Con el título curioso “Como una buena madre”, Ana María Shua presenta un cuento sobre la maternidad. Relata un día común de una madre sola con sus tres hijos pequeños. Como cualquier otro día, debe cocinar, intervenir en las peleas de hermanos, amamantar al bebé, recibir al delivery, lidiar con problemas domésticos y atender una llamada de larga distancia del padre.
El relato nos invita a ponernos en los zapatos de la madre a fuerza de empatía. Pero también nos provoca desesperación, desorganización y violencia. Funciona como un poderoso manual de vigilancia hacia las mujeres sobre “cómo ser una buena madre”, cargado de culpa, y nos obliga a repensar el lugar de la protagonista.
La narración avanza con ritmo acelerado y una atmósfera inquietante, marcada por las travesuras que no cesan. La madre se cuestiona sí quiere pegarles, quiere llorar, pero primero debe asegurar la seguridad de los tres. Los hijos gritan, se acusan, y frente a la tensión el castigo se vuelve imparcial. Ella debate en su interior las acciones a seguir, ansiosa por un momento de silencio. Las exigencias llegan en forma de gritos, las respuestas desatienden a su mamá, y la alianza entre los hermanos —que la enorgullece— se vuelve en su contra.
En medio de ese torbellino, la autora nos regala una frase que nos devuelve a tierra, a la vez, se vuelve una autocomplacencia: “El amor más grande que se puede sentir en este mundo. El único amor para siempre, todo el tiempo.”
En este sistema, las madres hacen lo que pueden, no lo que se espera de ellas.








