Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

Trayecto a la manzana # 3





La lancha provoca largas olas que hacen templar el río. Entre saltos y saltos con bruscos golpes logrando recorrer varios kilómetros, choca con arena mesclada con barro de la orilla de la isla. Salta con mucha fuerza, reacción y rapidez. Su pie izquierdo se entierra en la parte más blanda del lugar. ¡Qué mala suerte! Cae de frente sobre el suelo. Sin embargo con algo de audacia que logró juntar de su interior, retoma su rumbo y empieza a correr.

    Decenas de instantáneos balazos se incrustan en el suelo, sin nombrar los agujeros en distintos arboles. No acertaron ninguno, él sigue corriendo. Su corazón está casi a punto de estallar, parece que le late debajo del mentón. Desde su espalda siente presiones que no dejan entrar aire. Sus piernas están doloridas y cansadas. Mientras recorre kilómetros de distancia la persecución no afloja sus riendas. El rancho comienza a verse en el horizonte; junto a esta imagen, el sol que termina de esconderse, las estrellas comienzan su misión.

    Traba desde adentro las puertas del rancho en el mismo momento que está siendo disparado sin atinarle. Toma su escopeta y desciende a un hoyo, un pasillo sin luz hay en este. Escapa a gatas con la escopeta cargada en su mano mirando hacia la entrada.

    Logran entrar rompiendo la puerta entre cinco. Se toparon con cuatro toneladas de marihuana dentro del rancho. Entre los paquetes, estaba escondido el hoyo al cual quisieron entrar pero no cupieron porque eran muy gordos. Comenzaron a disparar pero no le dieron a nadie, acto seguido alumbraron con un encendedor. Tres se quedan con la prueba del delito, dos persiguen al narcotraficante más conocido de la región. Agravaba la situación el pedido de captura nacional e internacional, ya que los narcos lograron escapar.

    Piden refuerzos y lanchas para llevarse los estupefacientes incautados hacia el DSE (Departamento de Sometimientos a Evaluaciones). Caminando cargados con algunos de los paquetes, encuentran un cadáver colgado de un árbol a veinte metros de la costa.

    –Filpo, me parece que estas mezclando dos noticias –agarra el diario “Portal de los Chusmas” con impulso, se hace un bollo con el envión. Lo estira frente suyo con el antebrazo, al finalizar lo abre buscando la noticia.

    Filpo le tira un manotazo peinándole el pelo, sonríe –te la creíste Cala. Mirá si eso va a estar en el diario. Las noticias son más inteligentes y menos fantasiosas. Las noticias no mienten, los periodistas no sé. ¿Vos cómo sabías?

    –Una persona ícono de Ladrillos como yo, tiene que estar al tanto de las noticias. Sino, cómo voy a ser conocido. Tengo que ser omnipresente. En todos lados tengo que aportar mi imagen. Por eso, tengo que saber lo que a la gente le pasa –expone un discurso elocuente. Dobla el diario al confirmar que lo había leído, termina tirándolo sobre la mesa, despreciándolo.

    –¡Está bien, gran vendedor! ¡Cala! Aunque…casi te vendo mi cuento, por momentos dudaste –cruje sus huesos de la espalda, gira a la izquierda para no mirarlo de costado. Lo invita a pelear en broma; arroja algunos puñetazos.

    –¡Ahora tengo nuevos relojes “Rolemlet”, son de enchapados en oro y sirve para saber si es o no es la hora que querías saber! No seas colgado, comprame un reloj Rolemlet –eleva su brazo de frente mostrando el reloj.

    –Hablando de colgado ¿No lo viste a Paquito? –Filpo busca en cada habitación.

    –¿No fue a la escuela?

    –Paquito va solo a la escuela. Todas las mañanas camina por el mismo caminito de tierra que une la casa con la escuela. No lo voy a acompañar por una cuadra. ¿Vos, lo viste hoy? –preocupado trata de explicarse.

    –¡Qué lo voy a ver, estuve todo el día vendiendo!

    Los perezosos hermanos, pocos preocupados por Paquito, revisaron los rincones de la casa. En ningún lado está. Nunca se les ocurrió llamar a la policía.

    –Filpo, vos viste el muchacho que dobló con la moto en la esquina. No se cayó de milagro. Seguramente iba borracho o drogado. Culpa de esta gente no se puede andar en la calle. No respetan a nadie. ¿Podés creer lo que me decía? –comenta lo que Videla le dijo el día anterior mientas estacionaba su auto viejo.

    Sonríe eufóricamente, se apoya la mano en su boca –¡Qué vieja chusma! ¿Qué le dijiste?

    –Que gracias a gente como ellos, ella estaba en el lugar de los respetuosos. ¿Qué querés, que le diga la verdad? “¡Qué me importa vieja chusma!”

    La conversación y las carcajadas son interrumpidas por el ringtone del teléfono de Filpo. Sonó algunos segundos, ambos lo miran, pero nadie atiende. Entonces, Cala golpea la cabeza de Filpo diciendo que puede ser Paquito. Filpo advierte de tener el identificador de llamadas, el número seguramente quedó registrado. Como no llamó en privado, por lo tanto le devolvería la llamada.

    Cuando contesta la llamada atiende un hombre de voz ronca, Filpo pregunta quién es. Éste se presenta como un exnarcotraficante recién iniciado en el rubro del secuestro. Necesita diecisiete mil pesos para liberar a Paquito sano y salvo. De no ser así el trato, eliminaría a Paquito de la faz de Ladrillos. Además la situación no debe ser informada a la policía.

    –¿¡Qué hacemos ahora, Cala!? –desespera Filpo, comienza a caminar de una punta de la cocina a la otra.

    –Googleemos cómo conseguir dinero en simples pasos –enciende la computadora que le regalaron tiempo atrás, por ser un estudiante.

    –Buenísima idea, voy a hacer lo mismo en mi celular –enciende el paquete de datos que le bonificaron por ser del “club” de su empresa de telefonía.

    Pasó casi media hora hasta que a Cala se le ocurrió hacer un delivery de bebidas alcohólicas artesanales para acompañar la picada del mundial de fútbol. Adquirieron una receta. Filpo se encargó de los embases vacíos y elaboración, Cala de vender el producto. Hicieron miles de pesos media hora antes del siete a uno. Se contactaron con el secuestrador.

    –Tenemos el dinero en efectivo, en una mochila con forma de dinosaurio. Solo esperamos la dirección. La anotaremos en nuestro GPS con piloto automático que Juguete diseñó. Iremos con los ojos vendados, para no ver el recorrido que realizamos por Ladrillos – Cala intenta iniciar una negociación, como buen vendedor que es.

    El trato no fue complicado. Concluyó un esperado pacto en vivo y en directo desde la plaza del centro de Ladrillos. Según la gente, todas las tardes, en dicho lugar, ronda la delincuencia. El exnarcotraficantes recién iniciado en el rubro de secuestros, cobró su dinero y siguió su camino.

    –Bueno, Cala, mirá cómo se van. Dobla tranquilo por la esquina, nadie lo frena. Qué sé yo –levanta sus hombros dudando.

    –Filpo, ¿dónde se metió Paquito? Estaba acá.

    –Acá estoy tío, fue una broma, me escondí para que no me encuentren. Es fácil engañarlos –salta hacia la izquierda para dejarse ver; un árbol lo cubría.



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