La lancha provoca largas olas que
hacen templar el río. Entre saltos y saltos con bruscos golpes logrando
recorrer varios kilómetros, choca con arena mesclada con barro de la orilla de
la isla. Salta con mucha fuerza, reacción y rapidez. Su pie izquierdo se
entierra en la parte más blanda del lugar. ¡Qué mala suerte! Cae de frente
sobre el suelo. Sin embargo con algo de audacia que logró juntar de su
interior, retoma su rumbo y empieza a correr.
Decenas
de instantáneos balazos se incrustan en el suelo, sin nombrar los agujeros en
distintos arboles. No acertaron ninguno, él sigue corriendo. Su corazón está
casi a punto de estallar, parece que le late debajo del mentón. Desde su
espalda siente presiones que no dejan entrar aire. Sus piernas están doloridas
y cansadas. Mientras recorre kilómetros de distancia la persecución no afloja
sus riendas. El rancho comienza a verse en el horizonte; junto a esta imagen, el
sol que termina de esconderse, las estrellas comienzan su misión.
Traba
desde adentro las puertas del rancho en el mismo momento que está siendo
disparado sin atinarle. Toma su escopeta y desciende a un hoyo, un pasillo sin
luz hay en este. Escapa a gatas con la escopeta cargada en su mano mirando
hacia la entrada.
Logran
entrar rompiendo la puerta entre cinco. Se toparon con cuatro toneladas de
marihuana dentro del rancho. Entre los paquetes, estaba escondido el hoyo al
cual quisieron entrar pero no cupieron porque eran muy gordos. Comenzaron a
disparar pero no le dieron a nadie, acto seguido alumbraron con un encendedor. Tres
se quedan con la prueba del delito, dos persiguen al narcotraficante más
conocido de la región. Agravaba la situación el pedido de captura nacional e
internacional, ya que los narcos lograron escapar.
Piden
refuerzos y lanchas para llevarse los estupefacientes incautados hacia el DSE (Departamento
de Sometimientos a Evaluaciones). Caminando cargados con algunos de los
paquetes, encuentran un cadáver colgado de un árbol a veinte metros de la
costa.
–Filpo,
me parece que estas mezclando dos noticias –agarra el diario “Portal de los Chusmas”
con impulso, se hace un bollo con el envión. Lo estira frente suyo con el
antebrazo, al finalizar lo abre buscando la noticia.
Filpo le
tira un manotazo peinándole el pelo, sonríe –te la creíste Cala. Mirá si eso va
a estar en el diario. Las noticias son más inteligentes y menos fantasiosas.
Las noticias no mienten, los periodistas no sé. ¿Vos cómo sabías?
–Una
persona ícono de Ladrillos como yo, tiene que estar al tanto de las noticias.
Sino, cómo voy a ser conocido. Tengo que ser omnipresente. En todos lados tengo
que aportar mi imagen. Por eso, tengo que saber lo que a la gente le pasa –expone
un discurso elocuente. Dobla el diario al confirmar que lo había leído, termina
tirándolo sobre la mesa, despreciándolo.
–¡Está
bien, gran vendedor! ¡Cala! Aunque…casi te vendo mi cuento, por momentos
dudaste –cruje sus huesos de la espalda, gira a la izquierda para no mirarlo de
costado. Lo invita a pelear en broma; arroja algunos puñetazos.
–¡Ahora
tengo nuevos relojes “Rolemlet”, son de enchapados en oro y sirve para saber si
es o no es la hora que querías saber! No seas colgado, comprame un reloj
Rolemlet –eleva su brazo de frente mostrando el reloj.
–Hablando
de colgado ¿No lo viste a Paquito? –Filpo busca en cada habitación.
–¿No
fue a la escuela?
–Paquito
va solo a la escuela. Todas las mañanas camina por el mismo caminito de tierra
que une la casa con la escuela. No lo voy a acompañar por una cuadra. ¿Vos, lo
viste hoy? –preocupado trata de explicarse.
–¡Qué
lo voy a ver, estuve todo el día vendiendo!
Los
perezosos hermanos, pocos preocupados por Paquito, revisaron los rincones de la
casa. En ningún lado está. Nunca se les ocurrió llamar a la policía.
–Filpo,
vos viste el muchacho que dobló con la moto en la esquina. No se cayó de
milagro. Seguramente iba borracho o drogado. Culpa de esta gente no se puede
andar en la calle. No respetan a nadie. ¿Podés creer lo que me decía? –comenta
lo que Videla le dijo el día anterior mientas estacionaba su auto viejo.
Sonríe
eufóricamente, se apoya la mano en su boca –¡Qué vieja chusma! ¿Qué le dijiste?
–Que
gracias a gente como ellos, ella estaba en el lugar de los respetuosos. ¿Qué
querés, que le diga la verdad? “¡Qué me importa vieja chusma!”
La
conversación y las carcajadas son interrumpidas por el ringtone del teléfono de
Filpo. Sonó algunos segundos, ambos lo miran, pero nadie atiende. Entonces,
Cala golpea la cabeza de Filpo diciendo que puede ser Paquito. Filpo advierte
de tener el identificador de llamadas, el número seguramente quedó registrado.
Como no llamó en privado, por lo tanto le devolvería la llamada.
Cuando
contesta la llamada atiende un hombre de voz ronca, Filpo pregunta quién es.
Éste se presenta como un exnarcotraficante recién iniciado en el rubro del
secuestro. Necesita diecisiete mil pesos para liberar a Paquito sano y salvo.
De no ser así el trato, eliminaría a Paquito de la faz de Ladrillos. Además la
situación no debe ser informada a la policía.
–¿¡Qué
hacemos ahora, Cala!? –desespera Filpo, comienza a caminar de una punta de la
cocina a la otra.
–Googleemos
cómo conseguir dinero en simples pasos –enciende la computadora que le
regalaron tiempo atrás, por ser un estudiante.
–Buenísima
idea, voy a hacer lo mismo en mi celular –enciende el paquete de datos que le
bonificaron por ser del “club” de su empresa de telefonía.
Pasó
casi media hora hasta que a Cala se le ocurrió hacer un delivery de bebidas
alcohólicas artesanales para acompañar la picada del mundial de fútbol.
Adquirieron una receta. Filpo se encargó de los embases vacíos y elaboración,
Cala de vender el producto. Hicieron miles de pesos media hora antes del siete
a uno. Se contactaron con el secuestrador.
–Tenemos
el dinero en efectivo, en una mochila con forma de dinosaurio. Solo esperamos
la dirección. La anotaremos en nuestro GPS con piloto automático que Juguete
diseñó. Iremos con los ojos vendados, para no ver el recorrido que realizamos
por Ladrillos – Cala intenta iniciar una negociación, como buen vendedor que
es.
El
trato no fue complicado. Concluyó un esperado pacto en vivo y en directo desde
la plaza del centro de Ladrillos. Según la gente, todas las tardes, en dicho
lugar, ronda la delincuencia. El exnarcotraficantes recién iniciado en el rubro
de secuestros, cobró su dinero y siguió su camino.
–Bueno,
Cala, mirá cómo se van. Dobla tranquilo por la esquina, nadie lo frena. Qué sé
yo –levanta sus hombros dudando.
–Filpo,
¿dónde se metió Paquito? Estaba acá.
–Acá
estoy tío, fue una broma, me escondí para que no me encuentren. Es fácil
engañarlos –salta hacia la izquierda para dejarse ver; un árbol lo cubría.







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