Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

Los caballos de Abdera por Leopoldo Lugones


 


Tenía pendiente a Leopoldo Lugones, muy mencionado por Jorge Luis Borges. Quizás porque su hijo fue pionero en la picana eléctrica en nuestro país. Asimismo, es admirado y considerado por el erudito como el máximo exponente del modernismo argentino. Empecé leyendo, de la colección “Las fuerzas extrañas”, el cuento titulado “Los caballos de Abdera” (1906), simplemente porque se menciona la ciudad griega que nos dio al célebre sofista Protágoras y al filósofo Demócrito. En el cuento, construye una parábola sobre los límites del antropocentrismo, por la crítica a la civilización que humaniza la naturaleza hasta perder el control. No encontré información fehaciente sobre si Abdera fue reconocida por el culto a los caballos y al leerlo me recordó a los Dothrakis de Game of Thrones. Sin embargo, la narración expone cómo la obsesión humana por humanizar lo animal desata el caos.

Abdera venera a sus caballos dándole nombres humanos, compartiendo mesa con ellos y hasta como exceso poético construyen templos en su honor. Como si un presidente pondría a sus perros en el bastón presidencial. Pero cuando los equinos desarrollan conciencia e inteligencia, rechazan arneses y yugos. La rebelión estalla con caballos acorazados de bronce: asaltan la ciudad, bloquean el puerto y masacran ciudadanos, reduciendo la polis a escombros. Todo es caos.

La devoción de Abdera por sus caballos (hasta enterrarlos con “pompas burguesas” exigiendo “espejos en sus pesebres”) se vuelve contra ellos: los mismos animales que adornaban salones destruyen murallas con “encarnizamiento furioso”. Esto da una sensación de cómo encarna una civilización que borra los límites entre lo humano y lo animal.

En el punto de mayor tensión, utilizando el recurso literario Deus ex machina del teatro griego clásico, aparece lo alegórico, la aparición de Hércules —en forma de criatura híbrida de león colosal y semidiós— que no salva por bondad, sino por poder ancestral. Su rugido humano restaura el orden al aniquilar a los rebeldes, recordando que la naturaleza domesticada puede revertir su rol. El héroe de la mitología griega destaca por su fuerza sobre natural y amar la humanidad. En el cuento, su llegada no es triunfo humano, todo lo contrario, es la naturaleza recordando su supremacía. Podríamos decir que Lugones critica la civilización que domestica, y muestra como la naturaleza cobra venganza. Como las consecuencias de la deforestación que se vuelve en nuestra contra.

Lugones se pregunta, ¿hasta dónde puede la civilización alterar lo natural?. El cuento que tiene más de cien años perdura como advertencia: cuando el dominador olvida su lugar, lo dominado se convierte en verdugo. Da para pensar la ecología entre otras tantas temáticas. Es una obra excelente que fusiona un mito griego con horror.




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Confesiones de un crítico literario por George Orwell




George Orwell es uno de mis referentes literarios favoritos. Aún hoy sus ficciones me siguen impactando por todo lo que significan y provocan. Pero es en sus textos periodísticos —crónicas, artículos y ensayos— donde más me identifico con él. En ese terreno, lo siento parte del “género del palo”, como decimos en Argentina cuando alguien representa lo que uno piensa y siente.


Como no he escrito nada en este blog sobre él, empezaré por lo más simple y ahí quedará hasta la próxima mención: el escritor se llamaba Eric Arthur Blair y nació en la India el 25 de junio de 1903, que en ese entonces era una colonia británica. Eligió el seudónimo a sus 30 años, según tengo entendido por “George” el nombre más común para aquel entonces y “Orwell” uno de los ríos más importantes de Inglaterra. Con ese seudónimo, pasó a ser conocido en la literatura política, tal como le gustaba llamar a sus obras.


El artículo que da título a esta crónica fue leído del libro Tiempos críticos, una selección de artículos y ensayos centrada en las artes y la literatura. En dicho texto, retrata con ironía mordaz la vida de un crítico literario como un ser atormentado por su oficio. El protagonista, un hombre prematuramente envejecido a los 35 años, aparece sumido en el caos: su escritorio es un campo de batalla de papeles polvorientos, facturas sin pagar, cartas sin responder y libros enviados por editoriales que debe reseñar contra su voluntad. La llegada de un paquete con cinco volúmenes que debe reseñar "juntos" lo sume en una parálisis moral; los libros tratan temas que desconoce y su sola presencia le provoca un asco comparable a «comerse un pudin frío de harina de arroz con aceite de ricino».


A pesar del desdén, el crítico cumple mecánicamente su tarea: trabaja toda la noche hojeando libros con cinismo («¡Dios, menuda chorrada!», escrito por él) y entrega su artículo a tiempo, pero el proceso lo deja exhausto, malhumorado y con los nervios destrozados. Orwell denuncia así la hipocresía del sistema literario: los críticos elogian "basura" por obligación, inventan reacciones falsas ante libros que desprecian, y su trabajo se reduce a una fábrica de reseñas indiscriminadas (unas 100 al año). La consecuencia es la degradación humana y la imposibilidad de la crítica honesta.


Al margen de que el texto me haya interpelado profundamente por el ataque a la Cultura, Ciencia, Tecnología, docentes e Intelectuales en Argentina, quedé pensando en cómo esta cuestión se ha desvirtuado en tiempos de redes sociales. ¿Qué habría pensado George Orwell frente a la avalancha de reseñas en Instagram, TikTok o YouTube, producidas más para atraer seguidores, acumular likes y monetizar que para dialogar con la obra misma? ¿Lo imaginaríamos hoy como un crítico literario enfrentando a las nuevas formas del totalitarismo digital, corporativo y estético? Jamás lo sabremos. Pero justamente por eso, porque no está para decirnos qué pensar, la tarea es nuestra: reflexionar, incomodarnos y preguntarnos qué lugar ocupa hoy la palabra crítica en un mundo saturado de imágenes y estímulos.




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La Caída del Ángel por Carlos Félix Pérez de Villarreal




Reseña*

LA CAÍDA DEL ÁNGEL, de Carlos Pérez de Villarreal

Miramar: Editorial MB, 2019, 147 pp.

ISBN: 978-987-8365-44-2

Por Fabricio Rodríguez


La Caída del Ángel es una novela del género thriller fantástico, escrita por Carlos Félix Pérez de Villarreal. Esta obra, que se relanzó en su segunda edición en 2023, fue originalmente editada en 2019 y galardonada con la “Faja de Honor” de la SADE en el período 2020/2021.


Carlos Félix Pérez de Villarreal es escritor y periodista. Es Diplomado en Teoría y Producción Literaria (SADE-UNVM) y se especializó en Cuento y Novela (ILCH). Además de impartir clases en diplomaturas y seminarios, es Presidente de SADE Atlántica Mar del Plata y colabora con diversas instituciones literarias y culturales. Su experiencia periodística, que se extiende por más de cuarenta años como redactor, jefe de redacción y columnista, es un pilar fundamental en su narrativa. Previamente, editó otros libros de relatos como La aventura de narrar (2015), Narrar… sigue siendo una aventura (2017) y Narraciones aventureras (2022).


La novela que da título a esta reseña, propone una reinterpretación radical del mito del ángel caído, en especial la figura de Luzbel/Lucifer, no como personificación del mal, sino como un ser que elige la desobediencia por amor a la humanidad y su libertad. El eje del conflicto es la lucha por la verdad en un mundo manipulado por estructuras de poder y dogmas religiosos, sumado a la reflexión sobre la condición humana, el libre albedrío, y la naturaleza del mal. De este modo, articula una crítica a los sistemas de poder, especialmente la Iglesia, los medios de comunicación y el aparato del Estado. Expone cómo la “verdad revelada” puede haber sido construida a partir de errores, manipulaciones o intereses. A la vez, invita a repensar la fe, no como dogma, sino como búsqueda genuina de sentido.


Una cita de Cesare Pavese sobre la escritura como forma de desnudarse ante el mundo abre la novela. Desde allí, la historia se despliega en una doble trama: por un lado, la investigación del periodista Eduardo Bazán, y por otro, el misterioso peregrinaje de dos niños, Melisa y Nicolás, hacia una luz enigmática y simbólica.


En sus primeros capítulos, La Caída del Ángel introduce a Bazán como un experimentado periodista, maduro y desencantado, que recibe de un desconocido un manuscrito que reinterpreta el mito de Lucifer. Este disparador lo arrastra a una conspiración místico-política protagonizada por la organización secreta “Imaginarios”, cuyos miembros sostienen que la figura del ángel caído fue distorsionada por intereses religiosos, y que en verdad representa una fuerza de esperanza, rebelión y protección hacia la humanidad.


La trama se transforma pronto en un thriller cargado de tensión: persecuciones, intentos de asesinato, desapariciones, y una red de inteligencia que pone en riesgo la vida de los protagonistas. A medida que el periodista se compromete con la causa, se vincula profundamente con Ariana Robles, una mujer fuerte y enigmática que luego se revela como hija de Federico Lorca, líder del grupo.


Paralelamente, la novela recupera a intervalos el recorrido de los niños, cuyas apariciones marcan puntos clave de la narración. En el clímax de la historia, la novela trasciende la dimensión terrenal para presentar un diálogo metafísico entre Luzbel y Mikael, donde se redefine la caída como un acto de desobediencia amorosa, destinado a redimir a la humanidad.


En los últimos capítulos, la acción culmina en una secuencia de enfrentamientos y revelaciones, donde la muerte, el sacrificio y el silencio se cruzan con la posibilidad de redención. Bazán finaliza su novela al mismo tiempo que el mundo parece transformarse, fundiendo realidad y ficción. Los niños reaparecen como guías, y una luz cegadora marca el cierre de una experiencia que puso en jaque toda certeza.


El epílogo, en forma de nota de autor, contextualiza la obra en una reflexión histórica y simbólica sobre el mito del ángel caído, sugiriendo que tal vez, durante siglos, la humanidad creyó una historia al revés. La novela propone así una inquietante y poética relectura de la espiritualidad, la verdad y el acto de narrar como posibilidad de salvación.


Esta novela está narrada en primera persona, a través de los ojos de Eduardo Bazán, lo que permite al lector adentrarse en sus pensamientos, miedos y emociones a medida que su vida da un giro radical. El lector experimenta los eventos junto con él, lo que genera tensión y empatía. La obra intercala citas de autores reconocidos al inicio de cada capítulo, lo que enriquece la reflexión sobre los temas que se exploran.


El estilo narrativo del periodista evoluciona a lo largo de la historia. Comienza con un tono más reflexivo y periodístico, propio de su oficio. A medida que se ve envuelto en la trama de los “Imaginarios” y los peligros que enfrentan, su tono se vuelve más tenso, ansioso y, finalmente, resolutivo. Pasa de ser un observador a un participante activo, lo que se refleja en su voz narrativa. El autor mismo señala la transformación de Eduardo en alguien que se ha “ensuciado con sangre ajena” y luchado por su vida y la de los demás.


Los temas centrales giran en torno a la delgada línea entre la realidad y la ficción, la búsqueda de la verdad, la fe (o la falta de ella), el libre albedrío, la dualidad entre el bien y el mal, y la supervivencia. A través de la experiencia del protagonista, la novela explora cómo la “realidad supera a la ficción” y cómo el acto de escribir se convierte en una vía de escape y procesamiento de las tensiones de la vida real. El narrador se transforma, “ya no es el mismo”, y esta experiencia personal se entrelaza con la trama de la novela que está escribiendo, creando un metarelato fascinante.


La novela incorpora elementos de investigación periodística con sucesos que parecen sacados de una obra de ciencia ficción o fantasía. Bazán mismo está escribiendo una novela a medida que los acontecimientos se desarrollan, incorporando sus vivencias reales en su ficción, lo que borra los límites entre ambos. La Nota de Autor refuerza esta idea, indicando que el autor quiso contar una historia surgida de un sueño, investigando el significado del “ángel caído” y fusionando hechos verdaderos con elementos ficticios para crear una fantasía.


En la mencionada anteriormente, Nota de Autor, Pérez de Villarreal comparte su inspiración para la novela, que surgió de un sueño sobre dos niños, y su deseo de “contar algo”. Reflexiona sobre el placer y la “agonía” de escribir, y cómo la investigación del “ángel caído” lo llevó a un tema apasionante. El autor detalla el origen del mito de Lucifer, su ausencia en las Biblias modernas y el “error de traducción” de San Jerónimo en la Vulgata que dio origen a la leyenda. Concluye que el “ángel caído” es posiblemente “una de las ficciones que viene sobrellevando el ser humano desde hace más de 1.600 años”, y propone una “mera aproximación a una fantasía” donde la rebelión de Luzbel podría haber sido un acto de protección hacia la humanidad.


La novela no solo entretiene con su ritmo de thriller y misterio, sino que invita a la reflexión profunda sobre la identidad, el destino y la naturaleza humana, presentándonos una historia donde los límites entre lo divino y lo humano, la verdad y el mito, se desdibujan constantemente. Pero además, es una novela de ideas, profundamente simbólica, que explora las zonas oscuras del poder, la historia religiosa y el alma humana. A través de una estructura compleja y un estilo que combina el vértigo narrativo con la meditación filosófica, plantea una pregunta esencial: ¿qué pasa si todo lo que creímos del bien y del mal fue contado al revés?


(*) Trabajo Práctico entregado y corregido en la Diplomatura Teoría y Producción Literaria de la Sociedad Argentina de Escritores y la Universidad Nacional de Villa María. Directora Lic. Bertha Bilbao Richter. Corregido por el propio autor de la novela: el escritor y periodista Carlos Félix Pérez de Villarreal.

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