Me digné a salir.
Abrí la puerta al calor del deseo para encontrarme con una noche que olvidaba su
mirada escéptica. Acompañando a ese casi extraño sujeto que me llamó, recorrí
una corta distancia hasta la casa que cambió mi destino. La noche me volvió a
encontrar, solo que esta vez, de fiesta. Esta se llevó a cabo en un patio que
estaba rodeado de árboles, caminos rústicos construidos con ladrillos y
dedicación, y adolescentes y adultos en manos del ritmo de una tentadora música
electrónica. Las diferentes luces casi imposible de definir, nos rodearon como
tendiéndonos una trampa, acaso sabían que nos dejaríamos disparar los ases que
provocan reflejos y sombras.
Alguien me toca el hombro, me doy
vueltas para el otro lado hasta que reconocí a un amigo, que lentamente (por el
efecto de los flashes) extiende su mano para presentarme a alguien, y me topo
con Alicia. Los nervios se quitaron el polvo y rejuvenecidos tomaron el control
de la situación. Sabía que su presencia no era eterna sino más bien de pocas
horas. Así que me concentré en besarla sin miedo a ser rechazado. ¿Por qué esquivar
la oportunidad? Mi lengua se vio saborear ese beso tan candente: acartonado. Los
flashes nos hicieron sentir protagonistas mientras se expandían sobre nosotros
como un manto lumínico. Gracias a Alicia, hermosas cosquillas recorrieron mi
pecho motivando a mis piernas temblar, al sentir al corazón palpitar en la garanta
al ritmo de la música. Mis pupilas parecieron reventar de imaginación. O de
obsesión por creerme el dueño de la pista. La melodía de la casa me encantaba como
el sonido de un pungi a una serpiente. Qué casa más curiosa, y pensar que
tantas horas le dediqué a la tevé.
Sí, en lugar de Alicia, me
presentaban a Blanca, quién sabe cuánto hubiese durado la noche, seguramente sí
fuese eterna. Quizás disfrutara por haberse transformado en día y de que ambos
periodos se fusionasen al son de casi treinta líneas como la de esta narrativa.
Pero hoy, mi noche no es así, es el producto de una ilusión, sin la visita de
Alicia o Blanca. Lejos está de una apología a esas cosas que intentan suplantar
este vicio de letras vivas, que me hablan desde el interior queriendo plasmarse.
¡No es adicción si no cambia mi conducta! –gritaron desde mi interior–.







0 Comentarios:
Publicar un comentario