Imaginar a un sabio, antes le
parecía un sinónimo de anciano: tal vez barbudo, calvo o pelado. Pensaba que a
las personas de antes les llevaba interminables años llegar a la sabiduría, por
eso distingue a los sabios en esa franja etaria. Es que, para informarse las
personas de antes, tenían que recorrer pueblo a pueblo, hurgando leyenda por
leyenda.
Pensar en el sabio de hoy, es
pensar en un joven o viejo, ya que abunda información.







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