Los precios
del combustible se elevaron hasta la estratósfera de Francia. Por poco chocan
directamente contra un satélite que orbita alrededor del planeta. Esto causó que rabia circule por la sociedad. “Nous ne voulons pas miettes, nous voulons
de la baguette”, exclamaron uniendo sus reclamos.
Frente a estas reforman que atacan los bolsillos de la clase que mueve los engranajes de la población, un sector conocido como les Gilets Jaunes, rompieron el silencio de Estado saliendo espontáneamente
a las calles para manifestar sus preocupaciones. El gobierno convencido respondió con
balas y gases lacrimógenos (la violencia de siempre) para impedir la avanzada. Además, desplazaron tecnología militar de última generación. Pero estos trabajadores y trabajadoras
con chalecos amarillos iluminaron la zona del Arco del Triunfo con el fuego de
sus molotovs. En medio de la urbe se armaron barricadas a plena luz de distintos vehículos en llamas. Laburantes de otros sectores imitaron su vestimenta para
apoyarlos. Luego estudiantes aparecieron en la escena con carteles con frases como “systeme
abolition”. A estos los hicieron arrodillar a punta de ametralladora como en Siria.
Movilizaciones,
barricadas y disputas cuerpo a cuerpo entre chalecos amarillos y fuerzas
represivas del Estado se extendieron por las distintas ciudades del país. Miles de personas fueron privadas de su libertad. Después de la visita al G20 organizado en Argentina, el
presidente Macron se vio en serios aprietos: regresó a su tierra natal para retroceder con el aumento de
combustible.
Al correr
los días, trabajadores y trabajadoras de varios países del mundo se vistieron
con chalecos amarillos y comenzaron a luchar como los franceses. Las demandas
de la clase trabajadora se expresaron bajo un mismo distintivo demostrando que
es una y sin fronteras.
Actualmente en Francia se
extienden gradualmente las luchas. Acorralado Macron, en cadena nacional anunció que
aumentaría el sueldo mínimo para frenarlas. ¿Esta historia continuará?







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