Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

Trayecto a la manzana # 2




Nubes blancas y radiantes reflejan una tarde brillosa. El cielo ocupa gran espacio físico-abstracto. No existe conocimiento alguno de viento, solo evocando las leyes de la física. Súper Nietitus vuela a gran velocidad, entra a su visera con intención de regresar a ser un nieto sin súper poderes.

    Paquito mira con atención los dibujos animados en casa de la abuela Porota –¡Paquito! ¿Querés que te haga la leche?

    –No abuela, los chicos de la escuela me cargan por gordito.

    –Sin comida no hay súper poderes.


Mientras tanto, Filpo se dirige en su auto viejo a poca velocidad sobre la avenida principal de Ladrillos, gastando combustible, como normalmente lo hacen los fines de semanas todos los habitantes de la reconocida ciudad. En plena siesta de sol ardiente de invierno, su plácida marcha iba acompañada de buena música y en dirección a la casa de su mejor amigo Juguete, quien lo había llamado con muchas ansias de enseñarle un nuevo invento. Le sorprendió la noticia, ya que hace algunos días le regaló un sistema de perfecta vigilancia para su casa, compuesto por cámaras en distintas habitaciones, con sensores detectores de temperatura corporal a una cierta distancia. Además, filma a simples movimientos presenciales, actúa de manera silenciosa enviando imágenes capturadas a su celular en tiempo real. Automáticamente este dispositivo concluye su acción informando a la policía. Lo grandioso de este aparato es que se activa a solo un click desde su celular, el cual da la opción ni bien se aleja desde su hogar. Aún, el software es una versión de prueba que futuramente se podrá actualizar. El loco ingeniero trama algo nuevamente.

    Una vez estacionado frente a su casa escucha cómo desde adentro se expande por el barrio el audio de su equipo musical. Seguramente otra vez está haciendo pruebas de sonido. Juguete tiene clara la ambientalización musical, a pesar de estar a máximo volumen, siempre escucha el auto viejo de Filpo. Salió a recibirlo.

    –¿Qué haces viejo? –pregunta luego de disminuir el volumen, abrir la puerta y salir en pijamas; todo despeinado, con lagañas seguramente de la mañana. Signo de que otra vez, ha pasado encerrado desde hace algunos días. Sus ojos a la luz del sol no podían abrirse del todo; su ceño, fruncido, casi duro, molesto.

    –Hola Juguete, ¿cómo estás? –ingresa a su casa sin permiso. Su casa, siempre todo ordenado, salvo su taller. Éste está rodeado de cosas por doquier. No te cansás de observar a su alrededor, todo parece interesante y todo querés ver, e informarte cómo funciona y para qué sirve. Sin embargo, a través del desorden es claro resaltar que todas las veces que entrás, los muebles aparecen cambiados de lugar. ¿Por qué será?

    Todavía Juguete no toca fondo en el asunto, como siempre da vueltas y habla de su semana, juega con el anhelo de conocer el nuevo desarrollo.  La conversación dio ingresos a distintas puertas, a explorar y abarcar varios temas de discusión. Es así como Filpo manifestó el trabajo realizado días atrás en su hora de sociología en la escuela de Ladrillos. En la clase surge el tema del bulyng. Cómo sostenerlo, pensó.

    –¿Te acordás cómo nos cargábamos en la escuela? Cuando me decían mi apodo y me enojaba muchísimo ¡Qué crueles son los chicos! –sonríe– hoy por hoy, el pasado, me causa mucha gracias, creo que a todos nos pasa, algunos no lo superan. ¿Entonces? ¿Cómo doy un tema como este en la escuela? Es muy delicado. El problema radica en la susceptibilidad que tenga consigo el oprimido, si es que le podríamos llegar a decir oprimido. Y si fuese oprimido, ¿cómo terminaría con el sometimiento de un apodo? ¡Es fácil! ¡No enojándose más! Viste cómo es el Argentino, le parece todo joda. Cada uno tiene que ser como es. Algo distinto sería el racismo. Ya estaríamos haciendo una gran burla despectivamente. Pero no se escucha tanto sobre eso en las escuelas. Los chicos se cargan como juego. ¿Son crueles no? A esta situación la lideran los que cargan y los que no quieren ser cargados, es decir, los que no tienen que cargarse el apodo –expresa; repleto de dudas por su clase estresante. Sin saber qué decir.

    –Sí… hoy nos reímos, pero en su momento hasta llegábamos a pelear. Las estadísticas dicen que se le hace bullyng a tres de cada diez chicos por salón de clases. Es bajísimo el promedio. El pilar del problema podría ser que son siete los que cargan, ganan por mayoría. Pero, quién dice que hay tantos chicos malos dando vuelta.

    –Es porque nos enojábamos muchísimo, eran muy inteligentes los apodos… es un arte. Y el argentino tiene un don con los apodos y cargadas.

    Juguete comienza a contar ejemplos de cargadas que se ven en las redes sociales. Si algo se hace presente en la televisión o es noticia en algún lugar del mundo, a simples minutos los chistes argentinos con imágenes y mucha algarabía ya dan punto de partida de su rodaje por internet. Algunos son muy crueles, aunque ingeniosos. A partir de ese momento sonriendo con mucha picardía contó que compró un libro de juntadas de asados. Después de haber leído aprovechadamente el libro de las bromas telefónicas del famoso doctor de la radio, decide disfrutar del nuevo libro. En las páginas que leyó recordó los excelentes momentos celebres que vivió en carne propia en cada asado, haciendo hincapié en la importancia de las peñas. De repente se lo imaginó todo. Se sentía con mucho poder rodeando su cuerpo. Cambió su plazo de lectura por esa ingeniería que apasiona su vida dando origen al nuevo proyecto que comienza a narrar. El innovador invento no solo sorprendería a Filpo, sino al mundo entero.

    –Dame unos minutos que lo traigo, ya lo tengo listo– se retira de su taller. ¿Por qué el artefacto no se encuentra en su taller? ¿Lo estaría usando? Qué sé yo.

    Por el pasillo de su casa que une habitaciones, se acerca hacia el taller caminando tentado de risas, algo lo sigue pero él lo tapa con su cuerpo.

    –¿Qué es eso Juguete? ¿Qué quisiste inventar? ¿Es eso? –Filpo duda de sus cualidades e imagina que todo es una joda y no una sorpresa. No cree lo poco que se ve.

    Todos los seres humanos tenemos la responsabilidad de hacer mandados domésticos. Ir al supermercado a comprar todo lo que la lista que, nuestra madre tiempo atrás nos daba o, lo que hoy necesitamos consumir. Por detrás de él un changuito de supermercado, lo sigue. No es una tonta broma. Pensó en cubrir una simple necesidad a la hora de cumplir con dichos mandados. El changuito es plegable, se transforma fácilmente con forma de valija sin ningún problema. Éste tiene la inteligencia de no chocarse nada gozando de sensores de movimientos que se encuentran instalados. Moviéndose gracias a un pequeño motor adaptado que guardaba de su vieja impresora y se alimenta con apenas una batería de litio. Puede autoconducirse porque le agregó una pieza fundamental que sigue el rastro de una pulsera que será colocada a quien dirija el carrito futurista.

    –¿Filpo, vamos a probarlo? Podríamos hacer los mandados para ver el partido esta noche. Hay un supermercado chino a unas cuadras –apaga el equipo de música y su computadora. Ambos están de acuerdo.


Despliegan el changuito con mucha paciencia; emocionados dentro del supermercado chino. Todos hacen foco mirándolos. Los chinos hablan fluidamente en su idioma ¿Acaso le están sacando el cuero o tienen la necesidad de no perder sus costumbres? Ellos siguen realizando sus compras.

    Caminan lentamente por los pasillos, el carrito futurista está firme, a marcha lenta detrás de ellos. El proyecto es un éxito. Sería furor en las redes sociales. Está saliendo como lo imaginaron, hasta que a Filpo le llega un mensaje de texto al celular. Cuando observa, una imagen capturada de un ladrón que está robando en su casa.  Ni bien la vio, dejó a Juguete y corrió a su auto viejo. Llegó justo cuando estaba actuando la policía; no podía creer lo rápido que llegaron. Normalmente llegan cuando todo se terminó por una cuestión de su propia seguridad para que no salgan ilesos.

    Se trata del “Gordo Valentía”, así lo llama la ciudad. ¿La ciudad? Es un reconocido ladrón de bancos de plazas, y tranza de la ciudad de Ladrillos. En la década de los noventa no solo tuvo su primer pedido de captura, sino que recibió una medalla de plata por sus logros; Ladrillos no margina a nadie, premia en todos los rubros. Después de tantos años, gracias a Juguete, la captura pudo realizarse; quedaría a disposición del juez, quien lo sentenciaría por muchos años, siempre y cuando la ley lo permita. ¡Qué sé yo qué habrá pasado!

    –¿Qué pasó, Filpo? Hace nueve horas te estoy llamando a tu celular, me tenés preocupado, viejo. Me contacté con la abuela Porota para que le comente a Paquito. Está bien el pendejo, mira a super ñetitus. ¿Qué pasó, viejo? –luego de varios intentos telefónicos mientras recorría Ladrillos.

    –Juguete, estoy bien, solo me demoraron para hacer declaraciones. Todo este tiempo estuve incomunicado.

    –¿Demoraron?



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