Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

Herman por Krasznahorkai László




A las pocas horas de enterarme sobre el nuevo Nobel de Literatura, descargué el libro Kegyelmi viszonyok en húngaro, que luego traduje con Google. Una traducción legible para mi gusto, a prueba de ansiosos que querían degustar sus cuentos. Su título en inglés lo mencionan como Relations of Grace – Death Stories (Relaciones de gracia), prefiriendo más la traducción en español de Relaciones misericordiosas, ya que para mí, no refieren a lo mismo. Ustedes pueden hacer el ejercicio de buscar ambas definiciones y sacar sus conclusiones con los textos. Aunque ambas están ligadas, quizás, a los pecados y las miserias humanas vistas desde la óptica del cristianismo, a propósito, no tiene nada que ver con Dios, sino con una cuestión trascendental a partir de la reflexión. Sigamos.

Como todo libro de cuentos, fui leyendo los que el azar me seleccionaba, o quizás el inconsciente al leer los títulos. Hasta me encontré con uno: “El fin del arte” para la traducción que me hizo Google, “El fin del oficio” para la traducción hecha por un traductor en español y para el traductor inglés. Me gustó más la traducción de “El fin del arte”, por la mera historia y por el epígrafe que hace mención al Nobel japonés Yukio Mishima, debido a imaginarlo dantoescamente (de Arthur C. Danto)  como concepto de que “se termina la historia del arte”, o provocativamente, “la muerte del arte”. Danto no dice que ahora ya no habrá más arte, lo que sostiene es que se termina el relato de la historia. Se termina la búsqueda de la respuesta a la pregunta “¿qué es una obra de arte?”. E imaginé al japonés ganador del galardón haciendo un harakiri: no solo es el fin del oficio de escribir, sino algo más: ¿qué es una obra de arte si no la locura de provocar una muerte así? Me estoy dejando llevar por la imaginación. Vuelvo.

Leí, sin querer, sin haber comprendido demasiado, y el azar me llevó por allí, “la segunda versión del texto”. Así es, empecé por “lo segundo”, aunque no es una continuación, sino una segunda mirada, lo cual es más reconfortante y que al leer luego “lo primero” puede que sea una interesante propuesta del error. ¿Qué impacto en lo que hace a la “misericordia” hubiese tenido si fuese al revés? No lo sé.

Voy a presentarlo en orden cronológico como sugieren en las distintas ediciones a lo largo del mundo.

El cuento inicial de Herman, El guardabosques”, establece una escena crucial. Herman, un cazador extraordinariamente hábil (un artista de la caza ancestral), es enviado al abandonado bosque de Remete en Hungría para eliminar la enorme cantidad de “depredadores nocivos” que han proliferado. Después de dos años de exterminar animales, Herman tiene una pesadilla reveladora junto a un pozo de cadáveres, donde escucha ruidos repulsivos. Esto lo detiene, ya que se da cuenta de que había estado “sumido en la más profunda ignorancia”: comprende que todas las criaturas, sean salvajes, domésticas, animales o humanas, son parte de un único y desordenado conjunto sin ninguna jerarquía.

Una ola de compasión lo invade, poniéndose del lado de las víctimas, lo que lo lleva a rechazar la obediencia ciega a “la tiranía de la ley” que antes lo había dominado. Habiendo superado las nociones de bien y mal y la arrogancia humana, Herman comienza una nueva trayectoria: por resentimiento y en defensa de los animales, ahora se dedicará a cazar personas, convirtiéndose a su vez en fugitivo de la ley.

El segundo relato titulado “El fin del oficio (arte)”, funciona como una alegoría que aborda el mismo tema desde un ángulo diferente. En esta ocasión, la historia es narrada por un personaje aristocrático con inclinaciones libertinas, una especie de Marqués de Sade moderno que se siente atraído por el “audaz impulso del sacrilegio” y la “emoción de un acto criminal”.

Este narrador y sus amigos se encuentran en la ciudad y, como si fueran turistas, descubren con un placer estético las actividades de Herman, quien deja animales muertos cerca de las casas para luego capturar a personas. El narrador empieza a sentir que “debe haber alguna interconexión entre “Herman y nosotros...”. El clímax llega cuando Herman coloca una trampa en la alfombra roja que lleva al altar mayor de una catedral católica.

Ambos relatos, aunque con variaciones en la trama, comparten la misma preocupación filosófica: las consecuencias de desafiar y desmantelar las normas y valores humanos establecidos. La revuelta de Herman, nacida de su horror ante la arrogancia humana, es admirable en su intención, pero resulta tan vana como la postura del narrador sádico, cuya aspiración de una “liberación total de la imaginación” es inalcanzable.



Compartir:

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Visitas

Entrada destacada

Desquite por José Saramago

La entrada a la pubertad no ocurre en un espacio social, sino en un ciclo natural y alucinado, donde el deseo de un muchacho se encuentra co...