Esta semana
reprimieron brutalmente a los trabajadores de Cresta Roja que venían llevando adelante
un acampe pacífico en las puertas de la planta de Esteban Echeverría. Con los
puños en alto pelean desde hace tiempo (conflicto que comenzó 2014 para ser más
específico) por la reincorporación de las trabajadoras y trabajadores
despedidos y además por los pagos adeudados. Durante la cacería que llevó
adelante la Bonaerense, hubo varios detenidos, inclusive los vecinos que se
acercaron para auxiliar a los obreros y resguardarlos de las balas de gomas y
gases lacrimógenos.
Como es de
costumbre la policía en complicidad con la patronal mantuvieron incomunicados a
los heridos dentro de varias celdas. En forma sistemática se niegan a brindar
información sobre el paradero de los mismos a sus familiares y compañeros de laburo.
Cabe destacar
que en abril de 2016, Mauricio Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal,
quien es responsable directa de la policía de la provincia de Buenos Aires que
se ha encargado de reprimirlos, recorrieron la planta de Cresta Roja en Monte
Grande. En el marco de una avícola que a paso lento se reactivaba fruto de las
peleas que dieron los despedidos en las calles, sostuvieron que “sí se puede”
acompañando un discurso en el que el “crecimiento del empleo y la llegada de
las inversiones” fue su eje central.
Semanas posteriores,
el presidente y la gobernadora volvieron a visitar la empresa, pero en esta
ocasión, para vetar la Ley antidespidos. Y lo hicieron con exorbitante cinismo para
“demostrar cómo tenemos que trabajar”, mientras silenciaron a los despedidos y diversas
organizaciones que rodearon la avícola en repudio de sus presencias.
Cada vez que
encuentro información sobre Cresta Roja en la tevé o en las redes sociales, recuerdo
las historias que contó una profesora fuera de sus clases. Resulta que su
sobrino mayor llegó un día a su casa desesperado y solicitado: “tía, tía,
necesito el auto, urgente”. Cuando le preguntó el motivo, respondió que
necesitaba llegar a la avícola cuanto antes. La profesora con el rostro
iluminado por la solidaridad del mismo en querer apoyar la lucha, le entregó
las llaves en sus manos sin dudarlo. Apretando el acelerador a fondo cruzó de
provincia en pocas horas con una amiga de copilota.
Al finalizar
la siguiente clase, la docente nos cuenta una segunda historia o mejor dicho la
segunda parte de la misma, esta vez, desilusionada. Metieron en cana a su
sobrino e incautaron el auto. Gendarmería Nacional los redujo cuando intentaron
salvar a los pollos de la cadena de producción para dejarlos en libertad.







0 Comentarios:
Publicar un comentario