Nubes
blancas y radiantes reflejan una tarde brillosa. El cielo ocupa gran espacio
físico-abstracto. No existe conocimiento alguno de viento, solo evocando las
leyes de la física. Súper Nietitus vuela a gran velocidad, entra a su visera
con intención de regresar a ser un nieto sin súper poderes.
Paquito mira con atención los dibujos
animados en casa de la abuela Porota –¡Paquito! ¿Querés que te haga la leche?
–No abuela, los chicos de la escuela me
cargan por gordito.
–Sin comida no hay súper poderes.
Mientras
tanto, Filpo se dirige en su auto viejo a poca velocidad sobre la avenida
principal de Ladrillos, gastando combustible, como normalmente lo hacen los
fines de semanas todos los habitantes de la reconocida ciudad. En plena siesta
de sol ardiente de invierno, su plácida marcha iba acompañada de buena música y
en dirección a la casa de su mejor amigo Juguete, quien lo había llamado con
muchas ansias de enseñarle un nuevo invento. Le sorprendió la noticia, ya que
hace algunos días le regaló un sistema de perfecta vigilancia para su casa, compuesto
por cámaras en distintas habitaciones, con sensores detectores de temperatura
corporal a una cierta distancia. Además, filma a simples movimientos
presenciales, actúa de manera silenciosa enviando imágenes capturadas a su
celular en tiempo real. Automáticamente este dispositivo concluye su acción
informando a la policía. Lo grandioso de este aparato es que se activa a solo
un click desde su celular, el cual da la opción ni bien se aleja desde su
hogar. Aún, el software es una versión de prueba que futuramente se podrá
actualizar. El loco ingeniero trama algo nuevamente.
Una vez estacionado frente a su casa
escucha cómo desde adentro se expande por el barrio el audio de su equipo
musical. Seguramente otra vez está haciendo pruebas de sonido. Juguete tiene
clara la ambientalización musical, a pesar de estar a máximo volumen, siempre
escucha el auto viejo de Filpo. Salió a recibirlo.
–¿Qué haces viejo? –pregunta luego
de disminuir el volumen, abrir la puerta y salir en pijamas; todo despeinado, con
lagañas seguramente de la mañana. Signo de que otra vez, ha pasado encerrado
desde hace algunos días. Sus ojos a la luz del sol no podían abrirse del todo;
su ceño, fruncido, casi duro, molesto.
–Hola Juguete, ¿cómo estás? –ingresa
a su casa sin permiso. Su casa, siempre todo ordenado, salvo su taller. Éste
está rodeado de cosas por doquier. No te cansás de observar a su alrededor,
todo parece interesante y todo querés ver, e informarte cómo funciona y para
qué sirve. Sin embargo, a través del desorden es claro resaltar que todas las
veces que entrás, los muebles aparecen cambiados de lugar. ¿Por qué será?
Todavía Juguete no toca fondo en el
asunto, como siempre da vueltas y habla de su semana, juega con el anhelo de conocer
el nuevo desarrollo. La conversación dio
ingresos a distintas puertas, a explorar y abarcar varios temas de discusión.
Es así como Filpo manifestó el trabajo realizado días atrás en su hora de
sociología en la escuela de Ladrillos. En la clase surge el tema del bulyng. Cómo
sostenerlo, pensó.
–¿Te acordás cómo nos cargábamos en
la escuela? Cuando me decían mi apodo y me enojaba muchísimo ¡Qué crueles son
los chicos! –sonríe– hoy por hoy, el pasado, me causa mucha gracias, creo que a
todos nos pasa, algunos no lo superan. ¿Entonces? ¿Cómo doy un tema como este
en la escuela? Es muy delicado. El problema radica en la susceptibilidad que
tenga consigo el oprimido, si es que le podríamos llegar a decir oprimido. Y si
fuese oprimido, ¿cómo terminaría con el sometimiento de un apodo? ¡Es fácil!
¡No enojándose más! Viste cómo es el Argentino, le parece todo joda. Cada uno
tiene que ser como es. Algo distinto sería el racismo. Ya estaríamos haciendo
una gran burla despectivamente. Pero no se escucha tanto sobre eso en las
escuelas. Los chicos se cargan como juego. ¿Son crueles no? A esta situación la
lideran los que cargan y los que no quieren ser cargados, es decir, los que no
tienen que cargarse el apodo –expresa; repleto de dudas por su clase
estresante. Sin saber qué decir.
–Sí… hoy nos reímos, pero en su
momento hasta llegábamos a pelear. Las estadísticas dicen que se le hace
bullyng a tres de cada diez chicos por salón de clases. Es bajísimo el
promedio. El pilar del problema podría ser que son siete los que cargan, ganan
por mayoría. Pero, quién dice que hay tantos chicos malos dando vuelta.
–Es porque nos enojábamos muchísimo,
eran muy inteligentes los apodos… es un arte. Y el argentino tiene un don con
los apodos y cargadas.
Juguete comienza a contar ejemplos
de cargadas que se ven en las redes sociales. Si algo se hace presente en la
televisión o es noticia en algún lugar del mundo, a simples minutos los chistes
argentinos con imágenes y mucha algarabía ya dan punto de partida de su rodaje
por internet. Algunos son muy crueles, aunque ingeniosos. A partir de ese
momento sonriendo con mucha picardía contó que compró un libro de juntadas de
asados. Después de haber leído aprovechadamente el libro de las bromas
telefónicas del famoso doctor de la radio, decide disfrutar del nuevo libro. En
las páginas que leyó recordó los excelentes momentos celebres que vivió en
carne propia en cada asado, haciendo hincapié en la importancia de las peñas.
De repente se lo imaginó todo. Se sentía con mucho poder rodeando su cuerpo.
Cambió su plazo de lectura por esa ingeniería que apasiona su vida dando origen
al nuevo proyecto que comienza a narrar. El innovador invento no solo
sorprendería a Filpo, sino al mundo entero.
–Dame unos minutos que lo traigo, ya lo
tengo listo– se retira de su taller. ¿Por qué el artefacto no se encuentra en
su taller? ¿Lo estaría usando? Qué sé yo.
Por el pasillo de su casa que une
habitaciones, se acerca hacia el taller caminando tentado de risas, algo lo sigue
pero él lo tapa con su cuerpo.
–¿Qué es eso Juguete? ¿Qué quisiste
inventar? ¿Es eso? –Filpo duda de sus cualidades e imagina que todo es una joda
y no una sorpresa. No cree lo poco que se ve.
Todos los seres humanos tenemos la
responsabilidad de hacer mandados domésticos. Ir al supermercado a comprar todo
lo que la lista que, nuestra madre tiempo atrás nos daba o, lo que hoy
necesitamos consumir. Por detrás de él un changuito de supermercado, lo sigue.
No es una tonta broma. Pensó en cubrir una simple necesidad a la hora de
cumplir con dichos mandados. El changuito es plegable, se transforma fácilmente
con forma de valija sin ningún problema. Éste tiene la inteligencia de no
chocarse nada gozando de sensores de movimientos que se encuentran instalados. Moviéndose
gracias a un pequeño motor adaptado que guardaba de su vieja impresora y se
alimenta con apenas una batería de litio. Puede autoconducirse porque le agregó
una pieza fundamental que sigue el rastro de una pulsera que será colocada a
quien dirija el carrito futurista.
–¿Filpo, vamos a probarlo? Podríamos
hacer los mandados para ver el partido esta noche. Hay un supermercado chino a
unas cuadras –apaga el equipo de música y su computadora. Ambos están de
acuerdo.
Despliegan
el changuito con mucha paciencia; emocionados dentro del supermercado chino.
Todos hacen foco mirándolos. Los chinos hablan fluidamente en su idioma ¿Acaso
le están sacando el cuero o tienen la necesidad de no perder sus costumbres?
Ellos siguen realizando sus compras.
Caminan lentamente por los pasillos,
el carrito futurista está firme, a marcha lenta detrás de ellos. El proyecto es
un éxito. Sería furor en las redes sociales. Está saliendo como lo imaginaron,
hasta que a Filpo le llega un mensaje de texto al celular. Cuando observa, una
imagen capturada de un ladrón que está robando en su casa. Ni bien la vio, dejó a Juguete y corrió a su auto
viejo. Llegó justo cuando estaba actuando la policía; no podía creer lo rápido
que llegaron. Normalmente llegan cuando todo se terminó por una cuestión de su
propia seguridad para que no salgan ilesos.
Se trata del “Gordo Valentía”, así lo
llama la ciudad. ¿La ciudad? Es un reconocido ladrón de bancos de plazas, y
tranza de la ciudad de Ladrillos. En la década de los noventa no solo tuvo su
primer pedido de captura, sino que recibió una medalla de plata por sus logros;
Ladrillos no margina a nadie, premia en todos los rubros. Después de tantos
años, gracias a Juguete, la captura pudo realizarse; quedaría a disposición del
juez, quien lo sentenciaría por muchos años, siempre y cuando la ley lo
permita. ¡Qué sé yo qué habrá pasado!
–¿Qué pasó, Filpo? Hace nueve horas te
estoy llamando a tu celular, me tenés preocupado, viejo. Me contacté con la
abuela Porota para que le comente a Paquito. Está bien el pendejo, mira a super
ñetitus. ¿Qué pasó, viejo? –luego de varios intentos telefónicos mientras
recorría Ladrillos.
–Juguete, estoy bien, solo me demoraron
para hacer declaraciones. Todo este tiempo estuve incomunicado.
–¿Demoraron?







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