Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

Caninos por Mónica Ojeda

 



Es posible sentir en el cuerpo las experiencias de lectura. Por eso quería apuntar algunos elementos sobre Caninos, del libro "Las voladoras” de Mónica Ojeda.

Es un cuento que nos adentra a un “hogar sarcófago” que “se va construyendo poco a poco, con paciencia, con esmero”. Es demasiado gráfico, grotesco, horroroso, denso. Te mete en los traumas de la familia, en el abuso infantil, la perversión sexual, el incesto.

Al leerlo, evoqué elementos de la película francesa Titane (2021). También algo de la griega Canino (2009). Sobre todo por las metáforas de los vínculos familiares en relación con los traumas, sosteniendo la naturaleza de la violencia doméstica. Es un relato que tiene cine: imágenes, movimiento, proyección.

Caninos, está compuesto por una serie de personajes que en la voz de Hija va revelando los traumas familiares: Papi, Mami, Hija y Ñaña; el perro Godzilla y la casa.

Papi, está condenado al daño por su alcoholismo, con fuertes abstinencias, que lo llevaron no solo a un deterioro corporal con la caída de los dientes, sino también, mental, psicológico, en el que termina aullando y ladrando. En sus mejores años, durante la “sexualidad roja”, vive sus deseos cumpliendo el rol del perro castigado, en cuatro patas, con bozal, paseado con correa.

Hija, es la narradora y protagonista de la historia. Asume el rol de cuidadora del padre enfermo, repitiendo el ciclo de dominación de “Mami”, pero desde un control por la situación decadente en el que se encontraba. Desarrolla un vínculo extraño, fetichista y simbólico en la dentadura de su padre. En parte viene de la mordedura de un perro y la vivencia con el dolor de la misma. Estos recuerdos y epifanía de la carne mordida vienen del perro real, la mascota que es adoptada por ella y se llama Godzilla.

La casa es un personaje más. Con muchas descripciones que hacen a la metáfora de la descomposición, el jardín moribundo, el luto.

Lo más inquietante del relato comienza con la escupida de dientes, un punto de inflexión del deterioro de Papi. Él se sentía orgulloso de su belleza, por lo que al recuperar su dentadura volvió a sonreír. Pero, a partir de este momento, se convirtió en el control de Hija hacia Papi. Hacia el final se vivencia un juego: quitarle la dentadura para despojarlo de los colmillos de perro. De esta manera abre la reflexión sobre “¿qué es de un perro sin sus dientes?”. Muestra la vulnerabilidad, y la satisfacción de Hija por controlarlo, por la dependencia que había creado, por la forma silenciosa de vivir el trauma. Un horror que desentraña las heridas invisibles de una familia.




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