Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

Cresta al rojo




Esta semana reprimieron brutalmente a los trabajadores de Cresta Roja que venían llevando adelante un acampe pacífico en las puertas de la planta de Esteban Echeverría. Con los puños en alto pelean desde hace tiempo (conflicto que comenzó 2014 para ser más específico) por la reincorporación de las trabajadoras y trabajadores despedidos y además por los pagos adeudados. Durante la cacería que llevó adelante la Bonaerense, hubo varios detenidos, inclusive los vecinos que se acercaron para auxiliar a los obreros y resguardarlos de las balas de gomas y gases lacrimógenos.

Como es de costumbre la policía en complicidad con la patronal mantuvieron incomunicados a los heridos dentro de varias celdas. En forma sistemática se niegan a brindar información sobre el paradero de los mismos a sus familiares y compañeros de laburo.

Cabe destacar que en abril de 2016, Mauricio Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal, quien es responsable directa de la policía de la provincia de Buenos Aires que se ha encargado de reprimirlos, recorrieron la planta de Cresta Roja en Monte Grande. En el marco de una avícola que a paso lento se reactivaba fruto de las peleas que dieron los despedidos en las calles, sostuvieron que “sí se puede” acompañando un discurso en el que el “crecimiento del empleo y la llegada de las inversiones” fue su eje central.  

Semanas posteriores, el presidente y la gobernadora volvieron a visitar la empresa, pero en esta ocasión, para vetar la Ley antidespidos. Y lo hicieron con exorbitante cinismo para “demostrar cómo tenemos que trabajar”, mientras silenciaron a los despedidos y diversas organizaciones que rodearon la avícola en repudio de sus presencias.

Cada vez que encuentro información sobre Cresta Roja en la tevé o en las redes sociales, recuerdo las historias que contó una profesora fuera de sus clases. Resulta que su sobrino mayor llegó un día a su casa desesperado y solicitado: “tía, tía, necesito el auto, urgente”. Cuando le preguntó el motivo, respondió que necesitaba llegar a la avícola cuanto antes. La profesora con el rostro iluminado por la solidaridad del mismo en querer apoyar la lucha, le entregó las llaves en sus manos sin dudarlo. Apretando el acelerador a fondo cruzó de provincia en pocas horas con una amiga de copilota.

Al finalizar la siguiente clase, la docente nos cuenta una segunda historia o mejor dicho la segunda parte de la misma, esta vez, desilusionada. Metieron en cana a su sobrino e incautaron el auto. Gendarmería Nacional los redujo cuando intentaron salvar a los pollos de la cadena de producción para dejarlos en libertad.




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