porque el
trabajo en este sistema te aliena, te individualiza, no te deja reconocerte con
tu par por las divisiones que nos imponen. Entonces en esos 7 saludos salgo
fortalecido, orgulloso de que algo nos une y que pese las distintas tareas que
hagamos, somos laburantes, los que movemos el mundo con la fuerza de nuestro
trabajo y nos damos ánimos con un saludo.
Futuras generaciones
La pandemia mostró sus dientes agravando una crisis económica y social que como un efecto dominó golpeó a millones de familias. Trabajadores en blanco de muchos años perdieron sus empleos. Trabajadores en negro disputan una changa con los anteriores. Los desocupados de siempre dan manotazos de ahogados. Del otro lado, una minoría acrecentó sus ganancias ampliando la brecha entre ricos y pobres. Leamos las historias de las futuras generaciones.
Romi es de Constitución. Varias horas por día intercambia estampitas por dinero en el Subte. Su mamá, que es la que se hizo cargo de ella y de su hermano mayor, está desocupada. Su hermano Matías no recibirá más el IFE. Tuvieron que tomar tierras para construir un hogar porque no les alcanza para pagar un alquiler. La pequeña es parte del 10% de les niñes que “trabajan”. Zafó de responsabilizarse de otros hermanitos, como pasa en otras familias, donde les niñes se convierten en adultos para llevar adelante las tareas domésticas y de consumo. Zafó de vivir en el interior, donde en los crudos campos se duplica el “trabajo” para los más pequeños. No zafó de la naturalización. Y de escolarización no hablemos.
Uli y Gael son de Nordelta. Por las mañanas participan en las clases virtual del colegio bilingüe. Durante las tardes, aburridos de la mansión que heredarán, salen a ver la Guardería Náutica en el lago del barrio, ya que falta para la temporada de Buceo y el Golf aún no lo entienden. Su papá este año no pagó las tarifas de luz sin que corran riesgo de quedarse a oscuras. Los pequeños pasan más tiempo con su papá y mamá porque ambos trabajan desde casa y las tareas domésticas las hace una piba de un barrio cercano. Los hermanitos zafaron del “trabajo” infantil.
Queda claro que en las historias de las futuras generaciones, la pandemia no es el problema sino que hay un sistema que construye estas realidades. El plato de comida y la vivienda de millones se convirtieron en un lujo. Hay que darle prioridad a la niñéz con días felices, educación y salud, y no al pago de una deuda millonaria que no nos pertenece. Hay que dar vuelta todo.
Las cosas por su nombre
La masacre de Avellaneda
Pesadilla al acabar
#GilestJaunes
Día de la Pachamama
Basta de Temer
En el noticiero lo denominaron Rufián. Este personaje mediático, de pie en su cocina reflexionó sobre el precio de los productos comprados. Luego, vio por la ventana una multitud marchar. Abolló el recibo de compra para llenar el bolsillo con el mismo. Rufián, salió por tevé por participar en la protesta.
Cuando se sumó, otros también lo hicieron. Así, comenzaron a multiplicarse para luchar contra el que mira desde arriba: como dicen las pancartas y banderas que escribieron los mismos puños en altos. Las paredes temblaron al anochecer al ritmo de los pasos; canciones brillaron por el sol oculto.
El presidente vestido de traje color hipocresía los esperó desde su balcón; desde lejos los colores de sus ropas se mezclaron con los de los yutas que lo custodian. Tan cínicos, y como estatuas sonrientes, ignoran desde arriba al pueblo resistiendo sus políticas de ajustes.
Rufián y los demás, escucharon que el presidente dijo: no me pienso bajar.
Moldenses
Espacios conquistados
Enceguecido
Vecinos Enfrentados
Descongelar el congelador
Mi viejo enojado siempre nos decía que “si alguien fuera el hielo del congelador, terminaría como tal”. No lo había entendido hasta que me tocó descongelarlo. Cuando lo desenchufé, el hielo empezó a derretirse y el congelador se desagotó por completo. Terminó en un charco de agua sobre el suelo. El hielo no solo perdió la solidez, sino también quedó excluido del congelador, su ambiente, al quitarle suministro de energía.
























