La muerte por Alejandra Kamiya
La Ninfa por Rubén Darío
El Modernismo como movimiento siempre me lleva a Leopoldo Lugones: me gustan sus cuentos, su estilo, y es uno de nuestros maestros de las letras en el país. Hasta que leí “La Ninfa”, de Darío, en el que encuentro similitudes. O mejor dicho, encuentro a un Leopoldo leyendo al nicaragüense.
El título “La Ninfa” tiene como continuidad, entre paréntesis, una voz que comenta algo para empezar: “(cuento parisiense)”. Se trata de un relato corto y característico del modernismo, en el que se utiliza una estética, temas y atmósfera de la vida bohemia, artística y refinada de París. Es un concepto extraído de Google, pero que sirve para pensar el final y la razón de este texto.
De arranque nos lleva a un ambiente en el que podemos apreciar un entorno clásico y lujoso. En la primera oración aparece un castillo, y el relato se adentra en referencias a la mitología griega y romana: como Lugones. Pero además, para retratar a una deidad femenina y joven —como cualquier ninfa— es importante incorporar esculturas, jardines y estanques para crear una atmósfera de belleza idealizada y artificial. Lo realza con numerosos adjetivos que resaltan su belleza y sensualidad.
El autor utiliza oraciones extensas y elaboradas, que contribuyen a crear un ritmo descriptivo que te sumerge en la atmósfera. Por ejemplo, la descripción inicial del entorno está construida con largas enumeraciones y detalles sensoriales. Crea imágenes y fantasía.
El protagonista es un poeta lírico que se encuentra con una ninfa en el estanque. Este encuentro es descrito con un lenguaje sensual e insinuante, resaltando la belleza de la joven grecorromana, que representa la personificación de la belleza ideal y la inspiración poética. Temas recurrentes en el modernismo, que el propio texto deja en claro desde el paréntesis inicial.
Sin embargo, la ninfa huye, dejando al poeta frustrado y ridiculizado por los cisnes. Ese momento marca un punto de inflexión en el cuento e introduce la idea de que la belleza ideal es inalcanzable.
Para rematar el texto, hacia el final, durante un almuerzo con amigos, Lesbia —que perdón, no la presenté: es una actriz caprichosa y endiablada que aparece desde la primera oración— revela que el poeta ha visto ninfas, exponiéndolo al ridículo. La risa de Lesbia y la mirada de los demás personajes sugieren que el encuentro del poeta con la ninfa fue producto de su imaginación o de su embriaguez poética.
El cuento sirve como un ejemplo concreto de cómo se manifiestan las ideas y los objetivos del modernismo en la práctica literaria. Explora la búsqueda de la belleza ideal y la inspiración poética, pero también revela la fragilidad de la ilusión y la ironía de la realidad. El poeta, en su afán por encontrar la belleza perfecta, termina siendo objeto de burla, mostrando la distancia entre el mundo idealizado del arte y la realidad cotidiana.
Ahora bien, esta ironía, ¿es una declaración frente a los poetas parisinos?
Como una buena madre por Ana María Shua
Con el título curioso “Como una buena madre”, Ana María Shua presenta un cuento sobre la maternidad. Relata un día común de una madre sola con sus tres hijos pequeños. Como cualquier otro día, debe cocinar, intervenir en las peleas de hermanos, amamantar al bebé, recibir al delivery, lidiar con problemas domésticos y atender una llamada de larga distancia del padre.
El relato nos invita a ponernos en los zapatos de la madre a fuerza de empatía. Pero también nos provoca desesperación, desorganización y violencia. Funciona como un poderoso manual de vigilancia hacia las mujeres sobre “cómo ser una buena madre”, cargado de culpa, y nos obliga a repensar el lugar de la protagonista.
La narración avanza con ritmo acelerado y una atmósfera inquietante, marcada por las travesuras que no cesan. La madre se cuestiona sí quiere pegarles, quiere llorar, pero primero debe asegurar la seguridad de los tres. Los hijos gritan, se acusan, y frente a la tensión el castigo se vuelve imparcial. Ella debate en su interior las acciones a seguir, ansiosa por un momento de silencio. Las exigencias llegan en forma de gritos, las respuestas desatienden a su mamá, y la alianza entre los hermanos —que la enorgullece— se vuelve en su contra.
En medio de ese torbellino, la autora nos regala una frase que nos devuelve a tierra, a la vez, se vuelve una autocomplacencia: “El amor más grande que se puede sentir en este mundo. El único amor para siempre, todo el tiempo.”
En este sistema, las madres hacen lo que pueden, no lo que se espera de ellas.
“Cada ser, un enigma”, por Hugo Esterházy
Poco a poco pude notar,
que en la vida
hay más de una realidad,
cada casa es un
mundo, cada mente un planeta,
donde tus ideas
forman tu
personalidad.
PITY ÁLVAREZ
En la novela Arderá el viento de Guillermo Saccomanno, la figura de Esterházy aparece como un personaje que, entre ironía y borrachera, despliega reflexiones que desbordan lo anecdótico. El fragmento que analizaré para este texto, es el número 14 de la obra, y se sitúa en una escena de bar, donde su discurso se convierte en un “sermón” sobre la condición humana y el enigma interior de cada ser.
Esterházy, inspirado por la ginebra, afirma: “Cada ser, un enigma”. A partir de allí desarrolla una visión sobre lo invisible (el inconsciente) que habita en cada sujeto y en las familias, un “adentro” que no puede ser descifrado ni por médicos ni por observadores externos. Su monólogo se expande hasta abarcar la humanidad entera, describiendo cómo los enigmas individuales se fusionan en un “abominable enigma” colectivo.
El capítulo funciona como una metáfora del lado B de la identidad. El “adentro” que menciona Hugo Esterházy no es fisiológico, sino existencial: deseos, pasiones y pulsiones que escapan a la lógica del bien y del mal. La escena en el bar, con los oyentes fingiendo comprensión, refuerza la idea de que el discurso filosófico se mezcla con lo cotidiano, generando un contraste entre lo trascendente y lo banal.
Aunque el fragmento parece un desvarío de borracho, su contenido se enlaza con uno de los ejes de la obra: la imposibilidad de conocer plenamente al otro y la fragilidad de las relaciones. La figura de este personaje, con su mezcla de lucidez y ridículo, encarna esa tensión entre revelación y farsa.
Elegí el fragmento porque me gustó mucho y muestra cómo la novela utiliza voces como la de este personaje para desplegar una reflexión: la vida en común está atravesada por enigmas indescifrables que, al juntarse, pueden convertirse en fuerzas destructivas. El sermón, entre la risa y el desánimo, nos recuerda que la literatura puede transformar una escena mínima en una interpelación sobre la condición humana.









