Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

La fiesta ajena por Liliana Heker




El título “La fiesta ajena” adelanta el cuento y hacia dónde se dirige el texto. Introduce una fiesta que no está destinada ni para el narrador ni para los personajes. Es ajena. Y en los primeros versos nos adentra sus razones: “es una fiesta de ricos”, según Herminia. 

La mujer es la sirvienta de la casa de Luciana, la cumpleañera. Su hija Rosaura quiere ir porque se considera amiga. Hacen la tarea juntas, dice.

Liliana Heker, por allá en 1982, durante la dictadura, dialoga con esta situación: una sirvienta y dos clases antagonistas. Vuelve a publicarse en un libro de cuentos en 1991. Podríamos volver a publicarlo porque no envejeció.

La inocencia e ingenuidad de Rosaura chocará con una realidad cruel: la premisa marxista de que la burguesía transforma la realidad para su propio beneficio, empleando y explotando al proletariado. Los ricos podrán ir al cielo, como dice ella, y bienaventurado los pobres que para ellos también es el reino, pero antes, pasarán por la tierra con el afán desmedido de la soberbia y avaricia. Porque justamente en este sistema capitalista se creen dueños de nuestras vidas, de vidas como la de Herminia y Rosaura.

La niña manifestó su aspiración, ofuscándose con su mamá por la visión que tenía de la familia de Luciana. Ella quería ser rica, también, que como niña es difícil comprender la situación, sino más bien es un deseo. Sin embargo, como “más sabe el zorro por viejo que por zorro”, la cuestión es que, para Herminia, como para cualquier madre, es difícil plantear que no tiene nada que ver con esas personas, y que la van a usar. Herminia aportó a esa “amistad” como consecuencia de llevarla a su trabajo, seguramente porque no tenía con quién dejarla, y sobre todo, con quién dejarla para hacer la tarea. Caso contrario la vida de Luciana, que Herminia cuidaba, ayudaba con los deberes y le preparaba la merienda.

De todos modos, “la sirvienta”, hizo que Rosaura sea parte de la fiesta, que se vea hermosa y mostró su esmero en la preparación para su asistencia, a la fiesta donde las amigas de Luciana se preocuparon por pertenecer a una clase, mientras que ella ganó en la carrera de embolsados, en la mancha agachada y jugó con los varones al delegado. Procuró divertirse, mostrando allí, en el juego, dónde se vieron las claras diferencias en la educación clasista.

Rosaura, engañada bajo una máscara de juego y cooperación, no tomó consciencia que Inés, la madre de Luciana, la puso a trabajar durante el cumpleaños. Hizo falta un símbolo para percatarse: no recibió lo mismo en forma de suvenir como todos los chicos y las chicas del cumpleaños, sino, recibió una paga como su mamá, que es la sirvienta. Un golpe muy duro para una niña, y cualquier niño. Este cuento muestra de manera sencilla como la crueldad puede operar en silencio.

 



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Herman por Krasznahorkai László




A las pocas horas de enterarme sobre el nuevo Nobel de Literatura, descargué el libro Kegyelmi viszonyok en húngaro, que luego traduje con Google. Una traducción legible para mi gusto, a prueba de ansiosos que querían degustar sus cuentos. Su título en inglés lo mencionan como Relations of Grace – Death Stories (Relaciones de gracia), prefiriendo más la traducción en español de Relaciones misericordiosas, ya que para mí, no refieren a lo mismo. Ustedes pueden hacer el ejercicio de buscar ambas definiciones y sacar sus conclusiones con los textos. Aunque ambas están ligadas, quizás, a los pecados y las miserias humanas vistas desde la óptica del cristianismo, a propósito, no tiene nada que ver con Dios, sino con una cuestión trascendental a partir de la reflexión. Sigamos.

Como todo libro de cuentos, fui leyendo los que el azar me seleccionaba, o quizás el inconsciente al leer los títulos. Hasta me encontré con uno: “El fin del arte” para la traducción que me hizo Google, “El fin del oficio” para la traducción hecha por un traductor en español y para el traductor inglés. Me gustó más la traducción de “El fin del arte”, por la mera historia y por el epígrafe que hace mención al Nobel japonés Yukio Mishima, debido a imaginarlo dantoescamente (de Arthur C. Danto)  como concepto de que “se termina la historia del arte”, o provocativamente, “la muerte del arte”. Danto no dice que ahora ya no habrá más arte, lo que sostiene es que se termina el relato de la historia. Se termina la búsqueda de la respuesta a la pregunta “¿qué es una obra de arte?”. E imaginé al japonés ganador del galardón haciendo un harakiri: no solo es el fin del oficio de escribir, sino algo más: ¿qué es una obra de arte si no la locura de provocar una muerte así? Me estoy dejando llevar por la imaginación. Vuelvo.

Leí, sin querer, sin haber comprendido demasiado, y el azar me llevó por allí, “la segunda versión del texto”. Así es, empecé por “lo segundo”, aunque no es una continuación, sino una segunda mirada, lo cual es más reconfortante y que al leer luego “lo primero” puede que sea una interesante propuesta del error. ¿Qué impacto en lo que hace a la “misericordia” hubiese tenido si fuese al revés? No lo sé.

Voy a presentarlo en orden cronológico como sugieren en las distintas ediciones a lo largo del mundo.

El cuento inicial de Herman, El guardabosques”, establece una escena crucial. Herman, un cazador extraordinariamente hábil (un artista de la caza ancestral), es enviado al abandonado bosque de Remete en Hungría para eliminar la enorme cantidad de “depredadores nocivos” que han proliferado. Después de dos años de exterminar animales, Herman tiene una pesadilla reveladora junto a un pozo de cadáveres, donde escucha ruidos repulsivos. Esto lo detiene, ya que se da cuenta de que había estado “sumido en la más profunda ignorancia”: comprende que todas las criaturas, sean salvajes, domésticas, animales o humanas, son parte de un único y desordenado conjunto sin ninguna jerarquía.

Una ola de compasión lo invade, poniéndose del lado de las víctimas, lo que lo lleva a rechazar la obediencia ciega a “la tiranía de la ley” que antes lo había dominado. Habiendo superado las nociones de bien y mal y la arrogancia humana, Herman comienza una nueva trayectoria: por resentimiento y en defensa de los animales, ahora se dedicará a cazar personas, convirtiéndose a su vez en fugitivo de la ley.

El segundo relato titulado “El fin del oficio (arte)”, funciona como una alegoría que aborda el mismo tema desde un ángulo diferente. En esta ocasión, la historia es narrada por un personaje aristocrático con inclinaciones libertinas, una especie de Marqués de Sade moderno que se siente atraído por el “audaz impulso del sacrilegio” y la “emoción de un acto criminal”.

Este narrador y sus amigos se encuentran en la ciudad y, como si fueran turistas, descubren con un placer estético las actividades de Herman, quien deja animales muertos cerca de las casas para luego capturar a personas. El narrador empieza a sentir que “debe haber alguna interconexión entre “Herman y nosotros...”. El clímax llega cuando Herman coloca una trampa en la alfombra roja que lleva al altar mayor de una catedral católica.

Ambos relatos, aunque con variaciones en la trama, comparten la misma preocupación filosófica: las consecuencias de desafiar y desmantelar las normas y valores humanos establecidos. La revuelta de Herman, nacida de su horror ante la arrogancia humana, es admirable en su intención, pero resulta tan vana como la postura del narrador sádico, cuya aspiración de una “liberación total de la imaginación” es inalcanzable.



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