Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

Sobre vicios y letras





Me digné a salir. Abrí la puerta al calor del deseo para encontrarme con una noche que olvidaba su mirada escéptica. Acompañando a ese casi extraño sujeto que me llamó, recorrí una corta distancia hasta la casa que cambió mi destino. La noche me volvió a encontrar, solo que esta vez, de fiesta. Esta se llevó a cabo en un patio que estaba rodeado de árboles, caminos rústicos construidos con ladrillos y dedicación, y adolescentes y adultos en manos del ritmo de una tentadora música electrónica. Las diferentes luces casi imposible de definir, nos rodearon como tendiéndonos una trampa, acaso sabían que nos dejaríamos disparar los ases que provocan reflejos y sombras.

    Alguien me toca el hombro, me doy vueltas para el otro lado hasta que reconocí a un amigo, que lentamente (por el efecto de los flashes) extiende su mano para presentarme a alguien, y me topo con Alicia. Los nervios se quitaron el polvo y rejuvenecidos tomaron el control de la situación. Sabía que su presencia no era eterna sino más bien de pocas horas. Así que me concentré en besarla sin miedo a ser rechazado. ¿Por qué esquivar la oportunidad? Mi lengua se vio saborear ese beso tan candente: acartonado. Los flashes nos hicieron sentir protagonistas mientras se expandían sobre nosotros como un manto lumínico. Gracias a Alicia, hermosas cosquillas recorrieron mi pecho motivando a mis piernas temblar, al sentir al corazón palpitar en la garanta al ritmo de la música. Mis pupilas parecieron reventar de imaginación. O de obsesión por creerme el dueño de la pista. La melodía de la casa me encantaba como el sonido de un pungi a una serpiente. Qué casa más curiosa, y pensar que tantas horas le dediqué a la tevé.

    Sí, en lugar de Alicia, me presentaban a Blanca, quién sabe cuánto hubiese durado la noche, seguramente sí fuese eterna. Quizás disfrutara por haberse transformado en día y de que ambos periodos se fusionasen al son de casi treinta líneas como la de esta narrativa. Pero hoy, mi noche no es así, es el producto de una ilusión, sin la visita de Alicia o Blanca. Lejos está de una apología a esas cosas que intentan suplantar este vicio de letras vivas, que me hablan desde el interior queriendo plasmarse. ¡No es adicción si no cambia mi conducta! –gritaron desde mi interior–.




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