Se esforzaba por tachar la imagen
de la compañera del vecino de enfrente. En un instante sus neuronas saltaban
recordando si otra mujer lo había mirado así. ¿Su imaginación jugaba con él?
¿Deseaba a la mujer de su prójimo, siendo este su nuevo enemigo? ¿El enemigo es
el prójimo? Dudas empapeladas con misterio lo hacían confundir.
Apoyado sobre la pared no perdía
de vista su plan en acción. La vez que conoció un joven actor que vive de
pequeños papeles que consigue, sabía que lo contrataría en un futuro. El actor,
vestido de traje con una planilla en manos, realizó algunas preguntas sobre los
derechos de los animales; para no sembrar sospechas recorrió cuatro cuadras a
la redonda. Observando a la compañera de su vecino, dedujo que no se negaría a
revelar sus datos en la encuesta; ella utiliza pullovers con animales bordados.
Esa misma noche, mientras hacía
zapping en la tevé, ingresó con entusiasmo a las redes sociales para buscar
virtualmente a la chica de enfrente. De los datos que recolectó el joven, solo
uno era importante: simplemente su usuario.
Por la tarde, el actor recibió su
paga y se fue pensando cómo pueden existir vecinos enfrentados.







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