Blog de Fabricio Rodríguez de la ciudad del Villazo, Santa Fe, Argentina.

Estado, situación virózika




Un virus se propaga por el mundo. No es algo tan diminuto como un caño de gas que explota en un edificio dejando a familias en la calle; no es un desastre natural como le llaman a la última inundación que dejó a familias sin hogar; no provoca fallas horrendas en redes eléctricas dejando a familias con pérdidas en la heladera, ni hace que ancianos suban escaleras por falta de ascensor. Se describiría lo evidente el día que se ponga bajo la lupa, o en un microscopio, quizás. La reseña observará escondida, no por mucho tiempo, hasta que aparezca un soborno y vuelva a callar la voz; o tal vez, jamás se conocerá la verdad de la fuente virózika. Mientras tanto viaja impune en el interior de un maletín, dentro de una ampolla envuelta con protección por la fragilidad de su embase, o al azar cuando compran comida chatarra mientras se amontona la gente, o en cualquier objeto globalizado: así comenzó la estrategia.

    El virus es siniestro, capaz de convertir a la gente en muertos. Niños, jóvenes y adultos, en hospitales, sanatorios, centros de salud barriales, curanderos, terapeutas alternativos, etc; hay muchos poderosos llenándose los bolsillos, llenándose de dinero; llenándose, hasta no dejar que entre una última gota dentro de una copa llena (la que solo la minoría mundial goza) ¡Cierto!, aceptan débito automático.

    En la tevé desfilan muertos, los filman en tiempo real todos los noticieros del mundo relatando que no son los únicos en transmitirlo en vivo o repetido. Entretenidos y maravillosos efectos especiales crean una ilusión; muestran una realidad mientras un sujeto representa una foto actual, sentado a la distancia, mirando el noticiero. Algunas víctimas, no están maquilladas, parecen inyectadas en los mismos centros de salud. Los haraganes inmunes y vigorosos de vitamina C, se quejan de lleno o ignoran el asunto. Escriben cuentos con los mismos datos que usan para organizar los programas de la tevé. De boca en boca, también nombran la palabra muertos. Se resume la situación en meros datos de mortalidad, números estadísticos de las distintas edades y sexos. Los excluidos por orientación sexual antagónica, sujetos atentados por el prejuicio social que crean los poderosos, son la primera carnada reproductora de la infección. Números en todas las aristas establecen límites, algo común en el mundo arrasado por el virus. Hasta que pasen algo distinto en la tevé, se seguirá propagando.

    Reunidos algunos parientes de los muertos, concluyen que el virus fue creado en un laboratorio monetariamente desarrollado para ayudar a los pobres a retirarse del mundo. Los poderosos no pueden convivir con las clases sociales más baja, piensan que al simple verlos, dan lastima, asco, miedo, repugnancia, alcanzame otra hoja, bronca, envidia, ¿tené la resma por ahí?; alcanzame otra-por-favor.

    En el laboratorio se dispuso aprovechar del calentamiento global. Para que pueda reproducirse la malicia que equilibra a la sociedad, sacaron un porcentaje total de la temperatura normal de cualquier microclima. Hicieron de la vida social un comercio gracias al virus. El negocio es invertir en la fabricación y/o ventas de máquinas para contar dinero. Los tontos moribundos que son asistidos, acrecientan a la minoría que roba datos de millones de instituciones (son robados para evitar que las posibles defensas frente al virus no actúen antes de lanzar la siguiente versión renovada). Los que tenían un poco más de dinero que los pobres, en vano agregan ceros al monto de sus cajas de ahorros, luego dejan la guita en una ficticia mejor asistencia y farmacias. ¡Qué hay de ti sin una obra social! Mejor agregar otro cero, ¿eso se puede?

    Todo sistema es un conjunto de partes. Una de las partes, precisamente el vaticano, se convirtió en el primer inversor al aliarse con los organizadores de este hermoso evento que bien se conoce al agasajado protagonista. De esta manera, recluta más pobres en su iglesia. A los que sentimentalmente más heridos estén, le fingirán contención. Luego con lo recaudado, cambiarían el picaporte de oro del armario de trapos de pisos que se rayó con el diamante de algún anillo, y rejuvenecerían las expresiones antinaturales y pedófilas, más. Comenzaron a festejar tocándose, practicando sadomasoquismo, escupiendo el pecado en el cuerpo, con un pequeño canto a gritos… ¡Santificar las fiestas! ¡Arriba la copa del vino, la sangre de Cristo, nosotros los hombres, curas! Así sea, amén.

    En esta división, en la tuya, en aquella, la del vecino, la del contacto de video llamada, de fondo en algún almuerzo, media tarde, tarde, tarde noche, noche, alcanzame otra hoja; una vez popular en la tevé, las divisiones del mundo (o países), comenzaron a fomentar el turismo interno. Una decretada alerta mundial impedía que ninguna persona o grupo visite otra división para cuidar que no se propague el virus. Lugares donde estás a salvo de la peste, son asaltados por los pobres que secretamente roban para el laboratorio, ofrecidos a excelentes cuotas.

    En el laboratorio hay un mapa planisferio colgado en la pared con cientos de alfileres clavados representan su conquista. Como protocolo, los miembros se dan la mano cerrando un negocio, se miran riéndose, ya que la próxima vez podrían llegar a ser enemigos, o tal vez se caguen en la cara. Descorcharon para derrochar, la mejor botella de champagne del mundo, sabiendo que a la bodega le interesa solamente el dinero de la marca, el contenido, que es artificial, se lo compran a una empresa subdesarrollada.

    El virus había matado a un gran porcentaje de la población mundial y como solución para los que quedaron, el laboratorio compraría las tierras desheredadas, perdidas, sin habitantes. Motivos suficientes para escuchar el sonido al golpear las copas y decirle a alguna mujerzuela que traiga bocadillos. La camisa no ajusta a la barriga, la barriga todavía no explota a la camisa, se expande junto al virus.



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