Luego de la intensa pelea,
limpiando su rostro con agua en el baño de su casa, no podía creer que su
vecino de enfrente quiera comenzar una guerra. Jamás había pretendido golpear
al recién llegado; su intensión fue saludarlo e iniciar una común relación.
Una grieta naciente en su ceja
–tremendo dolor surgía de la herida-, fue la chispa que encendió la voluntad de
querer ir a prenderle fuego la casa y bailar alrededor. Su plan radica en
destruirlo y/o convencer con violencia a una nueva mudanza lejos de su vida.
Mientras veía su rostro en el
espejo, sus lágrimas empezaron a caer; largó un llanto que podría haber sido
escuchado en otras habitaciones. ¿Cómo es posible que le sucedan este tipo de
cosas? ¿Se encerraría dejando el problema de lado para no enfrentarlo?
Al final, en plena reflexión,
aceptó el desafío, el único camino que brindaba el azar. Ahora sus pasos tienen
un propósito, sabe que tiene que acabar esta guerra de vecinos enfrentados.







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