Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

¿Qué es lo kafkiano?: Aportes de Milan Kundera

 



En la quinta parte del libro “El arte de la novela”, Milan Kundera reflexiona sobre “¿qué es lo kafkiano?”. 

Trabaja sobre una narración que parte de la historia real de un amigo, y se expande con ejemplos de la literatura universal. En principio, definirá lo kafkiano como “un único denominador común de las situaciones, tanto literarias como reales, que ninguna otra palabra es capaz de captar y para las que ni la politología, ni la psicología nos proporcionan la clave”.

Para Kafka, las instituciones son un mecanismo que obedece a sus propias leyes ya programadas. Para quienes están por fuera de dichas –e incluso para una porción de quienes estén en su interior–, estas leyes se desconocen y nada tienen que ver con los intereses humanos, sino con los propios intereses de funcionamiento. Esto lo hace “laberíntico”. El individuo se enfrenta a un poder burocrático inmenso, impersonal y sin fin, como un laberinto del cual no puede escapar ni comprender.

En las instituciones, cualquier consulta se extravía de una oficina a otra, por el juego sutil de los malentendidos burocráticos, hasta que la consulta caduca o nos lleve a una encrucijada. Para Kundera, en el mundo kafkiano, el expediente se asemeja a la idea platónica. La documentación burocrática se convierte en la verdadera realidad, mientras que la existencia del individuo se reduce a una sombra o un error dentro de ese expediente. 

Tanto en la realidad, como en la ficción, lo kafkiano es inseparable de su aspecto teológico (o pseudoteológico). El poder se deifica y genera sentimientos religiosos o pseudorreligiosos. El mundo kafkiano se describe con un vocabulario teológico, aunque no se trate de alegorías religiosas.

A diferencia de la lógica tradicional donde la culpa precede al castigo, en lo kafkiano el castigo busca la falta. El individuo castigado desconoce la razón de su castigo y busca una justificación para él, incluso llegando a auto inculparse.

Por último, lo kafkiano tiene un componente cómico, pero es una risa que encierra horror. La broma es cruel y destruye la posibilidad de una tragedia grandiosa, dejando a la víctima sin consuelo.


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Caninos por Mónica Ojeda

 



Es posible sentir en el cuerpo las experiencias de lectura. Por eso quería apuntar algunos elementos sobre Caninos, del libro "Las voladoras” de Mónica Ojeda.

Es un cuento que nos adentra a un “hogar sarcófago” que “se va construyendo poco a poco, con paciencia, con esmero”. Es demasiado gráfico, grotesco, horroroso, denso. Te mete en los traumas de la familia, en el abuso infantil, la perversión sexual, el incesto.

Al leerlo, evoqué elementos de la película francesa Titane (2021). También algo de la griega Canino (2009). Sobre todo por las metáforas de los vínculos familiares en relación con los traumas, sosteniendo la naturaleza de la violencia doméstica. Es un relato que tiene cine: imágenes, movimiento, proyección.

Caninos, está compuesto por una serie de personajes que en la voz de Hija va revelando los traumas familiares: Papi, Mami, Hija y Ñaña; el perro Godzilla y la casa.

Papi, está condenado al daño por su alcoholismo, con fuertes abstinencias, que lo llevaron no solo a un deterioro corporal con la caída de los dientes, sino también, mental, psicológico, en el que termina aullando y ladrando. En sus mejores años, durante la “sexualidad roja”, vive sus deseos cumpliendo el rol del perro castigado, en cuatro patas, con bozal, paseado con correa.

Hija, es la narradora y protagonista de la historia. Asume el rol de cuidadora del padre enfermo, repitiendo el ciclo de dominación de “Mami”, pero desde un control por la situación decadente en el que se encontraba. Desarrolla un vínculo extraño, fetichista y simbólico en la dentadura de su padre. En parte viene de la mordedura de un perro y la vivencia con el dolor de la misma. Estos recuerdos y epifanía de la carne mordida vienen del perro real, la mascota que es adoptada por ella y se llama Godzilla.

La casa es un personaje más. Con muchas descripciones que hacen a la metáfora de la descomposición, el jardín moribundo, el luto.

Lo más inquietante del relato comienza con la escupida de dientes, un punto de inflexión del deterioro de Papi. Él se sentía orgulloso de su belleza, por lo que al recuperar su dentadura volvió a sonreír. Pero, a partir de este momento, se convirtió en el control de Hija hacia Papi. Hacia el final se vivencia un juego: quitarle la dentadura para despojarlo de los colmillos de perro. De esta manera abre la reflexión sobre “¿qué es de un perro sin sus dientes?”. Muestra la vulnerabilidad, y la satisfacción de Hija por controlarlo, por la dependencia que había creado, por la forma silenciosa de vivir el trauma. Un horror que desentraña las heridas invisibles de una familia.




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