Una imagen espantosa golpeaba las
manos contra el suelo levantando polvillo y meneaba con movimientos oblicuos la
cadera; tenebrosos sonidos salían de sus vertebras al estrujar el cuerpo
mientras se ponía de pie. Un sujeto, no se percataba que lentamente, como
flotando en el aire, lo rodeaba la imagen. Ésta se burlaba de él cuando se
dirigía plácidamente a un camino repleto de obstáculos, que parecían estorbos
que solo veía cuando los chocaba asegurándose que allí estaban. La imagen al
rodearlo lo enceguecía captando de su atención de manera audaz. Seguía
estrujando el cuerpo y movía sus manos asediándolo; la danza establecía el
horizonte. La imagen que para él no existía era quien marcaba la dirección.







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