Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

Los caminos por Haroldo Conti



"Hic meus locus pugnare est et hinc non me removebunt"

("Este es mi lugar de combate y de aquí no me moverán")


Había leído por ahí algo de la obra de Haroldo Conti, conocida figura por tener varios trabajos como obrero a la par que era Licenciado en Filosofía, docente y revolucionario. Conocido entre periodistas y escritores desaparecidos en la última dictadura por ser declarado "agente subversivo". Ayer me detuve a saber qué escribió y nos dejó. Por arriba, leí algunas líneas hasta que me encontré con un cuento que quería compartir con ustedes.

En su cuento "Los caminos", nos permite acercarnos a su legado literario. En este relato, Conti le da voz a un narrador que, a través de la escritura, trasciende la simple labor profesional para convertirse en un acto vital de conexión, un medio por el cual teje lazos simbólicos con sus amigos y las vidas que no pudo vivir, superando las distancias físicas y el aislamiento de la ciudad.

El narrador en su rol de escritor, golpea su máquina de escribir y concibe sus días como "redondos y precisos". Este adjetivo, más que descriptivo, transmite una sensación agobiante de rutina infinita. Su amigo Paco Urondo le pide que escriba para un diario de otra provincia, y esta sugerencia se convierte en una oportunidad para "atravesar las paredes" de su encierro. La acción de golpear las teclas no es por una máquina defectuosa, sino una forma de descarga frente al desasosiego de Buenos Aires, una ciudad donde todo se "reduce a simples voces, urgencias, paredes y señales". Escribir para trascender estos rumbos se presenta como una bocanada de oxígeno.

Al sentarse a golpear las teclas, su mente viaja a seiscientos kilómetros de distancia para pensar en su amigo Lirio Rocha. También vive días "redondos y precisos", pero en un sentido diferente: no está encerrado en una ciudad, sino frente al mar, cabalgando cerca de su rancho. Esta proyección de una vida ideal es tan fuerte que el narrador estima que su amigo se estará preguntando por él en el mismo atardecer, en un acto de conexión telepática que solo la escritura puede forjar.

De esta manera, el narrador utiliza la escritura como un puente. Un puente para salir del círculo que lo ata y pensar en otras vidas posibles, sobre todo las de sus amigos. Así sublima el deseo de vivir otras realidades a golpe de teclas, no por resentimiento o envidia, sino construyendo caminos hacia esos otros lugares. Es un viaje de la ciudad hacia el mar, una forma de hacer memoria de la importancia de sus amistades.

Al final, esta es la Gran Cosa de la que habla el narrador. Primero la presenta como una expresión de incertidumbre cuando le preguntan por qué escribe, pero luego reflexiona y comprende que la Gran Cosa es en realidad, escribir para juntar a sus amistades y formar caminos. Un escritor como productor.


"… escribo como vida que vivo, no como un monumento literario"


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