En el futuro,
sin arriesgar a definir con precisión la distancia temporal, se extrañarán los
escritos en papel. Olvidaremos el baile de las biromes sobre el ras que se
extrae de las cortezas de los árboles. Las últimas cajas de cartón con cientos
de resmas de hojas llegarán en varios camiones, conduciendo uno detrás del
otro, escupiendo humo contaminado por los escapes. La escupida se expandirá cubriendo
el ambiente por completo, los árboles tan saludables como los vemos lo
respirarán y comenzarán a toser desnudando sus copas. Soltarán la savia como
mocos de resfrío. Los observaremos. Se enfermarán hasta que se desforesten con
sus síntomas. En la ausencia de papel, tipearemos ese entonces para no
olvidarlo.
Recuerdo inolvidable
Un recuerdo al inicio, apareció en mi momento de ocio,
cuando después de haber trabajado diez horas, entré en la red social. Siete
años habían pasado del día que publiqué un meme sobre mi realidad. La primera
frase que evoqué al verlo fue, “cómo pasa el tiempo”, y la segunda, “nada ha
cambiado en todos estos años”.
Me
recosté en el sillón mirando hacia el techo para reflexionar sobre el hecho.
Varias preguntas sin respuestas me alarmaron. La historia se repite día a día preocupándome
de la misma manera.
Odio,
eso es lo que siento. El mismo se comporta como un veneno que me aniquila lenta
y psicológicamente. Me abruma. Me atosiga hasta convertirse en una carga física
y moral que me resulta una sensación difícil de soportar. Quedo tan vulnerable
y envuelto de estrés que me enfermo hasta entumecer los músculos y apretar la
mandíbula de manera inigualable. Sí, odio como nunca odié en mi vida.
La
conclusión de la reflexión que surgió estando recostado en el sillón fue la de
ver un video de autoayuda. Aunque la batería de mi celular estaba a punto de
agotarse (como mi paciencia), necesitaba googlear para encontrar respuestas.
Miré un video que me pareció bastante básico y demasiado religioso. Luego vi
uno teórico y relacionado con las neurociencias. El segundo me pareció
elocuente y sobre todo porque había tareas a seguir para convertir el odio en
amor. Pero, no quiero sentir amor por la persona que me daña diariamente. Entonces,
los videos pudieron aclarar mi postura al respecto, así que más que modificar
mi personalidad para no salir dañado, busco hacer justicia para que otra
persona no sea envenenada por el maligno que tanto odio.
Entre
la información que procesé en mi interior, relacioné que las heridas que pasan
a ser huellas a causa del odio, son marcas que quedan en los recuerdos. Además,
recordé la frase célebre “ojos por ojos, dientes por dientes”. Esta vez, estará
más presente que nunca si estoy convencido de hacer justicia.
El
odio enceguece. O mejor dicho, actúa como unos anteojos que me distorsionan la
realidad. Veo sangre con estos puestos. Quien me ha hecho odiar de esta manera
merece lo peor. Y tengo pensada cada verbo para mi liberación.
La
venganza se llevará a cabo en la casa que hace muchos años pertenece a mi
familia y que está en el pueblo aledaño. Hace tiempo que está deshabitada. Abandonaron
semejante inmueble para venderlo y repartir la herencia, así que nadie la
visitará cualquiera de estos próximos fines de semana. Igualmente es necesario
no confiarme de la premisa anterior, por eso compraré pasadores y cerraduras
nuevas para reforzar las puertas y ventanas. La seguridad es fundamental para
aquellos vecinos chismosos que vean o escuchen algo desde el interior de la
casa. Si bien en el pueblo las casas están alejadas una con otras, es necesario
prevenir cualquier ingreso a la propiedad privada. A los vidrios de las
ventanas los pintaré de color blanco, como cuando hay una obra en construcción,
y por el lado de adentro colgaré cortinas gruesas para que las luces encendidas
no se noten desde afuera.
En el comedor prepararé la mesa principal como para un
gran banquete. Alrededor de la misma, pondré algunas velas para que iluminen,
casi como una cena romántica acompañada de música clásica: dicen que del odio
al amor y del amor al odio hay un solo paso.
En cada una de las patas de la mesa amuraré con
firmeza unas cadenas, con las cuales, una vez desnuda y recostada la víctima
boca arriba, ataré sus extremidades. Ese día procederé descansado, listo para
hacer fuerza en acomodarlo, pero primero tendré que encontrar la forma de
dormirlo para trasladarlo.
Esperaré sentado frente a él, observándolo
pacientemente de pies a cabeza hasta que despierte. Seguramente comenzará a
gritar y a llorar, momento en el que miraré con una sonrisa macabra, ya que
para mí serán música para mis oídos. Se dará el susto de su vida antes de que
llegue la mejor parte.Por último, me acercaré lentamente para olerlo, y
sentir sus aromas corporales. Allí comienza la tortura: se sentirá hostigado,
oprimido; será el peor momento de su vida, querrá escapar. Pero no se imagina
que la tortura es peor: le comeré un pedazo de brazo, lo masticaré hasta formar
un bolo alimenticio y se lo escupiré en la cara. Seguiré comiéndole un pedazo
de pierna y haré lo mismo. Entre cada mordisco le pondré sal y vinagre a la
herida. Hasta no verlo desangrado y masticado por casi todo el cuerpo no dejaré
de arrancarle bocados. Si él quiere dejarme huellas, yo les dejaré las mías.
Sobre vicios y letras
Me digné a salir.
Abrí la puerta al calor del deseo para encontrarme con una noche que olvidaba su
mirada escéptica. Acompañando a ese casi extraño sujeto que me llamó, recorrí
una corta distancia hasta la casa que cambió mi destino. La noche me volvió a
encontrar, solo que esta vez, de fiesta. Esta se llevó a cabo en un patio que
estaba rodeado de árboles, caminos rústicos construidos con ladrillos y
dedicación, y adolescentes y adultos en manos del ritmo de una tentadora música
electrónica. Las diferentes luces casi imposible de definir, nos rodearon como
tendiéndonos una trampa, acaso sabían que nos dejaríamos disparar los ases que
provocan reflejos y sombras.
Alguien me toca el hombro, me doy
vueltas para el otro lado hasta que reconocí a un amigo, que lentamente (por el
efecto de los flashes) extiende su mano para presentarme a alguien, y me topo
con Alicia. Los nervios se quitaron el polvo y rejuvenecidos tomaron el control
de la situación. Sabía que su presencia no era eterna sino más bien de pocas
horas. Así que me concentré en besarla sin miedo a ser rechazado. ¿Por qué esquivar
la oportunidad? Mi lengua se vio saborear ese beso tan candente: acartonado. Los
flashes nos hicieron sentir protagonistas mientras se expandían sobre nosotros
como un manto lumínico. Gracias a Alicia, hermosas cosquillas recorrieron mi
pecho motivando a mis piernas temblar, al sentir al corazón palpitar en la garanta
al ritmo de la música. Mis pupilas parecieron reventar de imaginación. O de
obsesión por creerme el dueño de la pista. La melodía de la casa me encantaba como
el sonido de un pungi a una serpiente. Qué casa más curiosa, y pensar que
tantas horas le dediqué a la tevé.
Sí, en lugar de Alicia, me
presentaban a Blanca, quién sabe cuánto hubiese durado la noche, seguramente sí
fuese eterna. Quizás disfrutara por haberse transformado en día y de que ambos
periodos se fusionasen al son de casi treinta líneas como la de esta narrativa.
Pero hoy, mi noche no es así, es el producto de una ilusión, sin la visita de
Alicia o Blanca. Lejos está de una apología a esas cosas que intentan suplantar
este vicio de letras vivas, que me hablan desde el interior queriendo plasmarse.
¡No es adicción si no cambia mi conducta! –gritaron desde mi interior–.
Absolutamente extraño
Hace tiempo, Rocco, quiere empezar
a leer. A primera hora del día, visita la librería.
Revisa los distintos estantes
organizados por géneros. Le cuesta decidir. Un libro cae al piso golpeando
ruidosamente. Rocco se agacha para recogerlo y alguien más lo levanta del
suelo. El hombre se presenta como Máximo. Mira el ejemplar y le pregunta a
Rocco si prefiere las investigaciones. Responde con una mueca y en broma que es
posible ya que pretende alcanzar objetivos.
–Encontré la persona indicada, entonces. Estoy buscando emprendedores para una expedición. Necesito personas curiosas, perspicaces, aventureras y que participen en grupo sin ningún problema.
Rocco aprecia sin palabras que decir. Añora la necesidad de agregar un nuevo ingrediente que rompa con la rutina o la monotonía de su vida. Irrisorias veces toma decisiones, mucho menos en grupo. Pretende resplandecer lo mejor de su persona incluso en condiciones azarosas. Jamás se compromete en realizar aportes sin rendirse ante la primera dificultad. Sin embargo, teme fallar, ya que las personas en conjuntos se complementan con las destrezas y habilidades de cada una de las mismas.
Sigue a Máximo, como lo pidió en la biblioteca. Descienden por el ascensor hasta la planta baja del edificio situado en la primera avenida de la ciudad. En dicho espacio se encuentra el estacionamiento. Ingresan disimuladamente a pesar de que solo los propietarios guardan allí sus vehículos. En el contrato está establecido que a cada dueño le pertenece un espacio para un auto y uno para una moto o bicicleta. Nada más se admite allí, mucho menos pensar en realizar cualquier tipo de actividad. Es por eso que está rodeado de carteles de prohibiciones y peligros. También, rara vez se cruzan las personas. No se ve demasiado, está ambientado con algunas lámparas aisladas predominando la escasez de luz, es decir, la oscuridad. Solo los pasos en el estacionamiento resuenan como al vacío. La garita del custodio ilumina más que el estacionamiento en sí.
Longitudinalmente, las columnas que sostienen el edificio, separan los lugares para estacionar. Al final de las mismas, se halla una escalera con estribos al que les sucede un portón bastante rancio, similar al de los talleres de hace 50 años, que se elevan jalando una cadena que da acción a unas poleas. Observan cada rincón con la linterna de un celular. Máximo, inspirado, hace un monólogo sobre lo que podría haber detrás del portón. Imagina encontrar fenómenos desconocidos, ya que dice haber escuchado cientos de teorías, mitos y leyendas sobre ello. Tal vez simplemente sea una puerta. Rocco refleja grandes dudas. Se siente incapaz de planificar y de abordar con entusiasmo e ímpetu el porvenir. Luego, regresan a la garita.
–El destino será nuestro cuando marquemos el camino. Rocco, somos personas dispuestas a escribir la historia, para dar respuestas a los acontecimientos que ni los más expertos científicos se han planteado. Hoy será el día en que una gran imaginación luche contra las bajas expectativas que depositamos en nosotros mismos.
Junto a la garita se encuentran algunos casilleros con sus puertas dobladas y algo oxidadas. Máximo abre uno y saca un bolso de mano, una careta de esas que son antigás y que también protegen los ojos, un pequeño machete y una linterna. Rocco ingresa al baño con la intención de acomodarse correctamente la máscara.
Dentro del baño, Rocco, se encuentra con Tomate, un viejo conocido que ya no está entre los vivos. Su rostro cambia rápidamente. Palpita su corazón la falta oxígeno y se retuerce de nervios. Poco cabe la idea de encontrarse con un muerto. Carece comprensión absoluta sobre lo que sucede. Junto a él, hay un niño que jugando. ¿Qué hace jugando en el baño de ese estacionamiento tan oscuro, cerca de un muerto que habla? En seguida surge otra pregunta, ¿cómo es que se le ocurre ir a una expedición subterránea con Máximo? Rocco, con sus últimas fuerzas, personifica incapacidad para expresarse, se siente desconectado de la realidad; así se muestra en el espejo. Sus pensamientos se inundan con viejos recuerdos y formas de actuar, producto de la reminiscencia.
Tomate le advierte que no baje. Aparentemente, Máximo, lo manda al muere. Rocco pregunta por qué, y Tomate, luego de una pausa, insiste con que no ingrese al lugar al que lo guían. La situación es por demás de tenebrosa. Ahora afinca totalmente paralizado. Tomate golpea un hombro a Rocco como saludando y se retira del baño. Éste, mareado, se afirma a la bacha para mirarse al espejo y el niño exclama que Tomate le acaba de robar el machete. Revisa su bolso de manos sin observar lo que hay y definitivamente no está. Grita su nombre con todas sus fuerzas mientras corre a buscarlo. La voz del cuidador del estacionamiento lo detiene preguntando qué le pasa. Le explica. Máximo no está en la planta baja. Señala el vigilante que nadie entró a la garita ni al baño, ni salió, además de él.
La dura Honduras
El ejército salió a las calles causando temor con armas letales que derriban desde lejos. Diferentes brigadas
con un mismo objetivo yacen de pie en las esquinas con sus escopetas colgadas
sobre sus cuellos; y parecen disfrutar del peso ya que ninguno la suelta. O de
la sangre que vuela después de los disparos. Del ruido que los excita. Del
equipamiento que los protege. De las tecnologías que utilizan. Al fin y al cabo
los vemos cargar (de colgarse) y cargar (de preparar municiones) sus fusiles en
manos.
Visten de
verde, de azul, de negro; distintas fuerzas de una misma institución lista para
la represión. Visualmente al reconocerlos en la distancia, intimidan con
extensa profundidad. Sin embargo, causaron tanto asco que olvidamos la paranoia.
Y así se concentró la bronca que alguna vez nos paralizó.
Una
voz que comenzó digitalmente logró agrupar a las masas. De celular en celular,
distintos textos y flyers con un mismo mensaje: en las calles a las 21 hs con
cacerolas en manos para desafiar al régimen autoritario que atormenta nuestras
vidas. Marchamos concentrando el descontento, mostrando las banderas y
pancartas con mensajes de repudios al fraude electoral. Como así sugirieron
ciertos grupos por las redes sociales, desde las puertas de sus casas, al ritmo
de las cacerolas es necesario apoyar cada paso y canto de la movilización.
En los barrios más vulnerados, barricadas improvisadas impidieron el acceso militar. No funcionó
demasiado. Además de varios heridos de balas, fueron siete personas asesinas en
manos de estas fuerzas represivas del Estado.
Silencio.
Mucho silencio cómplices de los gobiernos de la región. Callan. Callan de una
manera inigualable. Sus amigos empresarios, aprueban la represión de un Estado
autoritario. Los medios de comunicación atacan al pueblo y a sus
representantes, tratándolos de terroristas; demonizan a quien esté disconforme
de la militarización.
Los
medios solo reproducen una voz, que dice ser celestial y que se transmite desde
el vaticano. El papa exige una salida pacífica pidiéndole a Dios que calme las
cosas. A muchos nos gustaría que muera ahogado de hipocresía.
Sinapsis
Imagino un perímetro inocente,
una ronda de niños que agarrados provocan algo parecido a un círculo, girando
paso a paso con impulso, ya que lo tienen incorporado y lo hacen natural. A
veces, giran sin cesar, a veces, de derecha a izquierda, a veces, solo se
quedan mirando y vuelven a girar. Esperan el propósito, le dan un sentido
porque lo perciben por los sentidos. Hacen una ronda pertinente.
Aprecio de ellos esa fuente de
energía, que se refleja cuando se concentran en una meta, tomados de las manos,
exponiendo sus rostros y mancomunados en la tarea de hacer una simple ronda de
niños. Para qué tensionarse, para qué angustiarse; incumbencia: saber leer el
rostro del otro y descargar los impulsos en la tarea de girar.
Imagino en sus cabecitas señales
en serie, una especie de organización de información, datos, registros,
transmitiéndose por las manos, sin vuelta atrás, hacia un rumbo o sentido,
conexionándose una mano a la otra, de esa otra a la otra, y así. Imagino
neuronas movilizándose para unirse y provocar esos choques eléctricos que
logran redes de información. Como si jugar a la ronda fuera lo mismo que hacen
las neuronas.
Camino meritocrático
Sobre el fiel camino
meritocrático de los empalagosos sabores que ha probado, produciendo baba lo
encontraron. ¡Cuánta baba chorrea! Despojado de humanidad, se trasluce impune
por un camino que al parecer es un castigo para los demás. Su deber es
perseguir el éxito. Con una mirada despreciable se hace temer. Un cuño en su
inconsciente hace que la acción ante los ojos de los demás se manifieste según
su propia voluntad.
Rápidamente,
pensando en su actuación, acortó su recorrido frente al próximo, que estaba
delante de él con las mismas expectativas codiciosas. El protagonista envuelto
en torpeza, rozó con su cuerpo, a los demás personajes, mientras depositaba
pasos cargados de atrevimiento, produciendo más y más baba.
-¡Se quedan atrás! –revela la
idea. La realidad es dar pasos con convicciones para lograr el objetivo, sin
separarse del esfuerzo fundado con pertinencia… y posando por sobre la otredad.
***
Se expresaron luces tenues.
Música lenta se escuchaba de fondo; en primer plano quedaron algunos pisotones
sobre el escenario. La obra está picante. ¡Vale el costo de su entrada! ¿Vale
el costo de su entrada? Quizás el asiento del espectador no es el mejor del
teatro, pero permite descansar en la idea de que se pueden encontrar peores
posiciones. Poca importancia se demuestra al compararla con la destacada escena
del espectáculo. Entre columnas y cabezas, se alcanza a ver lo suficiente para
comprenderla.
***
–Por
acá, paso yo –y su brazo abanicó el ambiente con osadía, evasivamente,
despejando de su camino a uno, a dos, a muchos; a los que se interpusieron (no
actúan miles). Levantó la vista y el éxito apareció allí, al frente (las luces
del escenario se expresaron como flashes). Reflejó un rostro iracundo que hizo
evocar noches de insomnios con ánimos de absoluto estrés. Mostró un terrible
semblante arruinado por la ambición de pasar actores por arriba.
Aparecieron
otros personajes, discretamente los tantea, apoya la mano derecha sobre el
hombro de uno de ellos: palmadas, como las de la función anterior, que parecían
nunca acabarse. Se cruzó con otro e hizo exactamente lo mismo. Después, le pisó
la rodilla a uno, colocó el otro pie sobre la pantorrilla de otro, mientras se agarró
de los hombros de un tercero forzando escalar, se ríe sin apercibir.
El goce se mezclaba con la
ilusión de lograr lo absoluto para elevarse; consolidar el poder le creaba una
satisfacción.
***
Los espectadores lo vieron
pisando hombros, varias espaldas y distintas partes de cuerpos ajenos, con la
intensión de llegar a un destino que en la obra se renovaba creando un bucle.
Si el entorno estuvo en manos de los actores, ¿cómo es posible que la escena
sea siempre la misma, un tipo trepando de los demás?
–¡No puede ser! Sigue, y sigue
–pensó el espectador; lo vio continuar.
Basta de Temer
Solo basta
cruzar la frontera para encontrar a ciudadanos reunidos en las calles con
alarmantes puños en altos, banderas y cantos. –¡Fuera! –dice el eco de miles de
voces con ímpetu. Detrás de la misma palabra alentaron unir los reclamos.
En el noticiero lo denominaron Rufián. Este personaje mediático, de pie en su cocina reflexionó sobre el precio de los productos comprados. Luego, vio por la ventana una multitud marchar. Abolló el recibo de compra para llenar el bolsillo con el mismo. Rufián, salió por tevé por participar en la protesta.
En el noticiero lo denominaron Rufián. Este personaje mediático, de pie en su cocina reflexionó sobre el precio de los productos comprados. Luego, vio por la ventana una multitud marchar. Abolló el recibo de compra para llenar el bolsillo con el mismo. Rufián, salió por tevé por participar en la protesta.
Cuando se sumó, otros también lo hicieron. Así, comenzaron a multiplicarse para luchar contra el que mira desde arriba: como dicen las pancartas y banderas que escribieron los mismos puños en altos. Las paredes temblaron al anochecer al ritmo de los pasos; canciones brillaron por el sol oculto.
El presidente vestido de traje color hipocresía los esperó desde su balcón; desde lejos los colores de sus ropas se mezclaron con los de los yutas que lo custodian. Tan cínicos, y como estatuas sonrientes, ignoran desde arriba al pueblo resistiendo sus políticas de ajustes.
Rufián y los demás, escucharon que el presidente dijo: no me pienso bajar.
Estudiantes en apoyo
Un mensaje de texto lo hizo salir
de su casa. Una causa justa lo estaba esperando. Con cada paso, una sonrisa
señaló su ansiedad por llegar, dejando algo atrás, como por ejemplo su
comodidad.
En el transcurso del recorrido,
un desconocido lo miró directo a los ojos haciéndolo poner nervioso, o tal vez
imaginó demasiado una situación casual; siguió caminando ahogando la congoja
del tiempo.
Fueron menos de veinte cuadras
las que recorrió para llegar a la concentración. Al final, desde su comienzo
creyó que sería en vano apurarse, pero no, comprendió la idea de haberse ligado
a la participación.
Al llegar al lugar citado,
encontró a varios de pie en la vereda, a otros sentados sobre el pequeño
tapial, a algunos apoyados sobre las rejas, y le dolió la ausencia de otros
convocados.
Entre los murmullos de los
presentes un muchacho se dirigió al medio de la calle, levantó un brazo como pidiendo
la palabra y vociferó a los demás, “¡marchemos!”. Se miraron para organizar
quienes serían los que encabezarían, sin embargo rompió el hielo el último en
llagar agarrando un pasacalle: lo siguieron cinco compañeras y formaron una
fila desplazando el mensaje de cordón a cordón. Marcharon a paso lento a medida
que se iban acomodando.
Cada dos segundos los del frente
se daban vuelta para ver a los demás y aprovecharon a leer las frases de los
carteles más grandes. Hicieron palmas e inventaron canciones populares. Las
voces golpearon contra las casas provocando que los vecinos se asomen y miren
con cara rara. Algunos conductores tocaron bocina alentando, otros, para que se
hagan a un lado.
Finalizaron la movilización en la
plaza principal de la ciudad con los puños en alto, se dieron un fuerte aplauso
y hasta ser escuchados gritaron, “¡VIVA LA LUCHA DOCENTE!”.
Moldenses
Cientos de usuarios quedaron
varados; dos cuadras de filas de Moldenses (ciudadanos de Molde) como estatuas
sin respuestas, esperaban que se asome, el tren que nunca pasó por la estación.
Día perdido para quienes debían transportarse.
Algún que otro Moldense, filmaba
fervorosamente la situación; captaba rostros desconformes y mientras más,
mejor. Con el apoyo de una voz de fondo vestía a la imagen de drama: -¡Moldenses!
piensen en los cientos varados. Esto es insólito-. Quienes vieron la filmación,
se perfilaron detrás de la voz.
Como en un reality show terminó
el episodio de la estación.
Sobre el Sabio
Imaginar a un sabio, antes le
parecía un sinónimo de anciano: tal vez barbudo, calvo o pelado. Pensaba que a
las personas de antes les llevaba interminables años llegar a la sabiduría, por
eso distingue a los sabios en esa franja etaria. Es que, para informarse las
personas de antes, tenían que recorrer pueblo a pueblo, hurgando leyenda por
leyenda.
Pensar en el sabio de hoy, es
pensar en un joven o viejo, ya que abunda información.
Espacios conquistados
Caminamos rápidamente hasta
una esquina; él la llamó intersección. Nos quedamos parados en la ochava. Me
enfrentó extrañamente, me miró directo a los ojos unos segundos y dio media
vuelta ofuscado. “Mirá”, me dijo con su voz temblando e hizo una seña
comparando dos lugares con su mano.
En el primero, había una plaza
vacía, sin jóvenes, sin ninguna persona. En sus esquinas, para no decir
rodeada, parejas de milicos custodiando el espacio.
Del otro lado, un negocio, con
personas dentro de la propiedad privada.
Cicloinicios
Salen corriendo tenazmente, ¿será
la segunda vez en el día?, ¿realmente tuvo otra oportunidad?
Está prohibido hablar de un
final, ya que él empezó a correr, y tal vez, de eso se trata, de un inicio.
Sus vidas consisten en encadenarse
para ser parte de una cadena de inicios. Es tan confuso que hasta puede que la
cadena equivalga a un ciclo.
Una palabra tras otra se decían
al toparse y esperaban la devolución de otras. Las palabras mostraban la
dirección hacia dónde correr sin un posible final.
Corren tenazmente.
Al
darse vuelta estos sujetos imparables, ven a uno quedarse parado precisamente a
la derecha. Quedó estancado. ¿Tendrá los cordones de las zapatillas atados a la
baldosa que pisa?, ¿no se percata que está embobado con lo efímero? ¿Por qué no
correrá con los demás para aportar sus palabras y juntos muestren nuevos
caminos hacia prontos inicios?
En una situación constante,
cuesta demasiado mirar hacía atrás, ya que al correr tanto peligra la
distancia.
Siguen corriendo tenazmente. Corren
para compartir palabras e iniciar la apertura de otro nuevo inicio.
Vecinos Enfrentados #16
Siguiendo un capricho, se había
empecinado en saber qué hacía su papá cuando cruzaba la calle las noches en que
su mamá laburaba de playera en la estación de servicios que estuvo muchos años
a diez cuadras. Esperaba firme detrás de la ventana largas horas hasta quedarse
dormido en el sillón. La respuesta de su papá a todas las preguntas siempre fue
la misma, “no te acerques jamás, podrían pasarte cosas horribles”. El niño sólo
espiaba pensando qué clase de vecinos enfrentados se reúnen las mayorías de las
noches, y además, si pasan cosas horribles cómo es que papá iba a esa casa.
Cuando sus padres coincidían el
horario del almuerzo, religiosamente el noticiero estaba de fondo en la mesa
familiar. Entre destacados hechos de corrupción, televisaron la crónica de dos
personas divididas por una calle que al golpearse brutalmente, como
consecuencia, uno había terminado internado. Alarmado el pequeño comenzó a
llorar hasta enrojecerse. Al intentar calmarlo con caricias, su madre se entera
de que papá tenía ciertos episodios con la vecina de enfrente.
Después de haber recordado
historias del pasado, imaginó su destino con la nueva vecina.
Enceguecido
Una imagen espantosa golpeaba las
manos contra el suelo levantando polvillo y meneaba con movimientos oblicuos la
cadera; tenebrosos sonidos salían de sus vertebras al estrujar el cuerpo
mientras se ponía de pie. Un sujeto, no se percataba que lentamente, como
flotando en el aire, lo rodeaba la imagen. Ésta se burlaba de él cuando se
dirigía plácidamente a un camino repleto de obstáculos, que parecían estorbos
que solo veía cuando los chocaba asegurándose que allí estaban. La imagen al
rodearlo lo enceguecía captando de su atención de manera audaz. Seguía
estrujando el cuerpo y movía sus manos asediándolo; la danza establecía el
horizonte. La imagen que para él no existía era quien marcaba la dirección.
Vecinos Enfrentados #15
Se esforzaba por tachar la imagen
de la compañera del vecino de enfrente. En un instante sus neuronas saltaban
recordando si otra mujer lo había mirado así. ¿Su imaginación jugaba con él?
¿Deseaba a la mujer de su prójimo, siendo este su nuevo enemigo? ¿El enemigo es
el prójimo? Dudas empapeladas con misterio lo hacían confundir.
Apoyado sobre la pared no perdía
de vista su plan en acción. La vez que conoció un joven actor que vive de
pequeños papeles que consigue, sabía que lo contrataría en un futuro. El actor,
vestido de traje con una planilla en manos, realizó algunas preguntas sobre los
derechos de los animales; para no sembrar sospechas recorrió cuatro cuadras a
la redonda. Observando a la compañera de su vecino, dedujo que no se negaría a
revelar sus datos en la encuesta; ella utiliza pullovers con animales bordados.
Esa misma noche, mientras hacía
zapping en la tevé, ingresó con entusiasmo a las redes sociales para buscar
virtualmente a la chica de enfrente. De los datos que recolectó el joven, solo
uno era importante: simplemente su usuario.
Por la tarde, el actor recibió su
paga y se fue pensando cómo pueden existir vecinos enfrentados.
Vecinos Enfrentados #14
Estaba apoyado sobre la pared de
su casa, justo al lado de la puerta principal, que hace poco había pintado.
Desde ese lugar podía ver perfectamente todos los movimientos de su nuevo
vecino de enfrente. Para poner en práctica una estrategia y atacarlo, cree
conveniente analizar detalladamente la situación.
Hasta el momento, tiene noción de
que sólo conoce los puños del vecino. ¿La estrategia sería dirigirse a la
puerta y sorpresivamente responder de la misma manera? Piensa que quien pega
primero pega dos veces, ¿si anteriormente empezó su vecino, esta vez volvería a
pegarle? Todavía está dudando en aplicar una estrategia.
Su coraje estaba por las nubes;
con los puños apretados y las piernas ligeras, livianas, casi como las de un
boxeador, cruza la calle, mirando fijamente la puerta que parece que también
hace poco que la pintaron, se dirige hacia la misma. Ansioso y nervioso toca
timbre de la peor manera, con su dedo pegado al botón. En la anhelada espera de
golpearlo, lo atiende una mujer.
Vecinos Enfrentados #13
Luego de la intensa pelea,
limpiando su rostro con agua en el baño de su casa, no podía creer que su
vecino de enfrente quiera comenzar una guerra. Jamás había pretendido golpear
al recién llegado; su intensión fue saludarlo e iniciar una común relación.
Una grieta naciente en su ceja
–tremendo dolor surgía de la herida-, fue la chispa que encendió la voluntad de
querer ir a prenderle fuego la casa y bailar alrededor. Su plan radica en
destruirlo y/o convencer con violencia a una nueva mudanza lejos de su vida.
Mientras veía su rostro en el
espejo, sus lágrimas empezaron a caer; largó un llanto que podría haber sido
escuchado en otras habitaciones. ¿Cómo es posible que le sucedan este tipo de
cosas? ¿Se encerraría dejando el problema de lado para no enfrentarlo?
Al final, en plena reflexión,
aceptó el desafío, el único camino que brindaba el azar. Ahora sus pasos tienen
un propósito, sabe que tiene que acabar esta guerra de vecinos enfrentados.
























